martes, 1 de septiembre de 2020

IMPRESIONES DE AYER: SAN ISIDRO, LEANDRO GUTIERREZ Y LO DE LAS HECHURAS.

Ayer la novillada de San Isidro en Añover de Tajo, volvió a demostrar cómo el prejuzgar a unos animales por tipo, se vuelve a la contra cuando el comportamiento se antepone a las hechuras, para muchos.

Cuando el novillo tiene fondo de casta hace que ni siquiera los defensores del tipo de novillo con unas hechuras más, digamos, "cómodas", para los novilleros se revuelvan airados poniendo el grito en el cielo por el trapío de esos animales. Ni si quiera se escucha el rugir del aficionado "cabal" que casi pide la destrucción de cierto tipo de ciclos de novilladas donde prima el novillo fuerte, para que sean sustituidas por novillos más a modo, primando el sentido de belleza estética sobre el de la épica.

La novillada, sin ser totalmente completa, dejó animales con muchas posibilidades. Quizá la falta de rodaje de este año pasó factura a los novilleros, sobretodo, y ahí está la contradicción, a los dos más veteranos de la terna. Sin apenas más planteamiento de intentar agradar muy deprisa, pasaron por alto que frente a estos novillos tiene que primar la cabeza al corazón. Algo, que con las lógicas carencias del que debuta con picadores y más con una novillada tan fuerte como la de ayer, si quiso siempre poner Leandro Gutierrez. Todo lo que hizo el colombiano atisbaba personalidad, y eso ya es un triunfo en estos momentos de sobrada técnica aprendida en las escuelas.

Hoy el novillero académico sigue al pie de la letra las enseñanzas técnicas de escuelas y vídeos de las figuras actuales del toreo, pero fracasan en personalidad. Esto es el fondo de la verdadera revolución de quien quiere ser torero. Leandro lo puso en bandeja, lo tuvo claro. Tanto el academicismo que presentan hoy los novilleros, como las prisas y el "tremendismo" sin cabeza que pudimos ver ayer por parte de Montero y Fernandez termina su aventura cuando aparecen novillos con casta y, como dicen hoy los modernos, muchas teclas que tocar.

Sin embargo, con su lógica bisoñez, cuando vimos a Leandro Gutierrez desde el momento que saltó al ruedo para recibir al tercero de San Isidro, recibimos dos mensajes: por un lado el sentido de la responsabilidad y por otro el de su personalidad. Por las formas de su toreo atrajo la atención de todos. Su puesta en escena nos reveló su carácter. Un carácter que supo imprimirlo en el imponente colorado sexto, supo cómo usarlo y esa fue la clave de su identidad. Bienvenidos los novilleros que dan una vuelta a esto e intentan dar una vuelta a la Tauromaquia uniendo arte, personalidad y técnica, porque una vez que estas palabras se separen, el toreo ya no es lo mismo.

Imagen: "Jinete" nº 21 de San Isidro premiado con la vuelta al ruedo en Añover de Tajo Foto: Raul Castro y Leandro Gutierrez via @AAguilarmatador

miércoles, 26 de agosto de 2020

Otra tragedia en el campo bravo. Ahora, El Ventorrillo


Cada vez que una ganadería va al matadero se produce en mi interior una especie de mezcla entre el vacío, la pena y la rabia. Hoy ha tocado a El Ventorrillo. Una ganadería que nos ha dado momentos de gloria inolvidables con toros históricos como Cantinero, Fantasmón o Cervato. Una ganadería que se hizo a golpe de talonario por Paco Medina pero que se trajo a tierras toledanas lo más bravo y encastado de Juan Pedro Domecq, así sin medias tintas, que para eso se dejó los cuartos el genial empresario.

La Tauromaquia se distingue de cualquier otro aspecto de la vida porque carga en sus brazos a dos "hijos", el hombre y el toro. Ella no tiene dilemas de elección. Sabe que su vida depende de ellos dos. Por desgracia uno de sus "hijos" depende del otro para subsistir, y a éste si que le apodera la incertidumbre de tomar la drástica decisión, imposible pero cierta, de tener que prescindir del hermano del alma. No hay consuelo, no encontramos respuesta más que aceptar lo inevitable. Al toro también lo mata el virus. Pero los que amamos a este animal, por todo lo que nos ha dado, nos reafirmamos en él, en lo que creemos como una divinidad, nos solidarizamos con este "enfermo" y con el compromiso de quienes intentan salvarlo hasta el final.

Me niego a traicionar mis principios que empiezan en la punta de un pitón y acaban en el último pelo del rabo, pues aunque seguro seguiremos viviendo después de esta maldita pandemia, seríamos un poco más grises si traicionáramos la parte que nos da sentido como aficionados a la Tauromaquia, el Toro.

Las noticias que nos llegan del campo son más que preocupantes y vaya por delante mi solidaridad con todos los que intentan criar, cuidar y perpetuar al toro. Es duro el camino, seguro casi imposible, pero cada nacimiento nuevo es como un arranque de vida. El Toro es el corazón de todos, callado nos habla, escuchar su trotar y su respiración nos estremece, verle embestir sana nuestro alma en esta dura pandemia.

Debemos entender, por otra parte, que esta crisis está dejando claro que la vida aburguesada de muchos mandamases taurinos están llenas de cosas e ideas innecesarias. Hay que cuidar al toro y dejar de convertirlo en utensilio para un fin. El Sistema debería hacer examen de conciencia porque si no aprendemos de lo que nos está pasando, la inanición nos devorará por quedarnos adormecidos ante lo que está pasando. No podemos alimentar las ambiciones de muchos a costa de nuestra propia debilidad. El aficionado, aunque solo sea por el toro, al que tanto debemos, debemos construir, exigir, y pedir que reflexionen para hacer una Tauromaquia más fuerte cuando volvamos, se lo debemos al "enfermo terminal" y a las gentes que lo cuidan en el campo, se lo debemos a gentes como las de El Ventorillo

Intentemos arreglar todos juntos este mundo tan grande que es la Tauromaquia desde dentro, empecemos a dar la importancia al toro que se merece. Juntos lo lograremos cuando dejemos de pensar tanto en triunfos y logremos que todos los que mandan en esto vuelvan a la humildad y se pongan a trabajar para hacer del Toreo un mundo más fuerte y limpio.

Imagen: Toros de el Ventorrillo en  Robledo de los Osillos. Foto: Cabrera

lunes, 24 de agosto de 2020

Miura y las pinturas negras de Goya

Un ruedo decorado con una explosión de color estaría bien para cualquier tipo de celebración menos para una corrida de Miura. El Sábado en Sanlúcar, tras caer el quinto toro, (el sexto no puede verlo por motivos personales), se acrecentó la sensación de caos que se impone en mí cuando presencio in situ o veo por TV, una corrida de Miura. El conflicto interior se torna contradictorio porque ese caos, es un caos aceptado, emotivo, incluso agradable, porque no se qué especie de magnetismo me hace no perder detalle de lo que ocurre en el ruedo: De los comportamientos únicos, extraños, raros, peligrosos, de estar atento porque en cualquier momento puede venir el hachazo, de cómo los toreros solventan esos "Saturnos devorando a sus hijos"...Ahí quería llegar. 

Esas sensaciones son muy parecidas a las que me invaden cada vez que visito la sala de las Pinturas negras de Goya en el Museo del Prado. Es difícil de explicar. La presión en las sienes, el cuello rígido como si te estuviera mirando alguien detrás, pero que a la vez hace que no puedas apartar la mirada de la obra que tienes delante. La violencia, los enfrentamientos, las peleas, la tortura...y todos aquellos que la perpetran; el mundo de lo grotesco, de la tragedia, del miedo...

El miedo es libertad. En una corrida de Miura no podemos dominar nuestras sensaciones. El Toro es el señor, lo negro, el verdugo, un ente que no puedo dejar de mirar, es imposible poner restricciones a las emociones porque son consustanciales a su condición de Toro Bravo. El miedo es el que domina en las corridas de Miura.

En ellas los toreros y subalternos pierden la naturaleza humana para convertirse en Dioses. Es un aquelarre en el que se celebra la valentía en presencia de un macho muchos más infernal que el cabrío, "Un macho de Toro de Lidia". En una corrida de Miura no hay cabida a la sátira a lo amable. De ahí que el ruedo decorado no tenía sentido para mí. 

El parangón de la Familia Miura con Goya es que ambas "obras" fueron creadas para sí mismos. En ambos casos se desdeñan los significados comunes, lo convencional, y abandonan la "razón" imperante. Para Goya, en las pinturas negras, lo grotesco y lo popular ocupan un mundo opuesto al orden, lo ideal y lo aristocrático. En Zahariche es como si hubieran seguido estas premisas al pie de la letra. Sus toros se definen por su carácter contradictorio, mezclan la brutalidad con la nobleza. Quizá no sean toros "leales", ni claros, ni mucho menos "colaboradores", pero lo que nunca dejan de ofrecer a muchos inconformistas y muchas veces taurinamente discriminados, entre los que me hallo, es su carácter único y tenebroso. Que sigan así, con sus "aquelarres", yo seguiré sin poder apartar la mirada del miedo.

Imagen: Salida de un toro de Miura en Sanlúcar, por J.J.Diago y "Dos viejos comiendo" perteneciente a Las Pinturas Negras de Goya (1820-1823)

miércoles, 12 de agosto de 2020

Los titulares engañosos y ¡Que siga la Fiesta!

De todos es sabido que durante toda la vida ha habido tratos de favor hacia ciertos toreros y ganaderos por parte de la prensa taurina. Yo la entendería si se tratara de simple gusto de aficionados, de partidarios, pero del toreo de cada uno. Eso es inevitable y casi que lo acogería con gusto como aquellas crónicas de principios de siglo donde unos escribían con vehemencia de Joselito y otros con pluma sibilina de Belmonte, llevando a la rivalidad entre aficiones.

Hoy día, las plumas, salvo honrosas excepciones siempre (a Dios gracias), se afilan por otros intereses. Los intereses de mercado, de venderse al mejor postor, para seguir viviendo, perdón mal viviendo, y cargándose de un falso ego en esta Fiesta cada vez más corrupta. Se encargan de levantar la alfombra para esconder la basura. 

Hoy juegan el papel de alcahueta de los poderosos. Hoy la libertad de prensa en el toro está condicionada por el mercado la mayoría de las ocasiones. Unos, los medios que viven necesariamente del toro, necesitan prescindir de ella, de la libertad de prensa, para que sigan invirtiendo en publicidad en los portales y revistas taurinas. No pueden asumir la verdad aunque, seguramente y así lo creo, les duela. Han de elogiar lo normal como si fuera superior, tapar lo vulgar como si no hubiera existido, y directamente olvidar los entresijos maquiavélicos que se han acomodado en esto del toro. Otros, los que escriben en medios generalistas tienen en su mano escribir sin presión, pero muchas veces les puede el poder que da "sentarse a la derecha del padre" para seguir en su puesto y en "perfecto estado de revista". De ahí los perniciosos tratos de favor hacia muchas figuras del toreo y la denigración de muchos espadas dispuestos a asaltar el poder.

La mayoría de los profesionales del toro y cierta parte, la más crítica, de la afición, saben como se manejan los entresijos de la Tauromaquia. Todos hemos visto los tratos de favor, la falta de crítica, el "tó er mundo é güeno", los ataques a quien está dispuesto a pelear por quitar "condados, marquesados, e incluso reinados" de los primeros puestos del escalafón. Pero como hay parte de la afición que, aunque lo saben, piensa que con todas sus faltas la Tauromaquia dominada por una aristocracia corrupta auspiciada por una prensa servil, es mejor que cualquier tipo de revolución del escalafón y ganaderías, pues todo seguirá rezumando corruptelas y auspiciando titulares como el visto ayer en un portal taurino donde un torero reaparece después de un calvario de lesiones, cogidas y sufrimiento en los entrenamientos para llegar a poder hacerlo, pero al que hay que ensalzar es a otro al que se hizo daño en una muñeca y se perdió un festejo en una plaza de tercera. Así está esto, y lo peor, que seguirá.



lunes, 10 de agosto de 2020

"¿QUE QUIERES, EL TORO DE MADRID EN UN PUEBLO?"

Hartazgo, hastío, hartura, aburrimiento, saturación...sólo son algunos de los sentimientos que me invaden ante el tópico mil veces utilizado por cierto tipo de aficionados cuando un toro salta al ruedo sin trapío, con merma de defensas, y no apto para la lidia en ciertas plazas de segunda o tercera categoría. Ese tópico es ese de: "Hombre, que no es Madrid, que es una plaza de Tercera". Además me siento como un completo idiota por estar en esa conversación, como si hubiera llegado a esto hace dos tardes.

A esto se suma la intransigencia que suelen mostrar estos aficionados, es muy terca. No les sacas de esos preceptos. Por más que les intentes explicar que lo que tu defiendes es que estás de acuerdo en que el toro ha de salir con las hechuras propias de la categoría de la plaza, eso no impide que salgan defectuosos, feos, demasiado gachos o cornicortos, sospechosamente despitorrados, algunos casi mojones, pero ellos erre que erre, "Que es Villapuebla del Cardenal, hombre, ¿qué quieres que salga el toro de Madrid o Bilbao?".

Me sorprende esa condescendencia. Me asombra lo poco que les importa el decoro en la presentación. Me irrita, si, cómo son capaces de llegar a soportar la merma de defensas y aguantar toros defectuosos en la conformación de la cuerna para defender una feria populachera y claramente en declive en capacidad de exigencia. 

El toro de tercera, o de segunda, o de cuarta, ha de ser acorde con esas categorías de las plazas, pero jamás debe perder el decoro en presentación. No entiendo que seamos capaces de degradar así una Fiesta que tiene como protagonista a un animal. Lo único que se consigue con esa tolerancia es relegar la importancia del toro bravo. Cuando se llega a esta especie de defensa del todo vale por parte de los mismos aficionados, lo único que se consigue es que la Tauromaquia se convierta en patrimonio del "algo más", de acudir a los toros porque es lo que toca en el programa de las fiestas a las 18:00 horas. Y eso es totalmente contraproducente, convertir la Fiesta de los Toros en algo más.

Al toro hay que cuidarlo sea la plaza que sea, con lógica en categoría, pero jamás mermarle, jamás dejar saltar toros para unos espadas con cierto prestigio o bagaje que son para torear a Puerta Cerrada en la ganadería. Me gustaría que hubiera algo de exigencia, un poco sólo. Que miráramos al toro pero no únicamente a las orejas que se cortarán como sea, que miráramos la dignidad del toro. Ojala esos aficionados a los que les da igual recapacitaran,¡ah!  y ciertas televisiones...también.

Foto: Toros de Zalduendo lidiados el sábado en El Espinar

lunes, 13 de julio de 2020

Mis deseos y mis fracasos de aficionado


Siempre se ha hablado de público y aficionado. No sólo en la Tauromaquia, en las demás artes y espectáculo, las masas buscan la distracción, mientras el aficionado se acerca a la obra con recogimiento, como un objeto de devoción y por ello la defenderá a capa y espada ante cualquier ataque externo o interno.

La Tauromaquia, en la mayoría de las ocasiones hoy día, se ha convertido en un espectáculo barroco para atraer a esas masas y distraerlas festivamente. Para ello además cuenta con un aliado importante, la prensa actual taurina, salvo honrosas excepciones. Crónicas grandilocuentes a faenas basadas en el pase por el pase, siempre al servicio del espectáculo y sin el mínimo atisbo de crítica. Esa tauromaquia y sus crónicas que se dirige en los últimos años a las masas de individuos con ganas de fiesta, actúa como reclamo, pero utilizando prosas y postulados que muchas veces no concuerdan con una realidad que percibimos los aficionados.

Muchos aficionados que acudimos a las corridas de "triunfo premeditado", muchas veces nos sentimos abrumados por ese exceso visual de pases, y pases, sean como sean. De animales tan colaboradores que nos tramiten facilidad, (aunque no lo sea, Dios me libre), de estar delante de ellos. Muchas veces me enfado conmigo mismo por no ser capaz de emocionarme frente a una obra realizada por los que nos dicen son los mejores.

No me resisto y sigo buscando. Busco un Arte épico, donde se domine al toro desde el primitivismo que habrían de ser los primeros tercios. Una vez dominado crear Arte en 20-25 muletazos. Busco un sendero diferente al de las nuevas formas de toreo donde prima la linea frente a la curva, un sendero que se desvíe de la ornamentación gestual.

Un aficionado al arte de torear clásico, rudo, épico, como yo, creo que muy pocas veces llegará a emocionarse con ese neo toreo previsible y que no admite el fracaso. Yo lo necesito para volver a una plaza y presenciar como se supera la frustración anterior y se triunfa. La Tauromaquia que busco no es la que se obsesiona por el ornamento, por la creación industrial de toreros. En la mayoría de las corridas, con tanto triunfalismo y efectos para las masas, ya no soy capaz de asimilar nada, o casi nada. Cuando salgo de esas corridas, trato de ahondar en lo percibido, pero por más que lo intento, no encuentro nada reseñable. Esto es un misterio, que algún día espero resolver, bueno mejor, que me lo resuelvan los que lo tienen en la mano, los mejores, se supone.

Foto: Cabrera

miércoles, 24 de junio de 2020

El Toro Bravo, ¿Creación natural o "engendro"?


Una idea errónea circula entre los postulados abolicionistas de la Tauromaquia. No se cansan de repetir que el toro bravo es un "engendro" creado, (incluso genéticamente), por el hombre a lo largo de los años para su uso y disfrute. Otra falacia más con el único objetivo de intentar convencer a unas nuevas generaciones con un evidente retraso cultural sobre lo que supone, y ha supuesto, el Toro Bravo a lo largo de nuestra historia.

Es indudable que el hombre ha ido modelando la forma de embestir del Toro, pero por selección natural. Me explico. El toro siempre ha embestido, pero se fueron dejando para reproductores los que más se adaptaban a la hora de realizar el toreo. Quizá, si no hubiera sido así, el Toro bravo hubiera quedado en un simple bovino más para crear productos cárnicos o lácteos, cuando no hubiera supuesto su desaparición. Si no hubiera sido por esa selección, repito natural, lo más seguro es que no hubieran sobrevivido más allá de simples animales de producción. Esa es la grandeza del toro, que es un animal único, y por ello, en vez de utilizarlo como la excusa para una supuesta abolición, los mal llamados animalistas, deberían de alegrarse.

El Toro es un animal bello, arrogante, peligroso. Se exploró en sus cualidades desde su estatus tradicional, primigenio. Las condiciones innatas del Toro Bravo hicieron que llevaran a los hombres a descubrir un misterio todavía no descifrado, por mucho que se empeñen los negacionistas, de porqué un herbívoro lucha hasta la muerte con un contrincante sin necesidad vital para ello.

Es tal la fascinación que nos suscita este animal que, quieran o no, se ha convertido en el sello inconfundible de la Historia de España. El imponente Taurus, con esa viveza, esa fuerza gestual al encampanarse, innato desde que nace, le hace inconfundible.

El Toro Bravo, indudablemente, no está hecho para urbanitas de terracita, bolsa para recoger los excrementos del galgo en el pipican y banco de parque. El Toro bravo se cría para cualquiera que sea sensible a lo que nos ofrece la naturaleza primigenia. Los antitaurinos son defensores frustrados de una naturaleza sesgada, donde los animales no se maten entre ellos, donde no exista la supervivencia. Por regla general, el aficionado a los toros, tiene más conciencia de ello. Simplemente siente el Toro, se emociona con sus características, por cierto y repito, únicas en la naturaleza, para dejar que sus comportamientos entren en su interior.

A todos estos supuestos defensores de la naturaleza, les diría que acercarse a la Tauromaquia es el mejor de los comienzos para entender al Toro bravo. Muchos de ellos, si no fueran sesgados en sus premisas y manejados por la esquizofrenia que les han impuesto los lobbys animalistas, (pobrecillos), encontrarían unas emociones que jamás pensaron tener. Ahora bien, al estar cerrados de mente, obsesionados con su patética sensibilidad, jamás podrán emocionarse con un animal tan imponente, con su forma de embestir, su fuerza, su belleza...Pero, amigos, hay placeres y emociones que no son para compartir, ellos se lo pierden.

Foto: Toro de Adelaida Rodríguez por Rubén Arévalo

jueves, 21 de mayo de 2020

El Arte de Torear es Cultura y No se Censura


Partimos de la base de que la Tauromaquia es Arte por varios motivos. Es Arte y es épica, porque constituye un lenguaje, una creación de un humano frente a un animal, pero creación al fin y al cabo. La Tauromaquia entra dentro de la percepción artística porque el torero crea un mundo interior y luego, con las técnicas que la historia le ha ido poniendo sobre la mesa, (pases, suertes, técnicas para dominar al toro, etc.), se inventa un lenguaje para revelarlas hacia el exterior y que sean percibidas por el espectador de la obra.

Es Arte porque es un instrumento de comunicación. Las Suertes, los pases, las figuras creadas por el ser humano y el toro sólo buscan la belleza. Por mucho que se empeñen los antitaurinos, desde su pobre conocimiento, el artista del toreo lo que quiere expresar es belleza. Pero recordemos, el arte, y no sólo la Tauromaquia, puede ser desgarrador, dramático y cruel la mostrar aspectos que no deseamos reconocer. Seguro que a nadie le deja indiferente el Saturno de Goya, o el Judit y Holofernes de Caravaggio...Pero es Arte.

El concepto de belleza es muy relativo y subjetivo. Lo que es bello en ciertas partes del mundo en otras no lo son, y a la inversa. Pero lo que no cabe duda es que cuando se posee un lenguaje propio, cuando se crean emociones, cuando se intenta expresar algo y se consigue puede ser considerado como un aspecto de cultura humana. Hasta el momento no se conoce cultura alguna que no posea algún tipo de expresión estética, y si de algo puede presumir la Tauromaquia es precisamente de eso, de estética.

El Toro es estrictamente necesario en el arte de Torear. El toro bravo se ha adecuando durante siglos para la lucha y la creación. Su simple selección y cría es ya una cultura en sí misma. No podemos negar que en el ruedo, su lidia y muerte, puede impresionar al que no haya asistido jamás a una plaza de toros. Pero, volvamos a la pregunta, ¿El arte debe ser hermoso?. El problema de esta sociedad es que se piensa que el arte es algo bonito que sirve para decorar la casa, y el toro una mascota (cuando menos, porque hay gente que se mete en el cerebro e cree que reacciona a los estímulos como un humano). ¿Respuestas?, sólo se me ocurre una. La belleza es subjetiva, pues en nuestro interior podemos rechazar cosas que pueden ser bellas para otros, pero nunca se olvide que eso, bello o feo, trágico o jovial, implican juicios de valor estético. Por lo tanto, es Arte, por lo tanto, Cultura.

La Tauromaquia es parte de nuestra civilización. Esta civilización produce cosas tan diferentes culturalmente como un poema de Quevedo o una pintura de Braque, una película de Almodóvar o una faena de Alejandro Talavante...Todo se sitúa en el campo de la cultura. Por eso una sociedad que en el transcurso de su desarrollo es cada vez más incapaz de reconocer como Cultura a la Tauromaquia es que está en clara decadencia. Los aficionados y profesionales taurinos nos hemos negado a aceptarlo y como el que va cada tarde a una plaza de toros, hemos sabido ver signos de esperanza.

La Cultura del toro no puede ser abandonada por aquellos, que sin saberlo, también les pertenece por ser hispanos. Ninguna cultura puede desarrollarse sin base social ni ingresos. Por eso, gritemos ¡La Cultura no se censura!.

lunes, 27 de abril de 2020

Sentimientos ante una Puerta Grande


No si os ocurre lo mismo. ¿Por qué ejerce sobre nosotros ese efecto de admiración tan extraño el simple hecho de estar frente a la Puerta Grande de una plaza de Toros?.

Parece como si nuestra figura se empequeñeciera y la plaza se agigantara, como si quedáramos reducidos ante la grandiosidad, no ya de su arquitectura, sino de su significado. La Puerta Grande es el Arco del Triunfo taurino. Cuando está vacía es una especie de abstracción que no parece destinada a tanta gloria. Sin embargo cuando se logra abrir es la comparación hiperbólica de lo que significaba el Arco del Triunfo para los ejércitos ganadores de cualquier batalla. Es la expresión máxima de la alegría humana por llevar a hombros a otro ser que no está destinado a ser uno de ellos. Una salida a hombros vacía aún más el resto de la ciudad donde ha sucedido, todo se renueva y los edificios colindantes se vuelven grises y vetustos ante tanta gloria.

Es angustiante a veces, pero el torero que lo consigue se siente a gusto ahí. La Puerta grande es una construcción inquietante, porque su significado va más allá de sí misma y su función. Si suena el cerrojo al finalizar la corrida, se presta a ser utilizada para dejar correr los estados de ánimo que han estado encerrados durante dos horas y cuarto de emociones en un escenario real, de vida y muerte, de arte y épica. La Puerta grande inquieta, nos empequeñece, las calles aledañas se encogen ante ella, y si se logra abrir, es como si tomara vida y alardeara de que ella, y sólo ella, se ha construido para recoger la Gloria.

No le hace falta programa iconográfico para ser el último Arco de Triunfo de esta sociedad cada vez más olvidadiza con los héroes. Su contenido es efímero, quizá 10 minutos. Su nivel narrativo es el del ensalzamiento de lo más real que puede haber hoy día, el triunfo sobre la muerte. Se combina el paganismo del dios Baco con la religiosidad del un nuevo apóstol al que han encomendado una nueva escritura.

La Puerta Grande de una Plaza de Toros expresa los pensamientos más íntimos, los sueños y temores de todo aquel que ha nacido para vencer al miedo, para inspirarse frente a la muerte. Y a nosotros, los normales, nos abruma cuando está vacía y nos agobia en nuestra alegría cuando se abre.

jueves, 23 de abril de 2020

El pase del Estatuario. Estatismo y dinamismo. Barroco y Clasicismo


Retomamos el sentido primigenio del Blog, (el parangón de el Arte de torear con las demás Artes), para hablar de un lance, el Estatuario.

Estatismo y dinamismo. Siempre han existido movimientos artísticos opuestos en cuanto a su concepción. Por ejemplo, el barroco es la reproducción del arte por los procedimientos de la naturaleza. Los artistas barrocos intentaron en sus obras imitarla. Por ejemplo un arquitecto trataba en una columna, de imitar un árbol, con sus estrías, retorcimientos, defectos, etc. Pero había otros movimientos contrapuestos, como el clasicismo, que optaban por la figura racional. Una columna era un cilindro, una figura geométrica y no de la naturaleza. El barroco, en otro de sus rasgos, se afanaba por representar el movimiento, en cambio el clasicismo amaba el estatismo, el reposo. La Tauromaquia podría decirse que es un compendio de los dos. Es barroca porque representa el movimiento, vida, actividad, cambio constante, algo que va más allá de nuestra razón...obras que vuelan. Pero a la vez es un arte clásico porque con el estatismo se crean obras que pesan. Todo esto se resume en el Estatuario.

Partimos de la base de que la Tauromaquia, como hemos señalado antes, es un arte dinámico. Lo es porque tiene la cualidad de la potencia, del movimiento, de fuerza activa e incluso de la capacidad del torero para arrastrar y poner en movimiento la embestida del toro.

La obra de arte en el ruedo es dinámica porque tiene intensidad, vivacidad, y fuerza, y una gran capacidad para sugerir movimiento y velocidad desde que sale el toro. Todas estas cualidades las lleva consigo el animal. El torero se encarga, cuando es bien ejecutado el arte de la Lidia, de imprimir sosiego a esta energía inicial, a esta rapidez, y cuando lo consigue logra la excitación, la emoción del público. Si bien es cierto que se valora el dinamismo inicial de la Lidia, hay fases de ésta en las que aparece su antónimo, el estatismo, y uno de sus logros máximos es el pase denominado como Estatuario.

En este lance, si se ejecuta con maestría, el diestro demuestra que la ausencia de movimientos dinámicos no es exactamente una ausencia de fuerza. El Estatuario es un estatismo intenso ya que a la quietud del hombre, se le suma la potencia concentrada, interiorizada, espiritual y misteriosa del toro bravo. Las figuras son estáticas porque el tiempo de este pase es estático. En el momento del embroque se bloquean dos fuerzas tan recíprocamente intensas, el valor del hombre y la fiereza del toro.

La figura vertical, el mentón hundido en el pecho, los brazos relajados y un breve movimiento de éstos hacia arriba, sirven para fomentar el estatismo trágico del Estatuario. Por eso, con este lance se logra que en un arte en el que prima el movimiento continuo y ligado, se pase a una tranquilidad, a una serenidad sólo alterada en el momento del embroque. En este pase por tanto, no se emplea dinamismo, si el estatismo por parte del torero, sólo la condición de lucha del toro hace que se equilibre entre los dos. Dos de los mejores, para mi, representantes de esta corriente son José Tomás y Saúl Jiménez Fortes.

Foto: José Tomás en Huelva (2012). Ivan de Andrés para Cope Toros

miércoles, 22 de abril de 2020

Fuerza, Ganaderos de toros bravos


El toro bravo no es un producto, no es un producto terminado, sino que es un proceso. Los ganaderos, a lo largo de la historia, han creado a un animal único e irrepetible. Su cría se basa en una serie de transcursos, de vivencias y decisiones que construyen un ser capaz de luchar por su vida en pos de una vivencia cultural. El proceso es en sí el producto final de cada ganadero. Ese proceso, esa cría, esa selección individual de cada toro o vaca brava, es única e irrepetible.

En estos momentos se sienten desgarrados ante la pandemia mundial que han hecho que muchos de ellos tengan que tomar la decisión de enviar a sus animales a una fría sala de matadero. El toro bravo no está hecho para morir en silencio, a oscuras. Es su desesperación. En cuatro o cinco años han ido ligadas dos vidas, la del ganadero y la del animal. El creador de la bravura ha ido tomando decisiones para llegar al resultado final. Esta serie de decisiones son particulares en cada ganadero para que su "obra" sea individual y excepcional en una plaza de toros.

Sepan los que se alegran de que la temporada taurina se haya tenido que adaptar a la situación excepcional que estamos viviendo, y por ello suspender las ferias, que para un ganadero mandar un toro o una vaca al matadero es peor que perder el alma. Porque el toro es su fuego sagrado, es su energía y no puede ser destruida de esa manera. Para el aficionado el Toro lo es todo. Es el animal que te descubre la verdad, y a veces te la oculta. Y para el torero su necesario contrincante, quien le salva o a veces le hace perder, incluso la vida.

Me uno a su llanto, quizá suene banal desde la palabras de un simple aficionado, pero que tengan presente que considera al toro como algo propio, algo que jamás deja de estar presente cada día de su vida. No pasa uno de esos días sin que un aficionado a los toros no se traslade mentalmente a una dehesa de toros bravos, por muy efímero que sea el pensamiento.

Por ello me acuerdo de haber estudiado alguna vez en la carrera, o haberla oído de pasada en cierta disertación de un profesor, de la teoría de Santo Tomás de Aquino en la que consideraba que el llanto es un consuelo para la tristeza y el dolor que deben sentir muchos ganaderos en estos momentos. Pero os levantaréis como siempre lo habéis hecho, como hombres de campo, duros, resistentes y ya no dependeréis de la tristeza o de vuestro dolor.

Os volveréis a calar el sombrero o la gorrilla, a componer la figura que os delata irremediablemente, porque sois ganaderos de toros bravos. Esa figura trabajada reflejo de las horas en el campo, de la sabiduría del toro, misteriosa y ritual que da el espíritu sosegadamente inquieto del que está enamorado del Toro. Y nosotros, los aficionados, nos alegraremos porque volveréis a comenzar de nuevo. Vuestro ánimo es nuestra esperanza. Fuerza Ganaderos.

Foto: Ganadería Paco Galache. Rubén Arévalo

jueves, 16 de abril de 2020

¿Tauromaquia sin público?


En estos momentos, convulsos para todos, la Tauromaquia está intentando paliar la penosa debacle que se le viene encima y que todos los que amamos este arte, y la sentimos como parte importante de nuestras vidas, nos duele como si fuese propia. Es una situación extrema, sobretodo para esos toreros modestos, esos novilleros que empiezan o que estaban a punto de convertirse en matadores, y que la palma...la palma se la llevan los ganaderos. Las pérdidas son incalculables, a todos se nos cae el alma a los pies al conocer el destino de muchos animales en muchas ganaderías. Mi total apoyo y ánimo para todos éstos, y para todos los profesionales del toro.

En uno de los intentos para intentar que este desastre no sea total, MovistarTV, La Fundación Toro de Lidia y Anoet se reunieron para proponer la celebración de corridas a puerta cerrada en otoño, según publicó el diario El Pais. Puede que sea un pellizco de esperanza para algunos ganaderos, y algunos toreros, pero yo, como aficionado no lo veo y voy a intentar explicar el porqué, para mi, sin espectadores no puede considerarse como Fiesta de los Toros.

La Tauromaquia surge en su día de la posibilidad del enfrentamiento peculiar entre un hombre y un animal. Pero ese enfrentamiento primigenio, alguien lo tuvo que presenciar para sorprenderse con la lucha, con ello admirar al hombre que ganó la pelea en ese momento y después contarlo a los demás. La Tauromaquia es diferente a todos los espectáculos culturales. Por ejemplo. Una película puede vivir sin espectadores porque se fija en un soporte que le permite permanecer y reproducirse creando las mismas sensaciones y emociones en cualquier lugar del mundo y en cualquier espacio del tiempo. Ahora bien, la Tauromaquia carece de ese soporte porque cada faena, cada arrancada, cada pase puede reproducirse en grabaciones una y mil veces, pero jamás repetirse.

Por lo tanto, para mi, no hay Tauromaquia sin la relación entre lo que ocurra en el ruedo y el espectador, aficionado y/o público. Sin público la Fiesta de los Toros no es Fiesta, es un vacío donde se oirán ecos de voces, respiraciones, y todo tipo de sonidos que un espectador de una plaza, incluso, no quiere oír.

Para que se produzca el fenómeno extraordinario y único de la Tauromaquia no se puede prescindir de los elementos que constituyen esa "épica representación". El toro, el torero y el espectador deben estar en continua comunicación.
Hacen falta todos los actores para que se dé el fenómeno de la Tauromaquia. Primero, un público reunido con la intención de unas emociones; en segundo lugar, un torero y un toro físicamente presentes en un espacio reservado para ellos, como es el ruedo de una plaza de toros, donde los contempla el público congregado allí para ese fin; en tercer lugar, el arte que se ejecuta por parte del maestro y las arrancadas del toro, es decir, en términos teatrales, la "representación".

Si se dan corridas a puerta cerrada por televisión, la Tauromaquia, carece de sentido, y además, las pocas personas que puedan estar ahí, serán por invitación o por motivos de trabajo, para vender su producto, por ello carecerán de toda crítica, si ya lo hacen con público, imaginaros sin él. Carece de toda lógica porque, también hace falta la crítica.

Es un conflicto interno porque es cierto que no podemos dejar decaer la Tauromaquia, no consentir que perezca. Pero quizá esta maldita situación debería servir para que el ingenio lo pudiera hacer más fuerte de cara al futuro y salvarlo de las garras del olvido por parte de la sociedad. Vano sería no intentarlo. No hay un espectáculo más interesante si se conociera, ninguno con el cual poder competir porque lo tiene todo: Verdad, épica, naturaleza, cultura, muerte, respeto, gallardía, felicidad, tristeza, emoción, drama y triunfo...pero todo esto, lo tiene que tener con público.

Mi total apoyo y ánimos a todos. Sobretodo y permítanme, a los ganaderos, sin vosotros esta fiesta jamás hubiera sido Historia.

martes, 3 de marzo de 2020

Saúl Jiménez Fortes


De niño alguien debió decirme en un sueño que, a un torero no se le puede escribir un obituario porque su vida no es como la del resto de nosotros. Creo que, a diferencia del resto de los niños de mi entorno, (otros por suerte no), y aún sin quererlo, creé un estereotipo diferente. Para ellos todo giraba alrededor del balón, y a otros nos daba paz saber que existían otros astros que permanecerían en el tiempo, mucho más allá de nuestra breve existencia.

Así ha pasado mi vida hasta hoy, buscando el astro en los ruedos que me permita girar alrededor de él. Hay quien se ha limitado a ser satélite de planetas, buscando la comodidad del triunfo alegre y festivo, lo entiendo y respeto. Pero mis emociones no han venido al mundo para rellenar formularios de inscripción y adherirse a comunicados de prensa. Dentro de todas las posibilidades de emoción que nos ofrece la Tauromaquia, me concentro en quienes no siguen normas preestablecidas por los "Grandiosos Técnicos" del toreo, porque nunca pierden su brillo por mucho que se empeñen en olvidarlos desde las extravagantes ventanillas de solicitud en las que que se han convertido los despachos taurinos.

Jiménez Fortes. Me interesa su glamour de toreo seco porque huye de las repercusiones estelares. El toreo de Saúl es un homenaje sincero a las emociones, es ligero como una nota tecleada en el tedio imperante del pase por el pase. Me gusta emocionarme con su toreo al natural, no quiero sacar balance al final de sus faenas porque, para eso, deberían ser como las demás, técnicas, canónicas  y en la búsqueda del aplauso fácil. Cada vez que torea Jiménez Fortes descubro que todos estos años de búsqueda, me han servido para algo.

Los programadores de las ferias nos lo están robando. Hoy tienen artistas preferidos y nos los quieren imponer. Su fascinación por lo monótono transcurre ya durante muchos años. Se saben de memoria los diálogos de los protagonistas. Tan solo les falta una cabecera cual serie de televisión americana. Menos mal que de vez en cuando, en esta Sitcom en la que se ha convertido la Tauromaquia, hay cameos que en cierta forma nos reconfortan. Jiménez Fortes, con su toreo, es en cierta forma liberador, nos mantiene vivos a muchos. Importa porque es un puente que mantiene vivo el estereotipo de torero que vivía en el subconsciente de mi infancia, es decir, la certeza que existen toreros diferentes por mucho que las leyes de la tauromaquia hayan cambiado.

Busco el toreo que huya de elementos espectaculares y pases trazados "con brocha gorda". Saúl Jiménez Fortes es un luchador incansable por la cultura taurina que yo reconozco, un ser que despierta emociones, y su talento y corazón tan solo me hace corroborar que, aunque todo tenga un nudo, el toreo jamás podrá tener desenlace.

miércoles, 8 de enero de 2020

El Toreo, un Estado en sí mismo



Se consumó el pacto. Ayer Pedro Sánchez se alzó con la Presidencia del Gobierno tras un acuerdo, cuando menos preocupante, con fuerzas políticas de extrema izquierda y separatistas. Muchas e importantes son las facetas de la vida cotidiana de los españoles que se verán afectadas, para mal bajo mi opinión, como el empleo, la economía, la seguridad, la unidad de España, etc. Desde luego que estos aspectos cotidianos tienen una importancia superior a cualquier actividad que no suponga un peligro vital para nosotros, pero hay una actividad cultural y ecológica que con este gobierno peligra sobremanera, como es La Tauromaquia.

No tiene la trascendencia, sin duda y por descontado, que los aspectos antes citados, pero sí que me provoca cierto desasosiego y preocupación porque pueden acabar con una afición para muchos, y la profesión y sustento para otros tantos. Y lo que es peor, con la libertad de elección de ocio simplemente por no ser del gusto de los dirigentes de un país.

Casi se me hace insoportable la idea de que el nuevo gobierno de ultraizquerda, intente imponer su razón abstracta dirigiendo su mirada al arte del toreo. El toreo es un Estado, épico y estético, en sí mismo. La Tauromaquia ha demostrado a lo largo de la historia como ha renunciado al dominio de lo formal, del deber, y se ha guiado por impulsos sensibles por encima de estados y dirigentes.

Hoy lo revolucionario está en que la particularidad del arte de torear no se puede sacrificar en aras de alegatos de políticos contrarios, ni ceder ante el empuje de corrientes ecoterroristas. El toreo ni es un objeto de conocimiento que haya que entender, ni una moneda de cambio político para ceder ante presiones por intereses animalistas que como trasfondo tienen un claro objeto empresarial.

Unión y defensa es lo que necesitamos en estos momentos. La Tauromaquia es libre y por eso, el nuevo estado que se ha conformado ha de entender que también se ha de liberar de presiones irracionales que lo único que conseguirían es acabar con buena parte de nuestra ecología y de nuestra cultura. Si estos nuevos gobernantes se erigen como los nuevos paladines de la libertad y la revolución, no creo que sea digno discriminar entre lo que debe y no debe ser objeto de manifestación artística, es decir, que nos digan qué puede verse, oírse, percibirse, y con qué emocionarse. Si el gobierno de verdad aboga por la democracia, que también lo haga por la "democracia estética y cultural" pues, al asumir la Tauromaquia como otra faceta artística más, se afirmarán en la igualdad entre todos los españoles que, en principio, no hay otro argumento más democrático para un gobierno progresista.   

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