miércoles, 24 de junio de 2020

El Toro Bravo, ¿Creación natural o "engendro"?


Una idea errónea circula entre los postulados abolicionistas de la Tauromaquia. No se cansan de repetir que el toro bravo es un "engendro" creado, (incluso genéticamente), por el hombre a lo largo de los años para su uso y disfrute. Otra falacia más con el único objetivo de intentar convencer a unas nuevas generaciones con un evidente retraso cultural sobre lo que supone, y ha supuesto, el Toro Bravo a lo largo de nuestra historia.

Es indudable que el hombre ha ido modelando la forma de embestir del Toro, pero por selección natural. Me explico. El toro siempre ha embestido, pero se fueron dejando para reproductores los que más se adaptaban a la hora de realizar el toreo. Quizá, si no hubiera sido así, el Toro bravo hubiera quedado en un simple bovino más para crear productos cárnicos o lácteos, cuando no hubiera supuesto su desaparición. Si no hubiera sido por esa selección, repito natural, lo más seguro es que no hubieran sobrevivido más allá de simples animales de producción. Esa es la grandeza del toro, que es un animal único, y por ello, en vez de utilizarlo como la excusa para una supuesta abolición, los mal llamados animalistas, deberían de alegrarse.

El Toro es un animal bello, arrogante, peligroso. Se exploró en sus cualidades desde su estatus tradicional, primigenio. Las condiciones innatas del Toro Bravo hicieron que llevaran a los hombres a descubrir un misterio todavía no descifrado, por mucho que se empeñen los negacionistas, de porqué un herbívoro lucha hasta la muerte con un contrincante sin necesidad vital para ello.

Es tal la fascinación que nos suscita este animal que, quieran o no, se ha convertido en el sello inconfundible de la Historia de España. El imponente Taurus, con esa viveza, esa fuerza gestual al encampanarse, innato desde que nace, le hace inconfundible.

El Toro Bravo, indudablemente, no está hecho para urbanitas de terracita, bolsa para recoger los excrementos del galgo en el pipican y banco de parque. El Toro bravo se cría para cualquiera que sea sensible a lo que nos ofrece la naturaleza primigenia. Los antitaurinos son defensores frustrados de una naturaleza sesgada, donde los animales no se maten entre ellos, donde no exista la supervivencia. Por regla general, el aficionado a los toros, tiene más conciencia de ello. Simplemente siente el Toro, se emociona con sus características, por cierto y repito, únicas en la naturaleza, para dejar que sus comportamientos entren en su interior.

A todos estos supuestos defensores de la naturaleza, les diría que acercarse a la Tauromaquia es el mejor de los comienzos para entender al Toro bravo. Muchos de ellos, si no fueran sesgados en sus premisas y manejados por la esquizofrenia que les han impuesto los lobbys animalistas, (pobrecillos), encontrarían unas emociones que jamás pensaron tener. Ahora bien, al estar cerrados de mente, obsesionados con su patética sensibilidad, jamás podrán emocionarse con un animal tan imponente, con su forma de embestir, su fuerza, su belleza...Pero, amigos, hay placeres y emociones que no son para compartir, ellos se lo pierden.

Foto: Toro de Adelaida Rodríguez por Rubén Arévalo

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