martes, 3 de marzo de 2020

Saúl Jiménez Fortes


De niño alguien debió decirme en un sueño que, a un torero no se le puede escribir un obituario porque su vida no es como la del resto de nosotros. Creo que, a diferencia del resto de los niños de mi entorno, (otros por suerte no), y aún sin quererlo, creé un estereotipo diferente. Para ellos todo giraba alrededor del balón, y a otros nos daba paz saber que existían otros astros que permanecerían en el tiempo, mucho más allá de nuestra breve existencia.

Así ha pasado mi vida hasta hoy, buscando el astro en los ruedos que me permita girar alrededor de él. Hay quien se ha limitado a ser satélite de planetas, buscando la comodidad del triunfo alegre y festivo, lo entiendo y respeto. Pero mis emociones no han venido al mundo para rellenar formularios de inscripción y adherirse a comunicados de prensa. Dentro de todas las posibilidades de emoción que nos ofrece la Tauromaquia, me concentro en quienes no siguen normas preestablecidas por los "Grandiosos Técnicos" del toreo, porque nunca pierden su brillo por mucho que se empeñen en olvidarlos desde las extravagantes ventanillas de solicitud en las que que se han convertido los despachos taurinos.

Jiménez Fortes. Me interesa su glamour de toreo seco porque huye de las repercusiones estelares. El toreo de Saúl es un homenaje sincero a las emociones, es ligero como una nota tecleada en el tedio imperante del pase por el pase. Me gusta emocionarme con su toreo al natural, no quiero sacar balance al final de sus faenas porque, para eso, deberían ser como las demás, técnicas, canónicas  y en la búsqueda del aplauso fácil. Cada vez que torea Jiménez Fortes descubro que todos estos años de búsqueda, me han servido para algo.

Los programadores de las ferias nos lo están robando. Hoy tienen artistas preferidos y nos los quieren imponer. Su fascinación por lo monótono transcurre ya durante muchos años. Se saben de memoria los diálogos de los protagonistas. Tan solo les falta una cabecera cual serie de televisión americana. Menos mal que de vez en cuando, en esta Sitcom en la que se ha convertido la Tauromaquia, hay cameos que en cierta forma nos reconfortan. Jiménez Fortes, con su toreo, es en cierta forma liberador, nos mantiene vivos a muchos. Importa porque es un puente que mantiene vivo el estereotipo de torero que vivía en el subconsciente de mi infancia, es decir, la certeza que existen toreros diferentes por mucho que las leyes de la tauromaquia hayan cambiado.

Busco el toreo que huya de elementos espectaculares y pases trazados "con brocha gorda". Saúl Jiménez Fortes es un luchador incansable por la cultura taurina que yo reconozco, un ser que despierta emociones, y su talento y corazón tan solo me hace corroborar que, aunque todo tenga un nudo, el toreo jamás podrá tener desenlace.

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