miércoles, 8 de enero de 2020

El Toreo, un Estado en sí mismo



Se consumó el pacto. Ayer Pedro Sánchez se alzó con la Presidencia del Gobierno tras un acuerdo, cuando menos preocupante, con fuerzas políticas de extrema izquierda y separatistas. Muchas e importantes son las facetas de la vida cotidiana de los españoles que se verán afectadas, para mal bajo mi opinión, como el empleo, la economía, la seguridad, la unidad de España, etc. Desde luego que estos aspectos cotidianos tienen una importancia superior a cualquier actividad que no suponga un peligro vital para nosotros, pero hay una actividad cultural y ecológica que con este gobierno peligra sobremanera, como es La Tauromaquia.

No tiene la trascendencia, sin duda y por descontado, que los aspectos antes citados, pero sí que me provoca cierto desasosiego y preocupación porque pueden acabar con una afición para muchos, y la profesión y sustento para otros tantos. Y lo que es peor, con la libertad de elección de ocio simplemente por no ser del gusto de los dirigentes de un país.

Casi se me hace insoportable la idea de que el nuevo gobierno de ultraizquerda, intente imponer su razón abstracta dirigiendo su mirada al arte del toreo. El toreo es un Estado, épico y estético, en sí mismo. La Tauromaquia ha demostrado a lo largo de la historia como ha renunciado al dominio de lo formal, del deber, y se ha guiado por impulsos sensibles por encima de estados y dirigentes.

Hoy lo revolucionario está en que la particularidad del arte de torear no se puede sacrificar en aras de alegatos de políticos contrarios, ni ceder ante el empuje de corrientes ecoterroristas. El toreo ni es un objeto de conocimiento que haya que entender, ni una moneda de cambio político para ceder ante presiones por intereses animalistas que como trasfondo tienen un claro objeto empresarial.

Unión y defensa es lo que necesitamos en estos momentos. La Tauromaquia es libre y por eso, el nuevo estado que se ha conformado ha de entender que también se ha de liberar de presiones irracionales que lo único que conseguirían es acabar con buena parte de nuestra ecología y de nuestra cultura. Si estos nuevos gobernantes se erigen como los nuevos paladines de la libertad y la revolución, no creo que sea digno discriminar entre lo que debe y no debe ser objeto de manifestación artística, es decir, que nos digan qué puede verse, oírse, percibirse, y con qué emocionarse. Si el gobierno de verdad aboga por la democracia, que también lo haga por la "democracia estética y cultural" pues, al asumir la Tauromaquia como otra faceta artística más, se afirmarán en la igualdad entre todos los españoles que, en principio, no hay otro argumento más democrático para un gobierno progresista.   

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