miércoles, 9 de octubre de 2019

Antonio Ferrera y el triunfo de lo espontáneo


Mucho se ha hablado estos días de la tarde de la encerrona de Antonio Ferrera en la Feria de Otoño de Madrid 2019. Cada uno sacará sus conclusiones, respetables e interesantes todas porque de cada una de ellas, por diferentes que sean, se aprende siempre. La mía tiene que ver con las emociones. Yo, que después de trastear con fuentes, filosofías, teorías, etc., de la Historia del Arte he terminado por asumir con convicción firme que la Tauromaquia es un ARTE, épico, pero ARTE, la encerrona de Antonio la viví como quien vive una experiencia frente a 6 obras de arte distintas en una exposición o un museo.

Cada toro supuso diferentes maneras de expresar lo que lleva dentro el extremeño. La estimulación interior que ese día mostró fue vital y básica para transmitir cada una de sus experiencias frente a los toros. La tarde favorecía: el recibimiento, su participación en quites, en suertes casi olvidadas..., indudablemente todo esto fue generando en él la seguridad necesaria y en muchos de nosotros la emoción de estar ante quien se engrandece según va pasando la tarde. Me quedó claro, partiendo siempre de la base de que no soy partidario de las encerronas ni de los manos a mano, que Ferrera es hoy por hoy una garantía para este tipo de festejos. Otros, por desgracia, carecen de esa genial y espontánea estimulación que hace que cada faena y cada obra ante los toros según van saliendo por chiqueros, sea diferente.

Se unieron la motivación, el interés y el uso de técnicas de expresión taurinas, que convirtieron la tarde en un compendio de emociones. Otras encerronas no tienen nada que decir o manifestar, no llegan, no generan interés.

Sin embargo, el sábado se dieron las condiciones relevantes de expresión artísticas para que todo fluyera así. Se entrelazaron locuras con genialidades, indispensables para emocionar. Se superó lo espontáneo, a medida que pasaba la tarde se adquiría mayor riqueza taurina en Antonio. Intentó comprender a cada toro para perfeccionar a lo realizado con el anterior. Ajustó movimientos naturales hacia una especie de pasos de danza con sus exigencias de interacción con el toro, casi diseñando coreografías...

Todo esto, si se hace con sentimiento, a mí, que quiero dejar claro que en otras ocasiones me ha parecido puro amaneramiento y me declaro amante del toreo clásico y seco, esta tarde me emocionó y evidenció, aún más si cabe, que la Tauromaquia es emoción, con el toro, con el torero, o con los dos en comunión, y yo me niego a conformarme con estímulos repletos de clichés. Lo espontáneo engrandece la expresión artística. Al menos en mi caso. Gracias Antonio, por todo.

Imagen:
Ferrera en un desplante tras un quite. Foto: las-ventas.com

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