jueves, 24 de octubre de 2019

La "Porta Gayola", una puerta a la oscuridad


Hasta ahora dentro de todas las suertes, circunstancias, objetos, Maestros, etc., que componen la Tauromaquia y que he intentado encontrar el parangón con las demás artes, no había tenido la ocasión de reflexionar de una suerte que para muchos es inservible en el conjunto de la Lidia, y para otros es un hecho sublime en el que el torero demuestra el más primigenio y heroico de sus valores: La Porta Gayola.

Cada vez que un espada se echa al hombro el capote y se encamina hacia la puerta de chiqueros, el ruedo se convierte en un espacio silencioso, expectante, en una especie de corredor...de la esperanza o, por desgracia, de la muerte.

La Ceremonia lenta, en el interior los rezos, no hay vuelta atrás. Hincarse en el suelo con unas rodillas que parecen diseñadas por Dios para ello. De frente el túnel vacío y oscuro y en cuyas paredes se proyectan los sablazos de furia que profesa el Dios enjaulado antes de la batalla. Rezar, esperar, observar el vacío, el espacio infinito y profundo que se le abre a unos metros.

Según pasa el tiempo desaparecen las impresiones de luminosidad más inmediatas al traje de torear y se empieza a percibir la presencia de la Bestia. El ruido de los cascos, la respiración furiosa y poco a poco, los ojos más negros que la propia oscuridad...La maravilla del caos en forma de animal aparece en el ruedo en medio del silencio; las impresiones de cada espectador conforman un espectáculo de formas difusas y en movimiento, con matices de colores cambiantes.

El encuentro. Si se sale indemne, es una experiencia de luz y una espiración de tranquilidad en la cual los valores de la torería se convierten en lo más auténtico del Universo. El torero se deshace de la presión autoimpuesta y busca un nuevo encuentro con el Dios Toro y su yo interior. Emoción a flor de piel porque, por suerte, esta vez la luz se ha impuesto a la oscuridad. No siempre pasa...esa es la grandeza de la Tauromaquia.

Foto: ea1ena.blogspot.com

jueves, 17 de octubre de 2019

Esas personas extraordinarias: Los Médicos Taurinos


Jamás pasará el tiempo necesario para reconocérselo. Basta con que ocurra un grave percance en una plaza de toros para que aparezcan en escena ese tipo de personas a las que nunca dejarás de admirar. Esas personas que nunca alardean, siempre en su puesto, pero que su presencia establece esa misteriosa corriente emocional y afectiva por parte de todos, y que las enlaza con la Tauromaquia en una entera grandeza.

Estos colosos en la sombra, cada vez que un toro alcanza su presa, dejan a su paso por la historia taurina una milagrosa estela de confianza y respeto por su labor, que hacen de ellos unas de las personas más extraordinarias que jamás ha tenido la Tauromaquia en cualquier época. La atención, la sabiduría, el cuidado, el sentido de responsabilidad, se leen en sus caras al seguir con vigilancia todo lo que acontece en el ruedo.

Cada uno estamos en el tendido a nuestras emociones, a nuestros comentarios, pero haced la prueba: Mirad hacia el burladero donde se acomodan estos seres e intentad hacer desaparecer el bullicio de vuestros sonidos. Encontrarlos con la vista, olvidarte del ruido...es de una emoción insuperable en confianza. Siempre se quitan méritos, pero sabemos que sin su presencia, el ponerse delante del toro no sería una cuestión de corazón, y si más de medida, técnica y cabeza.

Su presencia es espiritual, nunca ceden ante el imprevisto. De ahí el cuadro afectivo que toda la afición ha creado en torno a estos custodios. Sus manos son una lección en sí mismas. Han demostrado durante una temporada más, y lamentablemente este fin de semana en concreto, que poseen un imponderable espíritu de colaboración profesional con la Fiesta de los toros. Ellos siempre están ahí, siempre dispuestos para hacer, no solo de lo que ellos se espera, sino mucho más. Todo lo que sea necesario para que la Tauromaquia siga adelante con su historia, son los Médicos y Cirujanos Taurinos. Gracias, eternamente Gracias.


Imagen: Equipo médico de la plaza de Las Ventas en 2010 con Don Máximo García Padrós a la cabeza. Foto vía: nisainforma.es

martes, 15 de octubre de 2019

Humilde homenaje a las familias de los Toreros y Subalternos


Esta misma mañana, una conversación en una red social, me ha hecho reflexionar sobre las familias de los toreros y subalternos. De todos es sabido que la Tauromaquia exige una entrega total por parte de estos profesionales. Me imagino, si es que puedo ya que es demasiado osado hacerlo, cómo cada comienzo de temporada los que se visten de luces, se hayan en la tesitura de intentar compaginar su trabajo con las personas que completan su circulo familiar.

Es el sufrimiento de los callados, y creo que nunca se les ha hecho el merecido homenaje por aguantar estoicamente cada tarde donde se puede tocar la gloria, o descender al más cabrón de los sufrimientos. El profesional del toro no deja de ser humano, con dotes extraordinarias que a muchos no nos ha dado la providencia, (por suerte), y detrás de cada uno de ellos, sin hacer ruido, apoyándolo en su elección vital, sosteniendo su afición y generando junto a él un conjunto que quizá no fuera cerrado si no estuviera presente, está la familia.

El Toreo es una profesión de las más exigentes que existen y contiene un hecho que hace que la familia sufra considerablemente: El juego habitual con la muerte en forma de toro. Por ello, la familia seguro que para muchos es el último pensamiento antes del toque de clarines y la expresión interna de unos valores sublimes que sin el apoyo de los seres queridos, quedarían demasiado lejanos.

Me gustaría desde este blog rendir un homenaje a las madres, padres, esposas, hijos, hermanos, abuelos, etc. que cada día quedan en silencio cuando a cientos de kilómetros, inmersos en un mundo de bullicio y clarines, su familiar se va a enfrentar con la muerte. Esas familias que con una media sonrisa reciben la noticia del triunfo de la vida, aunque no se haya triunfado en la tarde. Esas familias que se tragan la agonía de la incertidumbre que sale por chiqueros y que aguantan una vida que lleva herrada en la nalga derecha la "S" de Sacrificio. Va por ellos porque han sabido aceptar como algo normal y cotidiano, la naturalidad con la que se juega la vida un Torero.

Imagen:"La plegaria del torero". SALVADOR VINIEGRA y LASSO de la VEGA (1862-1915). Óleo sobre lienzo .

miércoles, 9 de octubre de 2019

Antonio Ferrera y el triunfo de lo espontáneo


Mucho se ha hablado estos días de la tarde de la encerrona de Antonio Ferrera en la Feria de Otoño de Madrid 2019. Cada uno sacará sus conclusiones, respetables e interesantes todas porque de cada una de ellas, por diferentes que sean, se aprende siempre. La mía tiene que ver con las emociones. Yo, que después de trastear con fuentes, filosofías, teorías, etc., de la Historia del Arte he terminado por asumir con convicción firme que la Tauromaquia es un ARTE, épico, pero ARTE, la encerrona de Antonio la viví como quien vive una experiencia frente a 6 obras de arte distintas en una exposición o un museo.

Cada toro supuso diferentes maneras de expresar lo que lleva dentro el extremeño. La estimulación interior que ese día mostró fue vital y básica para transmitir cada una de sus experiencias frente a los toros. La tarde favorecía: el recibimiento, su participación en quites, en suertes casi olvidadas..., indudablemente todo esto fue generando en él la seguridad necesaria y en muchos de nosotros la emoción de estar ante quien se engrandece según va pasando la tarde. Me quedó claro, partiendo siempre de la base de que no soy partidario de las encerronas ni de los manos a mano, que Ferrera es hoy por hoy una garantía para este tipo de festejos. Otros, por desgracia, carecen de esa genial y espontánea estimulación que hace que cada faena y cada obra ante los toros según van saliendo por chiqueros, sea diferente.

Se unieron la motivación, el interés y el uso de técnicas de expresión taurinas, que convirtieron la tarde en un compendio de emociones. Otras encerronas no tienen nada que decir o manifestar, no llegan, no generan interés.

Sin embargo, el sábado se dieron las condiciones relevantes de expresión artísticas para que todo fluyera así. Se entrelazaron locuras con genialidades, indispensables para emocionar. Se superó lo espontáneo, a medida que pasaba la tarde se adquiría mayor riqueza taurina en Antonio. Intentó comprender a cada toro para perfeccionar a lo realizado con el anterior. Ajustó movimientos naturales hacia una especie de pasos de danza con sus exigencias de interacción con el toro, casi diseñando coreografías...

Todo esto, si se hace con sentimiento, a mí, que quiero dejar claro que en otras ocasiones me ha parecido puro amaneramiento y me declaro amante del toreo clásico y seco, esta tarde me emocionó y evidenció, aún más si cabe, que la Tauromaquia es emoción, con el toro, con el torero, o con los dos en comunión, y yo me niego a conformarme con estímulos repletos de clichés. Lo espontáneo engrandece la expresión artística. Al menos en mi caso. Gracias Antonio, por todo.

Imagen:
Ferrera en un desplante tras un quite. Foto: las-ventas.com

martes, 1 de octubre de 2019

Tras la polémica con la tarde de Perera
Aceptemos las emociones de cada aficionado



Sé que es una empresa muy difícil, e incluso osada (pido perdón de antemano), intentar siquiera dilucidar sobre esto, pero quisiera que se tomara este escrito como una opinión meramente personal y que ha suscitado en mí una inquietud a raíz de las "guerras y guerrillas" entre aficionados que sienten el toreo de distinta forma, y no por ello mejor ni peor.

No puedo estar más convencido de que el arte de torear es un centro de valores sentidos por cada aficionado, donde las necesidades emocionales se solventan con diferentes rasgos acaecidos durante la lidia. Así pues, cualquier momento, detalle, aunque para algunos no sea percibido como bello, puede también llegar a emocionar a otros aficionados sin que por ello sea motivo de disputa.

Cada aficionado, cada persona, da un sentido a lo acontecido en el ruedo. Para algunos la faena de Miguel Ángel Perera el pasado domingo en la Feria de Otoño de Madrid fue cumbre y rotunda y para otros fue una faena más, de muchos pases pero que no llegaron a emocionar interiormente, y no pasa nada. Ni un aficionado es mejor por emocionarse con ello ni otro es peor por no sentir ese toreo, no pasa nada. La percepción subjetiva del toreo determina una forma de sentirlo, abarca tanto una perspectiva interpretativa personal como una reacción emocional ante la forma de torear y comportamiento del toro.

Existe una corriente que considera necesario para ser aficionado, emocionarse con lo que a ellos les emociona, una especie de necesidad que así sea para tratar de imponer gustos. En nuestra sociedad, queramos o no queramos, la Tauromaquia está cada día más degradada por la urbanización de la cultura, la búsqueda abusiva de otros entretenimientos y aficiones, y la esquizofrénica manera de tratar a los animales como si fueran iguales. Por ello, estoy convencido, que cuantas más formas y maneras de ofrecer toros, mejor. Me explico. Antes, no hacía falta inventarse corridas distintas porque las plazas estaban llenas independientemente del toreo y ganadería que se anunciara, la Tauromaquia estaba arraigada en la sociedad y no necesitaba de "unión". El pueblo la conocía, las figuras estaban bien o mal dependiendo del toro que tenían delante, además no hacían ascos a torear cualquier ganadería. Esto último, que parece un tópico, pero no lo es ya que a la figura del toreo se la miraría con otros ojos cuando toreara las ganaderías que considerara predilectas.

Pero volviendo al sentido del escrito, hemos de entender que el sentido de arraigo para con la Fiesta de los toros, ha de estar por encima de filias y fobias. Si para unos el toreo es lo que hizo Perera el otro día, para otros es lo que hizo Emilio de Justo en Dax con los victorinos, por ejemplo. El toreo y el toro en el ruedo, son precisamente la forma que los aficionados a los toros tenemos para darle sentido a la Tauromaquia. Cada aficionado capta y se emociona con diferente sentido a través de lo que considera bello en el toreo. Hay personas que reaccionan de diferente manera. A algunos nos conmueve el toreo erguido, natural, nada forzado y rematado detrás de la cintura, y a otros el toreo largo y en línea, girando sobre el pie de apoyo para ligar muchos pases, y no pasa nada.

Como afición, necesitamos de la emoción, de diferente forma como hemos dicho. Hemos de tener empatía con las distintas formas de ver y sentir el toreo, encajar las críticas en un momento dado a un torero o comportamiento de un toro. Esto no es ficción, y con el debido y totalmente necesario respeto hacia la persona que se pone delante de un animal criado con esmero por un ganadero durante 3 o 5 años, debemos entender que hay diferentes formas de sentir y entender el toreo, formas de dar sentido a nuestra afición y desarrollar una pasión por la Fiesta de los Toros. Hasta que no entendamos que la forma que cada uno tenemos de ver los toros no es la únicamente valida y aceptemos al aficionado de al lado si se calla cuando tú pides las orejas, estaremos tirándonos piedras sobre nuestro tejado.

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