lunes, 8 de abril de 2019

Las Ruinas Románticas y las Plazas de Toros abandonadas

De las corrientes artísticas que más me llamó la atención durante mi etapa de estudiante de Historia del Arte fue el Romanticismo. Sus colores, sus flash back hacia lo gótico, sus temas...Uno de esos temas fueron las transformaciones del paisaje, sobre todo, las ruinas. Hace unos días, paseando por las redes sociales, y a raíz de una noticia que tenía que ver con la plaza de Buenavista, en Oviedo, topé con unas imágenes de plazas de toros abandonadas e inmediatamente me transportaron a estas obras, sublimes y de gran carga sentimental para mí.

Esas plazas, como las ruinas, me evocan a los tiempos en que se erguían con todo su esplendor. Las catedrales Góticas intentando acercarse a Dios y las Plazas intentando acercar a Dios a la tierra. Estos cosos supusieron la unión de la naturaleza (Toro) y el Arte. Tanto las plazas abandonadas, como las ruinas románticas, provocan en mí la emoción ante el sagrado pasado.

Rafael Mitjana de las Doblas, en su obra El Siglo Pintoresco, no puede explicar mejor las sensación que me produce estar delante de una ruina romántica o adentrarse una plaza de toros abandonada:

"Un dolor misterioso", que "Se apodera del corazón apenas se ha traspasado el umbral de ese noble recinto. Mil pensamientos de temor, de esperanza, de vida, de muerte, se agrupan en el alma formando con su mezcla indefinible una especie de atmósfera silenciosa que calma, que adormece los sentidos, y al través del cual se revela, envuelto en vaporosa lumbre, el mundo invisible".

La plaza de toros abandonada se convierte en un entorno inefable que parece querer revivir leyendas de toros bravos y toreros valientes. Si se cierran los ojos se pueden escuchar las voces del gentío en los tendidos, de oler el humo de los habanos,...En cualquier caso el sentimiento que se va a construir en el interior del visitante (o espectador de una imagen), de una plaza de toros en ruinas, evocará el paraíso perdido y nos recordará que la Tauromaquia, aún perdurable en el tiempo, tiene condicionada su caída por malas gestiones internas y ataques furibundos externos.

Imagen:

Ruina monasterio Eldena, 1825 de Caspar David Friedrich (1774-1840 y la Plaza de toros de Buenavista, Oviedo

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