martes, 29 de enero de 2019

El pliegue Barroco y los Vuelos de la Muleta


El toreo remite a esencias. Existe un elemento del que todo el mundo taurino habla y creo tiene parangón en las otras artes: Los vuelos de la muleta.
Me remiten a los pliegues barrocos, ya sea en escultura o en pintura. El Barroco curva y recurva los pliegues que ya se utilizaron desde la antigüedad griega, los lleva hasta límites insospechados.

El torero, cuando echa los vuelos de la muleta al hocico del toro, es la acción preparatoria para llevarlo, como el artista barroco, hasta el infinito. Tanto para éste como para el torero, (a quien siempre he considerado muy cerca de este movimiento artístico), los pliegues y los vuelos de la muleta tienen dos sentidos, uno material y otro en el alma.

El material lo constituye lo tangente, la parte palpable y que podemos ver cuando presenciamos la obra y/o la faena en el ruedo. Pero en el interior de los vuelos, el alma recorre los pliegues que se crean en el momento del cite, del embroque y del remate del pase que se interrumpe pero no se desarrolla entero, porque los vuelos de la muleta van hasta el infinito que no vemos. El filósofo alemán Gottfried Leibniz, sin quererlo describió el toreo con los vuelos de la muleta. Para él la curvatura del universo se prolonga según tres nociones fundamentales: "La fluidez de la materia (vuelos), la elasticidad de los cuerpos (embestida del toro y muñeca y cintura del torero), y resorte como mecanismo (el propio sentido de la tauromaquia).

Los vuelos de la muleta, como el pliegue barroco, cumplen su función artística de enseñarnos lo palpable y remitirnos al infinito interior porque un natural, nunca termina.

Foto:
Fragmentos del Éxtasis de Santa Teresa, Gian Lorenzo Bernini ( Santa María de la Victoria), Morante al natural en Madrid.

miércoles, 16 de enero de 2019

La búsqueda de la personalidad de un Torero


A muchos nos gusta hablar de la búsqueda de toreros con "personalidad". Cuando nos sentamos en un tendido lo hacemos con la esperanza de presenciar, además de un toro bravo y encastado donde los haya y si puede ser "el toro más bravo de la historia", a toreros que se muestren distintos al toreo academicista del pase técnico.

Pero, ¿Que es eso de un artista del torero con "personalidad"?. Es difícil de explicar.
Personalmente me ocurre lo mismo en el toreo que cuando estoy delante de una obra en un museo, ya sea escultura o pintura, o dentro de un edificio que transmite eso, "personalidad" por ser distinto. En el toreo busco que la composición sea interesante, que su arte rompa con el marco costumbrista del pase por el pase, que transmita un sentimiento de energía contenida y que nos prive de los "contornos" y la linea plana en cada pase. Muchas veces lo imperfecto es lo que hace saltar la chispa de nuestra emoción interior.

A mi me ha ocurrido, no se si a ustedes, el estar presenciando una corrida o novillada que transcurría por unos cauces digamos, anodinos, y en un momento dado, un lance me transmita una sensación de calma que expresa tanto la energía latente del toreo, que todo lo que hay a su alrededor parece diluirse, desenfocarse en mi mente. En ese momento el torero ha conseguido transmitir esa "personalidad" diferente y nos ha transmitido calma a la inquietud que nos hace acudir día tras otro a las plazas de toros.

Torear viajando al interior de sí mismo para comprender que el toro ofrece esa embestida para crear algo distinto a los demás, no para ser un mero trámite gris y académico. Es difícil, muy difícil obedecer al corazón y a la cabeza a la vez, por eso, los elegidos son pocos. Por cierto, Juan Ortega, lo es.

Foto:

Juan Ortega en un extraordinario trincherazo en pasado 15 de agosto en Las Ventas: Foto: las-ventas.com
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