martes, 31 de julio de 2018

Emilio de Justo y Camille Pissarro: Dos "tardíos" soplos de aire fresco

El año pasado ya empezó a sonar fuerte su nombre por los mentideros de aficionados taurinos más interesados en las corridas donde se anuncian toros de encastes menos asiduos a las plazas. Desde Francia, sobre todo, llegaban noticias de los triunfos de un torero con tiempo de alternativa pero que el sistema, y quizá su "guerra personal", le tenían relegado a un segundo plano, como a tantos otros toreros.

Emilio de Justo se ha convertido un un torero que a muchos nos ha aportado un soplo de aire fresco y, paradógicamente, desde un éxito que podríamos llamar tardío. Recordando a los artistas, (esta vez tiro de sentido de este blog al comparar la tauromaquia con las otras artes), me viene a la memoria la figura del, para muchos, padre del impresionismo, Camille Pissarro. A él también le vino el éxito tardío cuando el comerciante de arte francés, Durand-Ruel tras la muerte de Theo van Gogh, (el hermano de Vicent van Gogh), y que fue quien le apoyó en un momento crítico de su vida, realizó una importante retrospectiva de su obra reuniendo más de cien pinturas que le valieron el elogio de la crítica y un éxito de ventas.

Pissarro y De Justo tienen en común el naturalismo, la simplificación de la naturaleza. El pintor francés, podríamos decir que es quien mejor representa el paisaje agreste, del pleno campo. El torero extremeño  el toreo sólido, desnudo, cuasi rústico, sin alardes efectistas. Pissarro se rebajó a pintar elementos comunes como lechugas, coles, alcachofas, algo inusual si no eran un complemento de la pintura y que estaba mal visto por quienes eran partidarios de la grandeza del arte. Emilio de Justo, emociona porque realiza un toreo que, como la propia naturaleza, está estrechamente ligado al hombre. Es agreste pero sin olvidar la forma y la estructura. Estar delante de una faena del extremeño nos inspira una simplificación de la armonía que supone el reunirse con el toro. Consigue lanzarse a una "elaboración" de las faenas que refleja la madurez que ha ido adquiriendo en estos años de "ostracismo". Si alguna vez le empiezan a surgir dudas de adoptar un toreo efectista con el capricho de los detalles populacheros o seguir "desnudo" por los ruedos, ojala Emilio opte por ésto último, por la grandiosa simplificación del toreo, esa que ha sobrevivido a modas de lances que no dejan de ser un repertorio de recursos.


Imagen:

Le verger, 1872, Camille Pissarro. Emilio de Justo en Azpeitia 2018 (Foto: Javier Arroyo para aplausos.es)

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