jueves, 1 de diciembre de 2016

La diversidad de encastes...¿utopía imposible?


Una característica de la Tauromaquia a lo largo de la historia ha sido la diversidad. Nigún torero o ningún toro se encuentran dos veces repetidos a lo largo de todos estos años, se podrán parecer, pero todos al final son distintos y únicos. Deberíamos defender esta diversidad taurina como una riqueza tan amplia que es prácticamente imposible encontrar parangón en alguna de las demás artes.

Todavía tengo el sueño de contribuir a crear una Tauromaquia más justa, en la que se pueda lograr la igualdad de oportunidades para todos, toreros y ganaderías. Pero temporada tras temporada, me encuentro con que esa utopía está lejos gracias a los intereses empresariales por un lado, y por las exigencias de quien copa los carteles en el caso de los encastes y ganaderías a la hora de elegir por el otro.

Las ganaderías de encastes especiales pertenecen hoy a una minoría, muchas veces olvidada por el grueso del público que acude a una plaza, un error imperdonable, a mi humilde modo de ver. El sistema debe reaccionar e intentar por todos los medios que estos encastes salgan del olvido social. Una corrida al final de una feria, algún festejo suelto en pueblos olvidados, etc., son unas solidaridades falsas que, a la postre, contribuyen a la desaparición de esa diversidad que siempre ha definido a la Tauromaquia como multidisciplinar, (en cuanto a lidias, comportamientos y gustos).

Separar esas corridas de las habituales, (por desgracia, hoy visto cada vez con más asiduidad, o cuando no, ni si quiera se programan), y que se toreen por un cierto y mismo grupo de toreros, es etiquetar estos encastes disminuyendo su valor y reduciendo las posibilidades de futuro. Ese estigma dificulta e impide una visión de estos hierros sin prejuicios por parte de público, aficionados y crítica. Una vez puesta esa etiqueta es muy difícil volver a retirarla.

Hago, desde estas humildes lineas, un llamamiento en romper ese concepto estático que se tienen de los encastes. Deben empezar a lidiarse con normalidad, enseñando que cada uno tiene una lidia diferente y no por ello menos válida. No podemos seguir mirando con lupa los defectos para así siempre relacionarlos con ellos cada vez que un toro salga malo. La Tauromaquia ha de ser dinámica y que cambie constantemente para conseguir que haya aficionados con libertad de gustos.

Seguro que estas lineas no tienen el eco necesario pero solo espero que pudieran remover al lector y que se sepa que estamos a tiempo de potenciar la diversidad y la riqueza del Toro...Llegar a esta utopía todavía creo es posible, por el optimismo que me da el buen trabajo de muchos ganaderos con estos encastes.

Foto: José Carlos Venegas con "Viergado" de Moreno Silva en Madrid. Juan Pelegrín para www.las-ventas.com 
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