jueves, 3 de marzo de 2016

Ataque Antitaurino a la Librería Argot y la quema de libros en el Capítulo VI de El Quijote



Uno que por circunstancias docentes y debido a la elección de su formación universitaria, ha tenido que indagar algo en El Quijote, reconoce que uno de los capítulos de la obra del genio Miguel de Cervantes le hicieron mella fue el VI. Allí tienen tienen lugar los hechos de la quema de libros de la biblioteca de don Alonso por parte de la sobrina, el cura, el ama y el barbero.

En los comentarios de texto de las clases de Literatura moderna, se llegaba a la conclusión de que Cervantes, en susodicho capítulo, aprovechó para hacer una crítica a los criterios de los moralistas del siglo XVI, ya que llegaron a ser más estrictos incluso que los de la misma Inquisición.

Estos días atrás, ha tenido lugar en Castellón un hecho repugnante por la incultura explícita por parte de sus autores. Los "moralistas" del siglo XXI, como aquellos del XVI, conocen la tendencia del vulgo, del pueblo, a la libertad de elección reforzada por el realismo que desprendían las obras caballerescas, en el XVI, y la Tauromaquia en este siglo XXI. Esta vez ha sido la librería Argot. Su "delito" ha sido estar cerca de la plaza de toros de Castellón y exhibir en el escaparate libros y obras de arte que hacen referencua a la Tauromaquia.

Sabido es que una de las formas de control de la Inquisisción, una vez que los libros habían superado la censura previa, fue la quema de obras que consideraban herejes. En estos días, la "Inquisición" que persigue a la Tauromaquia está llegando a las administraciones. Incluso se parecen en algo por el mero hecho de que los libros y obras que servían para entretener, como las obras caballerescas, no eran objeto de las iras eclesiales, pese a tratarse de ficciones. Ahora, pese a ciertos ataques desde las administraciones, como la retirada de subvenciones y partidas presupuestarias para el mantemimiento de escuelas taurinas (hechos graves, si), de momento, la Tauromaquia sigue viva, muy viva, y no llega el ataque exhacerbado, es decir la Tauromaquia, de momento, no es el "objeto más buscado" para quemar en la hoguera de la prohibición.

Si antes, como lo criticó Cervantes escenificándolo en la quema, los foribundos ataques a las obras de caballería se daban por parte de los humanistas por considerarlos anacrónicos, exagerados, y una forma de entretener a mujeres y hombres, hasta llegar a confundir ficción y realidad, ahora los ataques vienen de parte de ecoterroristas y violentos de ultraizquierda disfrazados de moralistas. Éstos ven en la Tauromaquia una forma de imponer su totalitarismo y odio a los que no piensan como ellos. Son incapaces de discernir el criterio artístico. viendo únicamente sangre y crueldad en este rito, (algo por otra parte própio de patologías psíquicas, merecedoras de un exahustivo estudio), donde lo verosímil: animal, hombre y juego con la muerte; y el decoro con que se realizan las suertes, siempre en beneficio del toro, hace que sea algo único, emocionante y de lo que deberíamos estar orgullosos de poder presenciar, todavía, en este siglo XXI.

Por eso, repudio cualquier ataque a la cultura, y más cuando se hace por supuestos moralsistas que no saben salir de los Tópicos nacidos de esa madre llamada: Mentira.

Ánimo, Argot, por la libertad.

martes, 1 de marzo de 2016

A vueltas con el Triunfalismo en la Tauromaquia


Últimamente y desde aquellas fatídicas palabras, (conste que así lo fueron para mí), que lanzó Miguel Ángel Perera al no serle concedidos unos trofeos: "Hace falta triunfalismo y sobran puristas", no paro de darle vueltas al asunto y hago análisis interior de un posible fin del Arte de torear en tono triunfalista.

Hoy, que se ha llegado a la máxima de que la puesta en escena lo es todo, se han dejado a un lado los cánones del toreo en pos de ese triunfo. El verdadero sentido del rito de la Tauromaquia: enfrentamiento de un hombre a una fiera, el combate, la dominación  y una vez dominada la indómita bravura poder pasar con más o menos decoro y cierta estética creando el tan deseado arte, ha pasado a la categoría de representación e imagen.

Partiendo de la base de que todos los toros pueden herir y sin quitar un ápice el mérito de quien se pone delante, si tengo cada día más la certeza de que todo está hecho para restar ese peligro intrínseco (y extrínseco), que conlleva la condición natural del toro bravo. Se selecciona en base a la nobleza, para que pongan las menos dificultades posibles, convirtiendo así la materia prima primordial de la Tauromaquia como es el Toro, en una mera mercancía de una economía del espectáculo, que al final hará que no podamos decir ni defender, que éste es distinto a todo lo demás.

Hoy se vive una resaca, una estela triunfalista de tiempos mejores en los que la Tauromaquia era algo aceptado por la inmensa mayoría de la sociedad. Pero para mí, equivocado o no, hay otras respuestas y las busco en los antihéroes que hoy lo son para el sistema y ciertos aficionados que buscan la algarabía, la fiesta, el triufalismo, el pase por el pase, y el toro "colaborador" (¡Dios qué antítesis!), disfrazado de bravo. Esos antihéroes son los ganaderos que luchan por mantener la casta, esa que no les sirven para ese "triunfo", sino la necesaria maestría y profesionalidad para solventar los problemas que plantea un toro bravo. Los antohéroes que son los toreros que además de enfrentarse con gallardía, torería y verguenza torera a cualquier toro sin mirar el hierro, además lo hacen sin triunfalismo, y sí buscando el triunfo verdadero.

Foto: Paco Ureña y Murciano de Adolfo Martín en la pasada Feria de Otoño. Juan Pelegrín para www.las-ventas.com
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