viernes, 22 de enero de 2016

¡Es hora de luchar por la Tauromaquia!


La Tauromaquia, considerada en sí como arte épico ya que en ella se produce una creación esquivando con más o menos maestría un animal con instinto de matar, es en sí mismo un reducto de libertad. Cualquier forma es posible dentro del ruedo: la batalla, la estética, la plasticidad, la tragedia...Cada tarde se inventa lo "no existido" antes, se crea un mundo posible. Pero lo más importante de todo ello es que es un ejercicio de libertad, tanto del que ha optado por hacer de ella su profesión, como el que ejecuta su derecho de acudir a presenciarla.

Los ataques que está sufriendo por aquellos que, supuestamente, se creen los garantes de las libertades tanto individuales como colectivas, hace que vayamos perdiendo poco a poco las nuestras como aficionados y profesionales del toro. Debemos ser conscientes de que hemos de "pasar a la acción". Es necesario darse cuenta de la importancia que del momento que vivimos y los momentos convulsos que se avecinan. La Defensa de la Tauromaquia se tiene que convertir en un asunto de conciencia.

Este escrito es un llamamiento a todos los aficionados, toreros, ganaderos, críticos taurinos, trabajadores del toro, intelectuales que aún conserven su afición sin complejos para defenderla a ultranza, para decir ¡Basta!, y para desperezarse del letargo "interno y apacible" en el que estábamos sumidos. Hasta ahora solo atisbábamos ciertos exabruptos de asociaciones y partidos de supuesto corte animalista que no dejaban de parecernos "folclore violento con attrezzo extrema izquierda", pero debemos ser conscientes de que han llegado a las instituciones, es la hora de actuar.

Hace falta enfrentarse con el miedo, la mentira y la intolerancia que éstos emplean. Es necesaria la defensa taurina como sueño, convertirla en revolución frente al espíritu totalitario que nos golpea y cercena nuestra libertad de elección cultural.
Lo dicho, hago una llamada porque para éste que escribe lo más grave no es que nos golpeen los censores, que la Tauromaquia se vea atacada y vaya perdiendo salud social, para mí lo más grave es: El silencio. La Tauromaquia no merece morir tan dramáticamente, sola, de recuerdos...porque mientras nazca un toro poderoso y un niño con el gen del toreo, habrá esperanza, tan solo no tenemos que perderla. Luchemos.

Imagen: Plaza de Toros de Sevilla, de Fortuny

viernes, 8 de enero de 2016

Carta a un antitaurino


Querido intolerante,

No pretendo comprender los motivos que te han llevado a odiar todo lo que rodea la Tauromaquia, pues no soy sociólogo, pero permíteme que yo no lo haga y que gracias a quienes me enseñaron (que no inculcaron y mucho menos me obligaron a conocer), este rito, este arte y estas emociones, me iniciara en ella hasta llegar a sentir verdadera pasión por todo lo que la compone. El toro, el torero, las plazas, los subaternos, los picadores, el arte que emana e inspira a otras prácticas artísticas, la emoción, el campo, las amistades que se han generado gracias a ella, y un sin fín de nobles causas me han llevado a amarla y respetarla, como jamás podrías llegar a comprender, apenadamente, por tu sin razón.

Te aferras a un supuesto ecologismo, que no lo es tal, porque para ecologistas y amantes de los animales, los taurinos. Lejos de tu equivocada percepción, no vamos a las plazas ávidos de sangre y con ansias de torturar a un animal desvalido hasta la muerte. La admiración que sentimos por el Toro, nos lleva al súmmum de aceptar su muerte tras una lucha a sangre y fuego y que, milagrosamente, crea obras de arte efímeras. Eso es lo que nos emociona: su lucha, el arte que crea el hombre, y su poderosa muerte cual Dios de la guerra.

Ser taurino, (otra de tus equivocaciones, querido fundamentalista), no implica ser un detractor a ultranza de una sociedad moderna y de progreso y estemos anclados en momentos pasados. Mi exaltado enemigo, no existe una modernidad verdadera, sino una pluralidad de modernidades, tantas como culturas existen en este mundo: lo que para un alemán es moderno, para un indio quizá no lo sea, quizá no lo entiendas, lo entiendo.

Permíteme que emita mi juicio al decirte que tu antitaurinismo es el verdadero antimodernismo al ser antiaperturista hacia otras sensibilidades, es la antilibertad de todos los aficionados a los toros que acuden a las plazas, y la de todos los profesionales que ejercen su trabajo y su arte con total libertad de elección, y es el más enérgico antiecologismo porque la desaparición de la Tauromaquia conllevaría la extinción de una especie como es el toro bravo y todos sus congéneres. Pretendes inculcarnos un supuesto avance hacia un futuro mejor, basándote en ideas retrógadas y pasadas como la censura y la imposición. Ahora entiendo tu desequilibrio y violencia.

Termino deciéndote que yo estoy del lado de la libertad y el respeto a los animales, y me alejo de cualquier censor, irrespetuoso y violento que se ha tomado al pie de la letra lo que aprovechados gurús ecologistas han vociferado sin entender ni papa de lo que significa para nosotros ser taurino y amar la Tauromaquia, buscando siempre una interpretación erronea de lo que vamos a prensenciar a la plaza de toros.

Me despido apenado por saber que el fundamentalismo ha ganado sobre ti, yo seguiré defendiendo mi libertad, y la tuya, aunque jamás la entenderé.

Hasta nunca, enemigo mio.
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