jueves, 27 de octubre de 2016

El mayoral. Pasión y amor por el toro bravo

De siempre me ha llamado poderosamente la atención la atracción que genera entre nosotros el toro bravo. Es algo mágico, quimérico, incluso químico, que se acentúa en los toreros, capaces de poner en sus manos la vida. Es un pensamiento inmenso que no se si alguna vez llegaré a comprender el "porqué", de ese misterio.

Sumergido en este pensamiento, recuerdo la mirada de un mayoral, (cuyos hijos, Sera y Carol, sólo saben quien es) contemplando los toros en el cercado. El inseparable cigarro, el silencio unicamente violentado por el viento de invierno azotando los viejos olmos. Esa mirada encerrada en una total soledad abandonada definitivamente y en conciencia al toro. Admiración y atracción que sólo ese animal puede generar en un hombre refugiada en la consciente locura, y que desemboca en la pasión hacia él.

Dos vidas, dos destinos tan diferentes y a la vez necesaria y vitalmente unidos, con devenires tan distintos pero que sin uno no podría tener lugar el otro: El hombre y el animal, entrelazadas sus vidas. Esa mirada otra vez viene a mí. Cosciente de ello, sin lugar a dudas, puedo confirmar que la relación mayoral-toro, se convirtió en esos momentos en una de las metáforas del amor, donde el hombre y el animal se funden y sus vidas forman una unidad inseparable. Es un grupo de dos, que se expresan como uno. El mayoral ofrece su vida a la pasión, y el toro, inconscientemente, o no, la toma. Este binomio expresa la esencia del respeto y el amor por el toro bravo.

Amor, pasión, respeto...palabras que suenan evidentemente bellas. Me viene otra vez la mirada bajo la gorrilla, curtida por el viento del campo. Mirada que reproduce la ideología de quien pone su vida al servicio de la del animal y por ello es parte de él. La primera vez que estuve presente ante esa mirada, pude comprobar y verificar en ella toda la pasión que se puede llegar a sentir por el toro bravo. En la mirada del mayoral vi la belleza, el amor, la admiración y la unidad del hombre y el toro, aunque muchos no lo entiendan, presencié la perfección de los máximos sentimientos.

Imagen: El conocedor de la ganadería de Luis Albarrán González, aparta unos toros en la finca de La Brevera. via: toroslidia.com

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