martes, 31 de mayo de 2016

BREVES APUNTES SAN ISIDRO 2016. "Sebastián Castella, el toreo sin Alma. Rafaelillo, el Sentimiento"


Amigo lector, es difícil expresar los sentimientos internos que cada uno tiene cuando se encuentra frente a una obra de arte taurina. Yo, equivocado o no, y permítanme recomendarles que así lo hagan, solo creo en lo que veo, en lo que siento, en los toreros que transmiten, en los toros con casta y bravos, los de bocas cerradas y patas fuertes.

Dicho esto, me gustaría poder explicarles lo que ayer viví presenciando un torero en Madrid. Sebastián Castella me produjo la sensación más plana que me puede transmitir un torero. Fue como un poeta sin éxito, un artista sin corazón, un toreo sin sentimiento en nada, como quien escribe una poesía sin alma, como quien quiere sin amar. Un torero no puede tener el corazón de piedra. Pases, pases, y más pases como un autómata, como la máquina espendedora de pases abierta 24 horas, sin sentimiento, sin vida, un toreo sin alma, toreando sin pensar más allá de la obligación de estar ahí.

Lejos de enfadarme, producía en mí el peor sentimiento que me puede llegar frente a una obra de arte taurina, la tristeza...

Cuando empezé a "dejar de creer", apareció Rafael Rubio, Rafaelillo, y me devolvió a la vida privilegiada de estar ante algo único, de ser un tipo con suerte por participar, desde la barrera, de un combate divino a través de el cual, sólo los que somos capaces de emocionarnos en una plaza de toros, sentimos esas realidades ocultas pero que "afortunadamente" no puedo encontrar. Rafaelillo demostró como lo importante del arte del toreo es ver y conocer la realidad: saber, en definitiva. Al mismo tiempo que la sabiduría, supo expresar. Es como el romántico que ríe, canta, llora, escribe poesía, compone una melodía. Rafaelillo dejó claro, al contrario que Sebastián Castella, que el toreo es el sentimiento que en él se vierte.

El toreo es sentimiento, y no se puede torear sin emoción como Castella, eso es un arte sin vida, sin alma, sin ángel. En definitiva torear ha de combinar técnica y emoción, clásicismo y romanticismo, trabajo e inspiración...Cabeza, corazón y manos, o como defendía el poeta de Moguer Juan Ramón Jiménez: con "duende y angel".

Imagen:
Sebastián Castella y Rafaelillo en San Isisdro 2016. Fotos: Juan Pelegrín, para las-ventas.com.

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