miércoles, 25 de mayo de 2016

BREVES APUNTES SAN ISIDRO 2016."David Mora y 'Malagueño', la unión de los elementos"


Ayer volví a revivir aquello de la emoción del arte de torear. Ayer 'Malagueño' , de Alcurrucén, y David Mora, se conjugaron en una obra de arte que constó de dos elementos: el interno y el externo.

David Mora puso el elemento interno es decir la emocion del alma del artista. David tuvo la suerte de de encontrarse con "Malagueño" de Alcurrucén, (luego vamos con él), y su "emoción" tuvo la capacidad de provocar otra emoción, que aunque muy distinta es, en el fondo, bastante similar, es la emoción del alma del espectador.

Nos han contado que el alma está unida al cuerpo, Ayer tarde tuve ocasión de corroborarlo porque solo de esa manera se pueden recibir las vibraciones a través del sentimiento de un torero y de la embestida poderosa de un toro como "Malagueño". Me gustaría poder expresarlo con palabras, pero no puedo, es superior, solo se que hubo una conjunción Hombre, Toro, Espectadores, y Cielo, y Tierra si se quiere, que me acercó algo más a intuir lo que es el sentimiento frente a una obra de arte, ese puente, ese nexo de lo inmaterial a lo material (de David Mora y "Malagueño a nosotros, los espectadores).

El elemento de la obra que, ahora sosegado y rememorando sensaciones vividas ayer, me hacía emocionarme era el contenido mismo. "Malagueño", de Alcurrucén, era pura vibración anímica para mí, y para muchos. Cuando un toro bravo no provoca eso, no puede existir obra taurina alguna. Por ello cada arrancada del "Núñez" era un sentimiento de placer, de plenitud e inquietud. Cuando se producía el embroque, el vibrar se convertía en serenidad en la muleta de David Mora.

Cuando se produce esa unión, la emoción que produce la Tauromaquia jamás se agota, si no que es una emocion que se amplía. Participamos del dramatismo de una obra de arte taurina bien conducida, propiciada por un toro bravo y encastado. Porque en los toros la emoción se ofrece cuando la creación es llevada al filo inestable de una combinación perfecta, donde el riesgo es extraordinariamente grande, y se logra la "victoria" apurando las últimas reservas internas de toreo que queden tras el esfuerzo.

La belleza volvió a lograrse ayer en un juego deslumbrador de un hombre, David Mora, y un inmenso toro, "Malagueño", de Alcurrucén, de manera estética, y cuando se logra así, se engrandece la Tauromaquia.

David Mora y 'Malagueño' de Alcurrucén ayer en Madrid. Juan Pelegrín para las-ventas.com

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