miércoles, 6 de abril de 2016

Los "santacolomas" de Pablo Mayoral, renuevan mi ilusión


Sería mentira si dijera que cada vez que me preparo para presenciar cualquier corrida de toros, una novillada (con o sin picadores), o un festejo popular, no lo hiciera con la esperanza de ver animales bravos y encastados y hombres delante con la suficiente capacidad para emocionarme.

No me dejo arrastrar por el pesimismo, la impotencia o la indignación que supone salir de algunos festejos porque, aún saliendo con esas sensaciones, vuelvo. Una y mil veces volvería porque el arte de torear me ha demostrado que es un gran estimulante que me empuja sencilla y eternamente a vivir.

Pero déjenme explicarles que hay festejos que generan plus de ilusión en mi persona. Esto ocurre, por ejemplo, con la novillada que se ha programado el próximo domingo en la plaza de toros de Madrid, Las Ventas. Lo es por tratarse de una novillada de Pablo Mayoral, encaste Santa Coloma.
Lo es porque este tipo de festejos donde han apostado por un encaste, hoy casi denostado, me permitirá ver, y de momento adivinar, la personalidad distinta de estos toros únicos. Una idealización del toro: por su forma de embestir, por su expresión y mirada que rezuman viveza, severidad, drama y alegría a la vez, todo ello focalizado en la bravura. Cuando me dispongo a presenciar un festejo donde saltarán animales de encaste santacoloma al ruedo, asciende mi ilusión. Estos festejos actúan como disparadores para que mi afición se complete un poco más.

Siempre estaré agradecido a ganaderos como los Mayoral por seguir confiando en estas sangres, por no perder un interés por un encaste en el que palpita la vida. Esa lucha se transfiere a este humilde aficionado en forma de compromiso por defenderlo y propagarlo. Esa es mi, (no se si vana, pero interior y convencida), lucha.

Son sensaciones especiales. Un toro de santacoloma intesifica la vibración. Con su pequeña alzada ocupa gran parte del plano, de la plaza, del ruedo. La casta que corre por sus venas debajo del manto gris, ahonda en el mérito de los que se ponen delante. Siempre al acecho para vender cara su muerte, es ecesario que si con otros encastes se pongan los cinco sentidos, con estos "pequeños titanes", hagan falta seis. Su simple presencia genera murmullo y a la par, concentración por sus reacciones, atención a su comportamiento "rebelde", pero con "buen" corazón.

En fin, el domingo acudiré a la plaza con esperanzas renovadas, con el anhelo de ver "algo nuevo" en esta tauromaquia contemporanea instalada en la monotonía en eso del toro. Por ello me empeño en demostrar con este artículo, la ilusión que genera en mí que los novillos de Pablo Mayoral estén acartelados en la "Cátedra" del toreo. Tan sólo pedir cordura a los veterinarios a la hora del reconocimiento y que se empapen sobre lo que es un toro de encaste Santacoloma. Ánimos a los novilleros. Y suerte, mucha suerte, a los ganaderos que me permiten seguir aproximándome a esa máxima propia de que la Tauromaquia pertenece al terreno de lo infinito, no la encasillemos, la diversidad de encastes es necesaria.


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