viernes, 8 de enero de 2016

Carta a un antitaurino


Querido intolerante,

No pretendo comprender los motivos que te han llevado a odiar todo lo que rodea la Tauromaquia, pues no soy sociólogo, pero permíteme que yo no lo haga y que gracias a quienes me enseñaron (que no inculcaron y mucho menos me obligaron a conocer), este rito, este arte y estas emociones, me iniciara en ella hasta llegar a sentir verdadera pasión por todo lo que la compone. El toro, el torero, las plazas, los subaternos, los picadores, el arte que emana e inspira a otras prácticas artísticas, la emoción, el campo, las amistades que se han generado gracias a ella, y un sin fín de nobles causas me han llevado a amarla y respetarla, como jamás podrías llegar a comprender, apenadamente, por tu sin razón.

Te aferras a un supuesto ecologismo, que no lo es tal, porque para ecologistas y amantes de los animales, los taurinos. Lejos de tu equivocada percepción, no vamos a las plazas ávidos de sangre y con ansias de torturar a un animal desvalido hasta la muerte. La admiración que sentimos por el Toro, nos lleva al súmmum de aceptar su muerte tras una lucha a sangre y fuego y que, milagrosamente, crea obras de arte efímeras. Eso es lo que nos emociona: su lucha, el arte que crea el hombre, y su poderosa muerte cual Dios de la guerra.

Ser taurino, (otra de tus equivocaciones, querido fundamentalista), no implica ser un detractor a ultranza de una sociedad moderna y de progreso y estemos anclados en momentos pasados. Mi exaltado enemigo, no existe una modernidad verdadera, sino una pluralidad de modernidades, tantas como culturas existen en este mundo: lo que para un alemán es moderno, para un indio quizá no lo sea, quizá no lo entiendas, lo entiendo.

Permíteme que emita mi juicio al decirte que tu antitaurinismo es el verdadero antimodernismo al ser antiaperturista hacia otras sensibilidades, es la antilibertad de todos los aficionados a los toros que acuden a las plazas, y la de todos los profesionales que ejercen su trabajo y su arte con total libertad de elección, y es el más enérgico antiecologismo porque la desaparición de la Tauromaquia conllevaría la extinción de una especie como es el toro bravo y todos sus congéneres. Pretendes inculcarnos un supuesto avance hacia un futuro mejor, basándote en ideas retrógadas y pasadas como la censura y la imposición. Ahora entiendo tu desequilibrio y violencia.

Termino deciéndote que yo estoy del lado de la libertad y el respeto a los animales, y me alejo de cualquier censor, irrespetuoso y violento que se ha tomado al pie de la letra lo que aprovechados gurús ecologistas han vociferado sin entender ni papa de lo que significa para nosotros ser taurino y amar la Tauromaquia, buscando siempre una interpretación erronea de lo que vamos a prensenciar a la plaza de toros.

Me despido apenado por saber que el fundamentalismo ha ganado sobre ti, yo seguiré defendiendo mi libertad, y la tuya, aunque jamás la entenderé.

Hasta nunca, enemigo mio.

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