lunes, 14 de diciembre de 2015

La necesidad de la diversidad de encastes para la Fiesta


Hacía tiempo tenía olvidado,por circunstancias ajenas a mis inquietudes, el blog y lo retomo para hacer una breve exposición sobre mi concienzuda defensa de los encastes y el sentido que tienen para la Fiesta.

La obra de arte taurina, la que se realiza en el ruedo, nace, nos emociona y muere en 20 minutos a lo sumo quedando en nuestra memoria la que emociona por alguno de sus aspectos: Maestría del torero o por la bravura y casta del toro que tiene delante. Paradójicamente esa "muerte" precoz de la obra, hace que la Tauromaquia sea considerada como una forma vital, un arte dinámico.

El dinamismo que afecta a la Tauromaquia debería darse en todas sus formas, tanto en los rasgos que impone el torero como en la necesidad de que se lidiaran todos los encastes posibles, con los beneficios y complicaciones de conllevan cada uno en sus distintos comportamientos. Hoy parece que hablar de la necesidad de la lidia de cuantos más encastes mejor, es más que un atentado a la propia Fiesta y su trunfalismo bien vendido por plumillas aprovechadas.

Bien, pues yo creo, me da igual estar equivocado o no pero lo digo con convicción, de que dicho dinamismo, dicha diversidad de lidias y comportamientos, es algo que dotaría de estabilidad a este mundo, cada vez más muerto de euforia "barata". Se ha extendido una especie de "sindrome" del miedo al fracaso, junto con otros factores como el requerimiento del toro grande, (argumento que tenía su lógica en los años 80,90 y principios de 2000, pero que ya apenas se substenta al ver cada vez más toros de 520 kilos para abajo en plazas de primera), que han hecho que estemos perdiendo la riqueza genética más grande del reino animal como es el Toro Bravo. A los públicos ebrios de triunfo y taurinismo de palo, les da igual, y a la mayoría de los artistas que viven del toro, desgraciadamente, también. La Fiesta de los toros se ha colapsado por la modernidad del "si no hay orejas, no soy capaz de ver nada que me emocione en una tarde de toros", por ello se ha moldeado un toro que se mueve, pero que apenas embiste con el rigor que debería hacerlo un titán de la naturaleza.

Habría que exigir que se lidiara una cuota obligatoria de cada encaste en las ferias. Que los ganaderos de éstos salieran del tedio al que les hemos relegado, para que buscaran indagaran y volvieran a la excelencia que cada encaste posee. Porque no busco que se lidie todo, porque todo, si no embiste con casta y codicia, no se puede torear. Para esto me hallo en la necesidad de reclamar de nuevo la diversidad de encastes, porque es esencial para el futuro de un espectáculo hetereogéneo y grandioso. Si la Tauromaquia quiere conservar su sentido, y como una forma más de evitar un futuro que se avecina negro, los encastes y su diversidad deben volver a las plazas de toros. Así lo siento, y así lo digo.


Imagen:
"Marejado", de Ana Romero, el prototipo Santa Coloma. Foto: Rubén Ramírez del blog http://griscardeno.blogspot.com.es/

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