miércoles, 19 de noviembre de 2014

Viaje por la afición taurina de un niño


Me voy a aventurar en una "empresa" en la que seguro naufragaré, pero como la ilusión por hacer algo por la Tauromaquia es mayor que cualquier tormenta que me asalte en medio del océano de la indiferencia taurina, me aferraré a ella. Esta "misión" tiene como objeto niños y toros o toros y niños, que tanto monta.

Hace algún tiempo recordaba mi infancia y las tardes de toros que vivía en ella. Mirándome por fuera (y por dentro), me dí cuenta de que crecí normal. Me di cuenta también de que a los niños se les puede enseñar el amor por el valor estético, y ¿porqué no?, ético por la Tauromaquia como se les acerca a cualquier tipo de motivación cultural.

Mi aventura se compone de varias etapas y de cómo los niños se pueden interesar por la Tauromaquia tanto como por otras actividades culturales. 

Comenzamos este viaje lógicamente con los más pequeños. Los niños hasta los tres años. Según los expertos el niño aprende en esta etapa a través de los sentidos y los movimientos. Y ¿qué es más visual y con  más movimiento que una corrida de toros?. Colores, sonidos, olores, carreras, capotazos, caballos, música...todo un mundo de sensaciones que además el niño, al tratarse de una época en que todo para el es subjetivo y mantiene la atención por tiempo limitado, puede almacenar sensaciones, sonidos, palabras e imágenes que pueden o no ser de su agrado en un futuro.
Por ello lo más adecuando para iniciarlo en el gusto por la Tauromaquia, creo, es llevarlo a festejos donde exista todo esto, mucho movimiento, y qué mejor que las novilladas sin picadores y festejos de rejoneo. Algo muy importante a tener en cuenta en estas edades es que le interesan mucho, según los expertos, los personajes opuestos, es decir, el bueno y el malo, por ello hay que dejar claro que el toro "quiere pillar" al torero, que (aunque suene chirriante), el toro es el anti-héroe, (aunque con el tiempo empiece a valorar su figura, como veremos). 

Partimos hacia otra etapa infantil que es la que va desde los tres a los siete u ocho años. Aquí los niños nos sentíamos, se sienten, todavía el centro del mundo, pero el interés por aprender ha crecido enormemente. Si los niños han mostrado apego por la Tauromaquia preguntarán, y habrá que responder. Ahora el niño, como todos sabemos, se mueve entre la fantasía y la realidad. Es el momento de que vea la Tauromaquia como un mundo maravilloso, de contarle cuentos de Héroes vestido de luces. Su atención por todo es corta en el tiempo, pero ya es capaz de recibir "instrucciones" o pequeñas lecciones. Es la época llamada de "lo maravilloso" por el gusto hacia la fantasía (hadas, ogros, dragones, brujas...), pero también le interesan el ambiente cercano y con personajes conocidos con quien identificarse. Es un gran momento para que el niño se crea torero, el que le guste, que toreé creyendose José Tomás, o El Juli, o Morante, o Paulita, o Ginés Marín,...da igual figuras, toreros, novilleros...Hay una etapa, según los expertos, que va de los cuatro a los cinco años, llamémosla "animista", es decir, donde los animales cobran vida y se personifican. Es normal que así ocurra, por cuentos, series de dibujos animados, etc., pero como amantes del toro y su historia y la Tauromaquia, tenemos que siempre dejar claro que el toro, si cobra vida, es para ser el opuesto del cuento.

Entre los siete y diez años el niño es cuando más sociable es, cuando más quiere conocer y hacer lo que sea. Se interesa por las revistas, colecciones, quiere ser héroe, etc. Es buen momento para dejarle, si lo cree oportuno, leer escritos ligeros sobre toros y contarle historias de los grandes héroes de la Tauromaquia. Sobre todo hacer énfasis en las anécdotas, en los hechos misteriosos, en  toros y toreros de leyenda por su bravura y maestría, etc. Todo ello, si puede ser sin largas descripciones, ya que todavía es un niño y se pueden cansar enseguida. 

Hacemos una parada en el camino antes de retomar las dos últimas etapas de esta "aventura", para recordar al lector que todos estos periodos de la vida del niño, no tienen porqué ser exactas, y si muy variables. Dependerá siempre del entorno, del medio y las circunstancias y gustos individuales. Además, no se pretende que este escrito sea un compendio "obligatorio" para todos los niños, cada padre elije la educación para sus hijos, algo que es normal y alabo. Además,la aparición de otros intereses por parte del niño, no tienen porqué dejar de lado o que terminen otros, la Tauromaquia pretende ser uno más entre todos.

Tomado aire, reanudamos la marcha. Paramos esta vez en el periodo que va entre los diez y los doce años. Aquí comienza a darse cierta inestabilidad anímica y conceden más importancia al grupo, sintiendo la necesidad de que le "aprueben" en él. Por ello tenemos que hacerle sentir que tener gusto por la Tauromaquia es algo normal, no aleccionarle para su defensa a ultranza, sino que se vea como una actividad más dentro de las aficiones de los otros, y si entre éstos, hay también quienes se interesan por el Arte de Torear, mejor. Ahora aparecen ideas propias, quiere explicaciones lógicas a la Fiesta de los toros. Es bueno que esas explicaciones las vea en una plaza con nuestra ayuda. La importancia de este periodo para la afición de los toros, es que aparece por primera vez el sentido ético y estético. De ahí que tiene que tener claro que ser aficionado a los Toros es tan ético como el que se aficiona al fútbol por ejemplo, e intentar que sienta la estética del toro y del torero. Muy importante las fotografías para ello.

Tras esta etapa en la que se ha llegado a su máxima capacidad perceptiva e imaginativa, queda la última parada, muy breve, en los trece años. Una edad en la que aparece el amor, en todos los sentidos, pero también el concepto de libertad como conquista personal. Sería bueno hacerle ver que esa Libertad es la que tiene para ser amante de la Tauromaquia, para acudir a una plaza de toros como el que acude a un museo, a un teatro, a un campo de fútbol... 

Fin del viaje. Echamos la vista atrás, y reiteramos que no es un aleccionamiento, si no contar una experiencia y vivencia personal que puede servir de ayuda para quienes tengan hijos que, desde pequeños quieran conocer el mundo de los toros, y crezcan como hemos crecido los demás con una afición más, normales, algo que en la adolescencia si se tiene interés y motivación, puede convertirse en su gran pasión, como la mía, como la vuestra.

Foto:
Famosa instantánea del gran fotógrafo barcelonés Oriol Maspons

viernes, 7 de noviembre de 2014

El "Fin del Arte", según Anoet


Todo el mundo habla de la carta de ANOET y a mi, aunque más tarde que muchos, me gustaría dar una visión algo diferente, osea tratado desde el Arte y comparado con otras "apocalipsis" que han saltado a la palestra a lo largo de la Historia.

En numerosas ocasiones, a lo largo de los siglos, se ha diagnosticado como inminente la muerte del arte. Pero el peligro de esta premisa claramente definida en la carta de los empresarios, está en el acecho de los antitaurinos agazapados y dispuestos a saltar sobre la presa, en el momento que ésta tenga me mínimo descuido. ANOET, debería haber sido más cauto en sus afirmaciones sobre la Tauromaquia, porque éstas no hacen más que convertirla en algo común, sin grandeza ni historia, y que a fuerza de repetir su "final", hacen desaparecer los valores de quienes actúan en ella, (toreros, ganaderos y subalternos), y de quien apostamos por mantener viva nuestra afición.

En pleno siglo XXI, los empresarios taurinos han hecho suyas las equivocadas atribuciones que marcaron a Hegel sobre el final del arte. Es cierto que, queramos o no, la Tauromaquia es un arte que siempre está mirando al pasado, pero no es peyorativo, es más es necesario porque es un arte ancestral, un combate único donde todavía se celebra el rito, donde un animal da su vida, y donde un hombre, también. Pero eso no significa que esté en vías de desaparición, al contrario, si todos sumamos, sabiendo que es arte y no negocio, progresaría cada vez más.

Este pseudo fin que vaticinan los empresarios no debe frenar el progreso de la Tauromaquia, ya de por sí ámpliamente cuestionada por la sociedad. El obsoleto sistema empresarial ha de dejar paso a ideas renovadoras que reivindiquen el valor de la cultura taurina, que rebatan a estos anquilosados mandamases la idea de progreso, el reconocimiento de un "pluralismo" cada vez más denostado en los carteles por toreros y ganaderías.

Señores de ANOET, sin dejar de mirar a la historia, sin dejar de ver la Tauromaquia como uno de los últimos ritos ancestrales, no puede predominar la idea de la continuidad inmóvil que ustedes llevan por bandera. La concepción de la Tauromaquia tiene que ser universal y completa, basada en el concepto de renovación perpetua, continuo progreso e innovación de las programaciones y marketing taurino. No traten de fracturar y dejen paso a las vanguardias, ya que, además de la amenaza exterior, con estas afirmaciones, (bajo mi punto de vista más con motivos empresariales que sinceros), el verdadero peligro son ustedes para la continuidad racional de un arte tan Eterno como es la Tauromaquia.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Sensaciones ante "El Angelus" de Millet, y el toreo de Jose María Manzanares en Bayona


Sigue en nuestra mente el adiós del maestro Manzanares. El sábado el programa taurino de TVE, Tendido Cero, realizó un magnífico monográfico sobre su figura. En él está el propósito de este artículo. En él volví a recordar un toreo al natural en Bayona, con tanta despaciosidad, tanta cadencia, tanta atmósfera que me transmitió en su día lo mismo que cuando estuve ante uno de los cuadros más famosos del realismo frances, El Angelus, de Millet.

Tanto el cuadro como el toreo de Manzanares en Bayona me "dijeron" que, aunque estaba ante dos obras realistas y crudas como son la dureza de los campesinos del siglo XIX y la Tauromaquia, los dos consiguieron que no fuera exacerbado, ni la escena ni el toreo. Manzanares con esos pases me dió una tranquila descripción del toreo, como Millet lo hizo de la tierra y de los hombres. El maestro alicantino transmitía una paz inmensa. La cadencia y despaciosidad de su toreo en Bayona eleva tanto el espíritu de quien se dice aficionado a los toros que llegué a la religiosidad del mismo, y por momentos casi al misticismo.

El toreo que Manzanares desplegó esa tarde en Bayona me llenó de paz. Majestuosidad y poder para convertir la dureza de la Tauromaquia, del valor de una obra frente a un toro, en algo de una transcendencia procedente del espíritu, como ocurre con el cuadro de Millet. De cada pase emanaba una dulce melancolía, incluso nostalgia. Me pareció que como los campesinos de El Ángelus se resignan cristianamente ante su situación, Manzanares aceptaba sosegadamente el esfuerzo que supone torear. Los campesinos del cuadro aman el trabajo y lo aceptan, como el maestro Manzanares amaba el toreo y aceptó esa tarde torear "en paz" a pesar del riesgo.

He querido transmitir mis sensaciones ante el toreo al natural de Manzanares en Bayona comparado con lo que sentí la primera vez que vi el cuadro de Millet. En el se retrata el momento en el que el día va a desaparecer, y dos campesinos oyen dar el Angelus. Se levantan, se paran y, de pie, con la cabeza baja, pronuncian las primeras palabras del ángelus: Ángelus Domini nuntiavit Maria. Lo mismo que hice yo cuando Manzanares se fue a por la espada: paré y recé, no se a quien, pero recé...

Imagen:
El Ángelus de Millet , (Museo de Orsay, 1857-1859. Óleo sobre lienzo, 55.5 x 66 cm) y un pantallazo de Tendido Cero de Jose María Manzanares en Bayona.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...