viernes, 28 de marzo de 2014

Juan Mora y Leonardo Da Vinci. La Injusticia de ser libres


Pueden parecer exageradas estas palabras, pero uno, que por suerte o por desgracia (más por suerte), ha tenido que leer bastante vidas de artistas de casi todas las épocas, recordando quien había sido Leonardo Da Vinci, me vinieron a la cabeza las dificultades que tuvo, como otros artistas e inventores, para poner en práctica su arte y sus conocimientos, algo parecido a lo que le está ocurriendo a otro artista de nuestros tiempos. Hablo de Juan Mora.

Y es que la vida y existencia de grandes poetas, artistas, e inventores no fue un camino de rosas, Roger Bacon, Miguel Servet, Galileo, Arquímedes, el mismo Leonardo...sufrieron el odio y la conspiración de los hombres y elementos. En la Tauromaquia hay un torero que incomprensiblemente no ha escapado a esa ley común de los verdugos insensibles del olvido. Juan Mora no ha "vendido" sus secretos al sistema, ha conocido pruebas duras porque nunca ha dado la cara a todo tipo de encastes y toros, y ha sido libre para expatriarse en su Arte, del que ahora no podemos disfrutar por su injusto destierro.

En estos momentos, una injusticia se apodera de la Tauromaquia. Los contemporáneos han antepuesto el negocio a lo que debería ser la competencia y el disfrute por el arte de torear. En el caso de Juan Mora, siguen sin testimoniar su gratitud a quien ha dejado, y todavía guarda, tantas tardes de gloria en el Arte de Torear, tanto toreo trascendente. Juan, torea para sí, para su satisfacción personal y eso es lo que transmite al tendido.

No hay derecho que los aficionados nos quedemos sin su Tauromaquia. Para encontrar a Leonardo hubo que hacerlo a través de manuscritos inéditos y hasta el siglo XIX no comenzó a hacérsele justicia, por ello deberíamos todos aprender de los fallos de la historia y dar un nuevo impulso a Juan Mora, ejemplo de libertad, superación y tauromaquia, ya que igual que el genio florentino dejó muchas obras inacabadas y no por ello dejaron de ser Maestras. No quitemos al torero el privilegio de entregar su toreo a la admiración del público, porque todavía lleva dentro la inspiración primera.

Imagen:
Plasticidad de Juan Mora frente a un Victorino en Sevilla: Foto: Arjona. Santa Ana, la Virgen, el niño y San Juan, Leonardo da Vinci 

jueves, 20 de marzo de 2014

Morante de la Puebla y Finito de Córdoba, el arte por vocación


Como esto se trata de emociones, ayer, y tras ver repetida la corrida, tengo que hablar de dos artistas diferentes: Finito de Córdoba y Morante de la Puebla. También es de agradecer que al "amigo" tercer toro El Juli intentara realizarle por momentos una faena artística en vez de las "guerreras" a las que nos tiene acostumbrados, y es más preocupante que Manzanares fuera conformista con la derecha en el cuarto, cuando el pitón que tenía la guasa y la gesta de torero, era el izquierdo. Pero de lo que hoy tratamos en el apunte es del misterio...de Finito y de Morante.

Ayer pudimos comprobar cómo el carisma del torero de Arte dista de ser uniforme. Finito y Morante, antes de hacer el paseíllo y para quien no los conozcan, pueden parecer iguales a sus compañeros, pero cuando salta el toro al ruedo aportan la habilidad innata, la sensibilidad plástica y el sello individual de sus personalidades, para transmitir a través de sus obras una espiritualidad inmensa y misteriosa.

Cada detalle de Morante con el capote y de Finito con la muleta es una evolución plástica. Son toreros místicos, con vocación artística que hacen captar la belleza de una verónica y la plasticidad de un muletazo como creación.

Podría ser por edad, pero entre estos dos artistas no hay filiación de maestro a discípulo, ni en formas de torear pero su relación se encuentra en que los dos persiguen el mismo fin y del mismo modo, el arte de torear. La forma de torear con el capote, encajada, moviendo los brazos con la sutileza de como se duerme un niño del de la Puebla, y el relajo y el desmayo poderoso del toreo de muleta del de Córdoba los transforma en seres diferentes del resto de toreros. La lástima es que muchas veces se haga ante toros sin poder, como ocurrió ayer en Valencia.

Lo que hacen no es arte para agnósticos sino para creyentes, torean para aficionados que no temen exteriorizar su interior cuando la emoción aparece. Aún estando en los tendidos público festero disfrazado de afición al que le da igual como y porqué se toree, el toreo de Morante y Finito, tiene otros fines, lo cual yo se lo agradezco.

Imagen:
Montaje de dos fotos de Rullot para aplausos.es

miércoles, 19 de marzo de 2014

La casta como principio de unidad de la Tauromaquia

¿Qué es la emoción del Arte de la Tauromaquia?. La frialdad de la inteligencia humana no puede convertirlo en concepto. Ayer sin embargo pudimos acercarnos a ella por momentos e intentar captar su esencia desde los tendidos o por televisión, gracias a donde mejor se manifiesta, en la casta y bravura mostrada por los toros de Victoriano del Río.

La casta en el toro, la bravura, es la que hace este Arte bello. Se requieren muchos elementos, es verdad, pero cuando hay un toro que impone por su comportamiento nos olvidamos de la monotonía, de la embestida sin emoción y, digámoslo sin remilgos, fácil y que solo hay que acompañar con las telas.

Pero a lo que me quiero referir es a que cuando hay casta, se palpa el peligro y aparece el "drama", entonces, aparte de gustos, se valora todo lo que se realice por el torero en el ruedo, y esto es lo que a la postre une a toda la afición. La Tauromaquia es una pluralidad de gustos e interpretaciones pero es necesaria que la gobierne un principio de unidad, que sin duda es la casta.

El principio unificador es la bravura y casta del toro, la difícil, la que llega a los tendidos, eso es lo que nos dará valor al ideal concebido que tenemos por Torero. Sin ese principio unificador cada día nos damos cuenta de que no hay belleza identitaria, sino un caos de interpretaciones informe que llega a duros enfrentamientos entre aficionados y profesionales. La casta, como capacidad combativa del toro, es la que imprime sello a la obra de arte taurómaca. Si permanece fuera de este principio de unidad dejando paso a la "nobleza" y/o "calidad", se produce la fealdad. El toreo será un episodio inconexo, incoherente sin peligro transmitido sin emoción al tendido, y que, al final, hace que se vuelva a la desunión de la afición.

Los toros de Victoriano del Río nos pusieron a todos de acuerdo en que cuando hay casta, todo lleva al orden de lo que se entiende por Arte de la Tauromaquia: Un  hombre intentando dominar a un animal fiero y combativo, y una vez conseguido crear arte.

Para terminar desear la pronta recuperación al maestro Enrique Ponce, que una vez más en el toro que pudo matar dio una lección de terrenos, tiempos, toques y distancias, que comenzó con uno de los inicios de faena más inteligentes de los últimos tiempos por la condición del toro. Ánimo Maestro.

Foto:
Toro de ayer de Victoriano del Río. Foto: Rullot para aplausos.es

martes, 18 de marzo de 2014

Zalduendo o el daño de la indiferencia hacia el ruedo


He cogido el gusto yo a esto de dejar un apunte de opinión artística sobre la corrida del día anterior. El de hoy será breve, la corrida de Zalduendo no merece menos.

El mano a mano por parte de los espadas llegaba repleto de interés: Castella y Perera, como debe ser un mano a mano entre rivales, fuera y dentro del ruedo. Hasta ahí todo correcto.
Luego las dudas que nos generaban los animales elegidos, erróneamente, de Zalduendo se encargaron de cumplir las expectativas: Vacío.

De buena lámina (recordar que el ganadero llegó a casi pedir disculpas por el trapío...es lo que hay), estos animales no aptos para saltar al ruedo se encargaron de transmitir lo que peor puede pasar a una disciplina artística, la indiferencia.

Las embestidas desfondadas, sin peligro, no debieran tener cabida en la Tauromaquia porque ésta es el arte de la sensibilidad, de los sentidos, de las emociones, de la capacidad de que cualquier manifestación artística que haga el artista en el ruedo sea sensible y transmisora de emociones.

En una plaza de toros puede darse el disgusto por la mansedumbre, por la falta de fuerzas, etc, pero el daño que hace Zalduendo es que cuando sus toros saltan al ruedo se da la indiferencia. El disgusto por el comportamiento del toro puede llevar a interesarse por él y por ello, por interesarse por el porqué, se puede llegar a conocer más al toro, pero el descastamiento que desemboca en la indiferencia solo lleva a eso, a la indiferencia.

Lejos de los que piensan que todo debe ser alabable, yo creo que cultivar un sentido crítico hacia esas "pantomimas" de lidias es importante ya que permite situarse ante gustos por distintas sensibilidades artísticas, cánones y actitudes estéticas, pero nunca ante la indiferencia, esa que crean los Zalduendos.

lunes, 17 de marzo de 2014

La tarde de ayer de la Feria de Fallas: Esperpento e Insulto al Arte de Torear


Lo diré claramente fruto de mi enfado: la tarde de ayer fue un esperpento y la vuelta al ruedo del sexto toro de Núñez del Cuvillo y posteriores declaraciones de su ganadero, un Insulto al Arte de la Tauromaquia en toda regla.

Tampoco exculpo a don Merenciano, presidente y culpable del esperpento de ayer, sí esperpento, porque por mucho respeto a los diferentes gustos que se tienen dentro de la Tauromaquia, que lo tengo, que respeten a mi al llamarlo esperpento porque según la RAE es : "1. m. Hecho grotesco o desatinado. (2. m. Género literario creado por Ramón del Valle-Inclán, escritor español de la generación del 98, en el que se deforma la realidad, recargando sus rasgos grotescos, sometiendo a una elaboración muy personal el lenguaje coloquial y desgarrado, esta no tiene cabida ya que como bien me corrige Don Javier Villán, hay que tenerle un respeto por ser la "máxima genialidad del teatro de Valle y del mundo mundial" ). 3. m. coloq. Persona o cosa notable por su fealdad, desaliño o mala traza.".

Pero vamos con la falta de autocrítica y falsos pensamientos (quiero creer que solo es cuestión de marketing y que interiormente no cree que ese toro flojo, descastado y de infinita nobleza rayando la bobería, fue merecedor de la vuelta al ruedo), de Álvaro Núñez Benjumea.

La Tauromaquia moderna, (triunfar como y a costa de lo que sea), ha hecho que ganaderos jóvenes se encuentren en una encrucijada desconcertante. Podrían seguir creyendo en el toro bravo, difícil y encastado que siempre ha caracterizado a la Tauromaquia como un hecho para elegidos, pero han optado por regodearse en ensalzar animales colaboradores, flojos y que entregan su vida antes de luchar por ella. Si su actitud fuera un poco más crítica y no faltaran a la verdad de lo que debe ser un toro merecedor de vuelta al ruedo, (como ayer hizo  Álvaro Núñez), podrían ser quienes trasladaran a la afición y al público en general la necesidad y el potencial del toro bravo, aquel que es poderoso, que hay que dominar durante la lidia y que al final saque la nobleza necesaria (que no bobería y facilidad), para realizar el Arte de Torear.

Sin embargo, el ganadero joven de hoy (salvo clarísimas y honrosas excepciones, de lo cual me alegro), se encuentran enredados en una maraña de convenciones predecibles, sometidas a un sistema de figuras que buscan la facilidad, y que ciertos periodistas afines a ellos se están encargando de hacer como válidas y trasladarlas, engañosamente, al público y afición.

Esta es la confusa y degradante situación a la que nos enfrentamos en estos duros momentos para la Tauromaquia, cada vez más arrinconada aunque no lo veamos. Este es el panorama que lleva a todo el mundo del toro a volverse cada vez más vocinglero. Ayer Álvaro Núñez en unas, desafortunadas creo, declaraciones posteriores a la corrida, hizo gala de un autobombo exagerado, una eterna celebración por el toro noble, con apenas bravura para pelear los tres tercios, y que creo lo hizo temeroso de que siga pasando inadvertido para las figuras del toreo.

Se que son palabras duras y pido perdón si pueden molestar a alguien, pero esas declaraciones, me parecen una frivolidad y apología del triunfalismo del "todo vale" que se está apoderando de profesionales y tendidos.

Desde mi enfado diré como empecé que la tarde ayer, lejos de gustos respetables que reitero, los respeto, fue una importante degradación del Arte de Torear.

Imagen :
Objeto kitsch de tienda de los chinos, y la vuelta al sexto toro de la corrida de Núñez del Cuvillo. Foto: Rullot para aplausos.es

viernes, 14 de marzo de 2014

Jiménez Fortes, un Kouroi del periodo arcaico en Valencia


El periodo arcaico en la antigua Grecia (siglos VII-V a. C.) fue escenario de una profunda transición artística. Unos de los fenómenos culturales de relevancia, (a parte de otros muchos), fue el paso de la épica a la lírica como modalidad poética, el nacimiento de la filosofía y los preámbulos de la tragedia. Ayer, en Valencia, un muchacho malagueño se arrimó tanto que cada cite era ese preámbulo, y con su actitud hierática y valerosa, pasó de la lírica dominante de la Tauromaquia triunfal a la que estamos acostumbrándonos, a la épica de poner el cuerpo a merced del toro y por consiguiente, del Arte de Torear.

Saul Jiménez Fortes fue una figura arcaica al tomar como modelo las ideas maestras de la civilización egipcia. El malagueño, con sus cites, adquirió como referencia la estatuaria egipcia pero a la vez desmarcándose al mover las telas. Me explico.

Como en el periodo arcaico, el prototipo que representó Jiménez Fortes conservó muchas propiedades del precedente de la estatuaria egipcia: hieratismo, rigidez e inmovilidad. Su toreo fue así aunque cuando conseguía embarcar al toro, se adivinaba la búsqueda de volumetría en cada lance. El valor seco acrecentaba el hieratismo, pero los pliegues y los vuelos de la muleta en los embroques y remates fueron capaces de aumentar la sensación de dinamismo, necesaria en un Arte como es la Tauromaquia, un Arte de estatuas en continuo movimiento.

Imagen:
kouros de anavyssos y Jiménez Fortes en Fallas 2014. Foto Rullot para aplausos.es

miércoles, 12 de marzo de 2014

La concentración en el Arte de Torear: Álvaro Lorenzo en Valencia

Ayer en la novillada de Valencia, algo que me llamó poderosamente la atención fue el gesto de concentración del novillero Álvaro Lorenzo durante toda la tarde. La expresión es esencial en el Arte y Álvaro denotaba la del compromiso.

El arte de torear es una imitación de la expresión, por ella se desprenden las intenciones y la psicología con las que se salta al ruedo. La expresión en la cara del torero dice lo que quiere expresar. El toreo se convierte en el contenido anímico expresado en el rostro del artista, de ahí que esa concentración de Lorenzo se viera en sus actuaciones.

El Arte de torear es expresión y ayer antes de la concentración reflejada en el rostro de Álvaro Lorenzo, se encontraban seguro las ganas de crear igual que al escultor le apetece crear ante la piedra virgen, ante la arcilla o el metal primitivo, el poeta ante el papel en blanco, el pintor ante la tela...

La concentración hizo que se pudiera desprender de su propio cuerpo y lo pusiera al servicio del toreo. Es importantísimo que en la Tauromaquia se ponga en marcha toda la energía mental y física para poder poner en práctica la inspiración en el momento justo, porque como dijo Federico García Lorca "estará muy atento a las mil bellezas y fealdades disfrazadas de belleza que han de pasar ante sus ojos", si pasa esa belleza (el novillo o el toro), y se está concentrado, solo hay que dejar actuar al cuerpo, como ayer Álvaro Lorenzo.

Foto:
Álvaro Lorenzo, mirada concentrada (No se el autor, está en su twitter) @Alvaro_LorGut

viernes, 7 de marzo de 2014

El Arte de Torear: Crear Belleza con la Muerte

Se que este escrito puede no ser del agrado de muchos aficionados pero una conversación mantenida esta mañana en twitter, con @javiertorear @santanadeyepes @FJimenez92, ha hecho que intentara reflejar lo que pienso sobre el Arte de Torear.

Soy defensor de que la Tauromaquia es un Arte, este es el sentido primario de este blog. Pero no hay que olvidar que es un Arte en el que se muere. Este es un hecho trascendental y radical: todo hombre que se expone a un toro bravo, tiene en mente que puede morir. El sentido del arte del toreo no debe olvidarse nunca que es un hombre jugándose la vida frente a ese toro.

Ahora bien, esta realidad de que la muerte está presente en los pitones de los toros se convierte en fuerza creadora. El toro, ese continuo "motivo de reflexión", de profesionales y aficionados, es fuente de arte y belleza cuando el hombre se enfrenta a el con sus recursos y movimientos generadores de "esculturas" efímeras.

Al Arte de Torear lo que le hace diferente a los demás es que se puede morir, pero morir generando belleza, entregando la vida heroicamente, con elegancia y, de ahí la admiración que suscitan los toreros, creando arte y belleza una vez dominada la fiera.

En la Tauromaquia, como digo y guste o no oírlo, no podemos olvidar que se muere de verdad, esa debe ser la premisa, es algo que afecta cada vez que se salta al ruedo. Hoy día parece que solo se busca en una plaza de toros la "fiesta", el "arte"...parece como si el toro no pudiera afectar lo que se hace en el ruedo...sería un error que dejáramos de mirar al albero sabiendo que se está creando arte sí, pero ese tiempo es también y en primer lugar, el de la lucha por la vida.

Imagen:
Mirada de un toro de Adelaida Rodríguez: Foto Rubén Arévalo
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