martes, 14 de octubre de 2014

La independencia perdida de un artista que nos ilusionó

Mucho se habla de independencia en la Tauromaquia. Hubo un tiempo en que todos creímos en un artista que atisbaba una revolución completamente ajena al sistema, y a la Tauromaquia puramente empresarial y económica.

Un artista que daba la impresión de contemplar la Fiesta de los toros con gozo, que se emocionaba con la seguridad que daba la belleza creadora, que no trataba de sacar provecho subiéndose al carro de las corridas mediáticas.

Un artista desinteresado en torear un solo encaste, un desinterés parcial con respecto a todas las sangres a las que se enfrentaba. A todos nos ilusionó la pureza original, tanto en las formas de su toreo, como en la manera de guiar su carrera lejos del "mundanal taurinismo imperante". Sin embargo, este año, ha demostrado como esa esperanza no pasó de ser una utopía; ese artista se ha adherido a los carteles mediáticos, tragando con un único encaste, cambiando orejas por independencia, pasando de ser la ilusión de muchos aficionados de reencontrarnos con la auténtica figura del toreo que no hacía ascos a nada, a nadie ni a ningún coso, a ser un adaptado más al sistema.

Tan solo esperemos que este artista se decepcione con la realidad que le han impuesto, que no sepa desenvolverse dentro de esos carteles de "bocata, vino y Paquito el Chocolatero", y que busque los sentimientos con los que nos hizo albergar esperanzas, que vuelva a sentirse libre de ataduras empresariales, y que cultive su toreo y su apuesta por todos los encastes, algo que enriquecerá a la postre su Arte de Torear.

Ese tiempo en que albergamos esperanzas no es tan lejano, y el torero se llama Iván, Fandiño para los, todavía, perdidos.

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