lunes, 6 de octubre de 2014

Diego Urdiales y Masaccio. Revolucionarios del Arte


Sigo en shock, por eso retomo esos post en los que comparo a dos figuras del arte a lo largo de la historia. Tras lo presenciado ayer en Las Ventas hoy toca el turno de dos artistas que revolucionaron el arte, (y ya lo digo en pasado), de sus tiempos: Masaccio en el comienzo del Renacimiento y Diego Urdiales a comienzos del siglo XXI, cuando la Tauromaquia más plana y decadente acechaba con arrasar cualquier esperanza.

A comienzos del siglo XV apareció en escena un pintor que revolucionó la forma de pintar y abrió las puertas del Renacimiento: Tommaso di Ser Giovanni, más conocido como Massacio, quien con tan solo veinticinco años revolucionó el Arte de la pintura. A finales del XX, con absurda y poco generosa actitud, el Sistema Taurino olvidó incomprensiblemente a un joven de Arnedo apartándole de los carteles. Su nombre es Diego Urdiales, y a principios del siglo XXI, ha vuelto (aunque nunca se fue) para, como el joven se Arezzo, revolucionar la disciplina del arte en la que destaca, ha vuelto para revolucionar el Arte de Torear.

Masaccio, en la capilla de la familia Brancacci de la iglesia de Santa María del Carmine, en Florencia, innovó al pintar los frescos dotando de solemnidad temas banales del nuevo Testamento. Colocó las figuras alrededor de Cristo, individualizó a cada figura, trató las capas como esculturas y dio sentido de existencia en el espacio.

Pero lo que de verdad aportó es algo que Diego Urdiales retomó ayer frente al saltillo de Adolfo Martín, "Sevillanito", en la plaza de las Ventas. Diego, al igual que la pintura del maestro italiano, ejecutó el toreo sin el uso de la linea. Ésta solo venía dada cuando la forma de sus pases creaba una masa armónica, de luz y color en la pintura de Florencia, con la muleta y el toro en la plaza de Madrid. Diego, no necesita modelos, el toreo real es para él inspiración. Con la sencillez del sitio que pisa, con la delicadeza poderosa que mueve las telas al natural, arroja  luz en la Tauromaquia dotándola de realidad.

Emociona ver como se realiza el toreo, como junto al toro, crea figuras majestuosas como ya lo hizo Masaccio al crear en su pintura un espacio tridimensional y monumental con el solo uso de la luz real que aparecía en la ventana derecha de la capilla.

El sentido del toreo de Diego es tan real, es tan palpable que tenemos que olvidar necesariamente faenas de otros cantan como cumbres cuando te das cuenta de que son simples pases en linea. El toreo es composición, cuanto más simple y sin esforzadas figuras, mejor. La grandeza con que Diego ejecuta la escena hace que, repasando mis apuntes de la carrera recuerde las palabras de Cristoforo Landino, el comentarista de Dante en el siglo XV, quien calificó el arte de Masaccio como "puro, senza ornato" ("puro, sin adorno").

Diego Urdiales se ha convertido en un tema serio, un torero de culto que desaconseja mitomanías, atropellos o temeridades al atribuir "faenas cumbres" a simples pases con algo de composición y ligazón por parte del, cada vez más corrupto, sistema taurino. Al igual que el artista italiano obtuvo su interés cuando se restauró la capilla del Carmine y se encontraron los frescos ocultos por una capa del polvo, ahora Diego ha salido, para algunos, a la luz. Su toreo se ha convertido en un corolario pedagógico del toreo, porque lo que ha plasmado en los ruedos durante esta temporada ha aclarado la revelación del verdadero Arte de Torear.

Ahora que por fin el toreo del maestro de Arnedo ha sido "redescubierto" y aclarado, hay que hacerlo extensivo para salir de la crisis de afición y comodidad del toreo que vivimos, cada vez más en linea y rozando la vulgaridad, como en Florencia del siglo XV la pintura salió del gótico para hacerse luz.

Imagen:
Montaje Diego Urdiales en Madrid, (Foto Juan Pelegrín para Las-ventas.com), y Frescos de la Capilla del Cármine (Florencia), Masaccio.

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