lunes, 29 de septiembre de 2014

El torero ante las dificultades del toro bravo


La novillada de Baltasar Ibán en Arnedo me ha hecho reflexionar sobre la Tauromaquia y las dificultades del toro bravo.

En esta modalidad artística que es el Toreo, parece que es tabú entre los espadas la búsqueda permanente de nuevas formas de representación y por tanto de lidias. Nadie se ha parado a pensar que este puede ser uno de los hechos por lo que la Fiesta de los Toros haya entrado en una preocupante crisis de espectadores.

En todo Arte se ha gozado de buena salud cuando se ha optado por facilitar los medios para la innovación. En los toros, por el contrario, se ha optado por el conformismo y la monotonía en la elección de ganaderías que lleva a un espectáculo aburrido, como por ejemplo se ha podido ver en la pasada Feria de San Miguel de Sevilla: un fiasco ganadero, artístico y de público sin paliativos.

Un ejemplo, cuando se reconoció a la fotografía la categoría de Arte, se habló de crisis, y los pintores cuestionaron esa representación de la realidad. Pero por suerte, hubo artistas como Duchamp que evolucionó representando objetos cotidianos para elevarlos a arte. Con esto quiero decir, que todo fue que evolucionaron apostando por nuevas estéticas y, afortunadamente, incorporando nuevas expresiones artísticas. En los toros no ocurre eso.

En la Tauromaquia ya no hay retos, no hay una búsqueda de nuevas formas frente a todo tipo de toros, no hay experimientación. La tarde de Baltasar Ibán de ayer en Arnedo dejó claro que el artista del toreo del siglo XXI se ha recluido en un tipo de encastes con sus embestidas, cuanto menos dificultosas mejor. Se ha distanciando del Arte de la Lidia, solo preocupa dar pases en la faena de muleta, y a veces, las menos, con el capote.

Las figuras, que son en las que se fijan las nuevas generaciones de toreros, deberían  abrirse a la experimientación, a encontrar nuevos retos y formas frente a todo tipo de toros desarrolando la Lidia, esa que emociona sin necesidad de adornos, superando las dificultades con la necesidad de modificar su toreo monótono. En definitiva, el torero debe superar las dificultades del toro encastado para volver a emocionar en los ruedos, adecuarse a todas las embestidas, a la noble, a la fiera, a la encastada, a la brava, a la geniuda, a todas, y mostrar que posee las condiciones especiales para ser llamado Torero, y si las supera Maestro del toreo.

Foto:
Fernando Rey con "Costurito" de Baltasar Ibán, en Arnedo. De CARMELO BETOLAZA para aplausos.es

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