lunes, 8 de septiembre de 2014

Apuntes de mi fin de semana en los toros:Encabo en Madrid y Baltasar Ibán y Escudero en Villaseca.


Comencemos por el sábado. Hasta Villaseca de la Sagra nos fuimos a disfrutar de la novillada de Baltasar Ibán dentro de su certamen Alfarero de Oro. Gran organización por cierto, una gran feria a pequeña escala, mi enhorabuena. Pero vayamos al toro.

El Sábado se confirmaron mis esperanzas. Hay un novillero que realiza hoy día el arte de torear más puro del escalafón menor: Martín Escudero. Frío en las formas, (para calentar a los públicos ya están los toreros "cheerleaders"), pero que pisa unos terrenos donde se hace el torero. Nada de trazar circunferencias como hoy día hacen los mal llamados "rotundos", Escudero enseña los muslos, carga la suerte e intenta rematar siempre atrás de la cintura, rechazando el "tiralineas". Si tuviera suerte y las empresas se fijaran en él, podríamos estar hablando de cosas muy grandes...

Seguimos con Villaseca. Toca el turno de Baltasar Ibán. Fue un conjunto feo, basto, excepto el quinto, el prototipo de toro de la casa: Bajo, hocico fino y hacia adelante, pitones "para adelante" y astifino...y el más bravo del encierro. La afición, cada día más desentendida del toro bravo, no estaba al tanto del refresco de Ibán con los "aldeanuevas" de Pedraza de Yeltes, y hubo dos toros, 1º y 6º, que si me dicen que son de El Pilar lo firmo. Me explico.

Entiendo y estoy muy de acuerdo los "refrescos" de sangre en ganaderías de características tan fijadas y cortas, pero lo que no estoy de acuerdo es de buscar donde sea, es decir, hacer "experimentos". Para mi, cuando veo ganaderías sacadas de tipo, hace honor a que estos movimientos de sangres son "erupciones" de corta vida que pueden acabar por la destrucción. Ver a los Baltasar Ibán tan zancudos, tan bastos, y con un comportamiento noble, o peor, sin definición de "el va y viene", hace que mis esperanzas se marchiten y lo que verdaderamente fue Baltasar Ibán, quede impreso en mis páginas de la historia del toreo y coloque su libro en lo alto de una estantería para no volver abrirlo jamás. Lejos de lo que piensan muchos de que pueden ser experimentos interesantes, sus resultados no son concluyentes. La novillada no me gustó de hechuras, excepto el bravísimo quinto "Saltillo" de nombre y 12 de número, un Baltasar Ibán de toda la vida.

El otro tema que me interesa resaltar y titula este post, es la grata sorpresa que nos llevamos ayer en Las Ventas con Luis Miguel Encabo. Sorpresa entiéndase no por su carrera, que todos sabemos como ha sido, sino lo grato que supone ver a un torero que apenas torea, que lleva dos años "sin ver un pitón", con esa seguridad, con esa solvencia y aplomo que me atrevería a decir que hoy día está más puesto que más de la mitad del escalafón, (alguna figura del toreo incluida). Luis Miguel, de blanco y oro, parecía el confirmante. Que ilusión, que cabeza tan amueblada y valor. Además de la buena faena al segundo de Moreno Silva, buen toro con gran transmisión, estuvo en director de lidia toda la tarde, atento a todo. Participó en quites, acompañó a los picadores cuando se retiraban, realizó un quite milagroso cuando el toro hacía hilo a un banderillero de Marc Serrano...y lo más importante, sacó muletazos a un toracón brusco y fiero que hizo cuarto, hoy día al alcance de muy pocos.

Ojala que esta tarde le valga para volver al circuito, demostró que toreros como el hacen falta en el toreo.

Foto:

Martín Escudero, "Saltillo" nº 12 de Baltasar Ibán en Villaseca de la Sagra. Fotos Julián López para aplausos.es. Luis Miguel Encabo, saludando en Las Ventas. Foto: Juan Pelegrín para las-ventas.com

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