domingo, 4 de mayo de 2014

La memoria en la Tauromaquia: fragmentos sin escoger


Una de las grandezas del Arte de la Tauromaquia es cuando un detalle puede salvar una tarde de toros. La goyesca de Madrid fue un claro ejemplo para mi.

Andaba yo buscando algo para recordar en una anodina tarde en la que sólo Diego Urdiales había emocionado algo con el segundo y llegó. Fue en el cuarto, cuando Ferrera cerró en tablas al toro para que cogiera confianza y dibujó un natural largo, profundo, de los que quedan en la memoria.

Es difícil explicar para los que no pueden emocionarse con el Arte del Toreo, pero la memoria de un aficionado a los toros se construye por fragmentos sin escoger, dispersos de un arte que es una vivencia en sí. Lo que queda inscrito en la memoria no es ya el recuerdo, es la huella que deja un instante que hace que todo valga la pena.

La memoria, en un aficionado a los toros, nos ancla en el tiempo, volvemos al detalle y recordamos la emoción que sentimos pero, por el contrario, también nos llena de continuidad en la búsqueda de emociones, que avancemos en nuestra afición.

En el Arte de Torear lo interesante es lo que queda de todo un cúmulo de experiencias: un toro, una suerte de varas, un par de banderillas, tres tandas de derechazos, una brega...todo lo que sobrevive a la erosión de la vulgaridad, ese elemento vivo que ocasiona el olvido...pero que con un natural como el de Antonio Ferrera el 2 de mayo en Madrid, hace que la afición siga sobreviviendo y recordando emociones, detalles, arte...

Foto:
Profundo natural de Antonio Ferrera en la goyesca de 2014. Juan Pelegrín para las-ventas.com

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