miércoles, 14 de mayo de 2014

Iván Fandiño frente al abismo que encierra la belleza


Decía Charles Baudelaire (crítico de arte francés de mitad del siglo XIX), que la modernidad es "lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte, cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable"...Está claro que en la Tauromaquia lo eterno es el toro e Iván Fandiño ayer se propuso, con su forma de entrar a matar, derribar la oposición entre ambos, él y el toro. Tirarse entre los pitones era el único medio posible para acceder a lo enterno, de convertir una faena, que si es cierto que tuvo cierto aire al natural, no iba a pasar de transitoria, en algo recordado, inmutable por mucho tiempo.

Fandiño, con ese gesto me emocionó porque sentí como un artista quiso alcanzar el acceso a la belleza por la pureza de tirarse a matar sin muleta. Se expuso al peligro y cada vez que nos viene a la memoria solo podemos imaginarnos los pitones del toro como los guardianes de un abismo que encierra la belleza infinita, original y eterna, de triunfar sobre la bestia.

La suerte de matar es un elemento fugaz, transitorio pero el más importante. Un torero no tiene derecho a "despreciarlo" por falta de concentración para realizarlo. Si un torero sabe que la faena no ha sido rotunda, pero tiene atisbos de convertirse en triunfo, no pueden caer en el vacío de la mala ejecución.

Agradezco a Iván que con ese gesto haga que lo retenga en mi memoria por mucho tiempo, no así la faena, pero el hecho de llegar a la ejecución definitiva de la obra, y aún sabiendo el peligro que corría al asomarse al "otro" negro abismo que puede haber detrás de los pitones, lo que pudo ser un recuerdo efímero, se ha convertido en un registro verdadero.

Foto:
Composición de "El Monje frente al mar" de Caspar David Friedrich (1808-1810) e Iván Fandiño tirándose a matar sin muleta en Las Ventas (13-Mayo-2014). Foto: Juan Pelegrín para www.las-ventas.com

1 comentario:

  1. Me parece fenomenal componer la hazaña de Fandiño de esa tarde con la obra de David Friedrich "Monje a la orilla del mar", pues es eso mismo; adentrarse en la solitaria penumbra de hacer algo poco común hoy en día, tras la monotonía de la Lidia que los toreros hacen y no dejan de hacer ante mismos encastes.
    Tal hazaña es digna del torero asceta, quien decide renunciar a la normalidad de la Lidia para introducirse en el aislamiento de hacer cosas nada comunes, pero que lo elevan a la gloria y memoria de los entendidos.

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