viernes, 16 de mayo de 2014

Enrique Ponce y el misterio estético de la inteligencia


Enrique Ponce en Madrid, 15 de mayo de 2014. Día del Patrón.

Poco importa como se consiga, no son reglas fijadas, la maestría es lo que ha de perseguir el torero. Ha de estudiar durante la Lidia al toro, sus complejidades, sus virtudes (por pocas que las tenga), y lo debe tener claro para ponerlo en práctica durante la faena de muleta.

Un torero, no se puede poner a "crear" sin haber observado al toro, sin tener la idea del "universo" que es el comportamiento de un animal, no coger la muleta al azar y sin conocer lo que puede dar de si, querer al mismo tiempo llegar al triunfo. Si se consigue así, es casualidad. Ponce, debido al conocimiento del toro, encuentra soluciones para otros toreros inauditas. La maestría no es algo que se produzca en un instante y sin previo aviso, sino un poder y conocimiento de los toros que va en aumento y que avanza a través del tiempo.

Ayer Ponce fue inteligente porque sabía que al toro, manso y descastado pero con algo de movilidad, si se le atosigaba se sentiría perdedor y se rendiría parándose. Por eso Enrique, por más que muchos se lo reprochen, dejaba ir y venir al toro para cuando más descuidado estaba, recetarle un pase estético. La invención, la espontaneidad es algo capital en el arte. Pero no olvidar que también lo es el mando, aunque para el toro de ayer, comprendiéndole, el mando era el enemigo.

Por eso la maestría de Enrique Ponce, estuvo ayer en la "livianidad" de su toreo y en saber que era lo que necesitaba en cada momento el toro, por más que a muchos nos guste el toreo de poder frente a toros fieros, a veces la inteligencia es merecedora de de atención.

Imagen:
Enrique Ponce ayer en Madrid y el presunto retrato de Brunelleschi, Masaccio, San Pietro in cattedra (1423-1428), Capilla Brancacci, Florencia. Foto: Juan Pelegrín para www.las-ventas.com

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