jueves, 20 de febrero de 2014

La Salida a hombros y la Ascensión de Rembrandt

Puede parecer casi "impropio" y en otros tiempos "herético", pero hoy vamos a tratar de poner en parangón la Ascensión de Cristo de Rembrandt con la salida a hombros del torero.

Si los pintores trataban de plasmar en sus obras la encarnación cristiana como aspiración metafísica a la vida inmaterial de Cristo, el diestro, sube a los cielos de lo concreto, asciende por la obra artística suprema y más real que existe como es haber dominado a un toro con maestría y arte, causando el éxtasis entre el público.

Atravesar el túnel como un ser casi etéreo y que poco a poco "desmaterializan" entre agarrones y felicitaciones efusivas, el torero quiere mantenerse esbelto, mantener la mirada del amor, como la que intenta plasmar el pintor. En este momento no interesa tanto el cuerpo como la gloria que acaba de alcanzar.

Desde la calle vemos la figura de un hombre que en ese momento es Dios, adquiere un contorno en sombra fantasmagórico, y con los destellos del traje de torear, alucinante. Sube a los cielos de la Tauromaquia llevado por las nubes, que son los brazos de los seguidores.

La salida a hombros del Torero es un conjunto donde todo se deshace, todo se vuelve incorpóreo, pero con un sentido ascensional que llega a su culmen cuando la mirada del artista se dirige hacia la puerta que le elevará al cielo con esa expresión de felicidad casi mística, como consciente de que acaba de realizar una obra que es ya más de la eternidad que de este mundo: Una obra de arte frente al toro.

(Ruego me perdonen si alguien pudiera sentirse incómodo en sus creencias por la equiparación, nada más lejos de mi intención).

Imagen:
Ascensión de Cristo de Rembrandt salida a hombros de El Juli en la Maestranza de Sevilla. (Perdón pero no se el autor)

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