viernes, 10 de enero de 2014

El silencio "asceta" de José Tomás

Últimamente estamos acostumbrados a comunicados, entrevistas y reportajes sobre figuras del toreo, y toreros más modestos, donde exponen inquietudes, claman por una "supuesta" independencia y alzan la voz contra todo tipo de "injusticias". Pero hay un torero, (de "epoca" por mucho que a algunos no les guste verlo así), que se mantiene al margen. Un artista que decidió que su arte y la forma de vivirlo dejara de ser una continua muestra de discursos, de manifestaciones, para convertirlo en una actitud ascética. El es José Tomás.

Partimos de que la Tauromaquia de finales del siglo XX y comienzos de este XXI, ha pasado a un segundo plano (o tercero, cuarto, quinto...) en los gustos de la sociedad. Puede que sea por falta de comprensión para poder apreciar las emociones que se pueden conseguir asistiendo a una plaza. Puede que la culpa, tantas veces buscada, sea el hermetismo, la mitificación que se ha creado sobre sí misma, no se sabe. Pero no tan lejos en el tiempo el Toreo era considerado un Arte sin dudarlo, ahora es cuestionado en todas partes, incluso llegando a plantearse su existencia.

Se alzan voces por parte de toreros pero apenas llegan a nada. El arte de torear como expresión de la conciencia humana y el llegar a comprenderlo debería ser la guía. Ahí entra la figura que nos atañe en este post. José Tomás ha hecho suyo el lema de que el "silencio viene antes que la palabra". Su tauromaquia es una lección de la finalidad de este Arte. Es la expresión última del riesgo, y por ello hace comprender a propios y extraños que la muerte rodea todo lo que hace un torero en el ruedo. En definitiva este hecho es lo que la sociedad debe entender sobre la Tauromaquia para llegar a valorarla, un arte en el que se muere de verdad.

El Arte de José Tomás dejó de ser una serie de confesiones para convertirse en una actitud ascética. El solo conversa con el toro. El de Galapagar ha llegado a tomarse la vida como la de un religioso que se entrega al culto del toro y al arte en sí mismo. Los demás están hartos de buscar la "excelencia" pero para él eso ya no es suficiente. Su silencio se palpa incluso cuando torea, tornándose en el propósito mismo del arte frente al toro. Esa meditación continua como preparación espiritual para torear, es la que hace que se haya ganado el derecho, la majestuosidad y la esperanza de sus palabras, (de las que todos estamos siempre expectantes. TODOS).

El silencio, en el caso de José Tomás, es el ilustre gesto del artista, lo que le ha librado de ataduras y -en palabras de Walter Benjamin (filósofo y crítico literario alemán)- lo transforma en productor, patrón, cliente, consumidor, antagonista e intérprete de su propia obra.

El camino está exactamente en lo difícil, pero el artista lo supera en silencio. Como Jose Tomás.

Imagen:
José Tomás antes del paseíllo en el último festejo taurino celebrado en la Monumental de Barcelona. Foto: EFE

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