miércoles, 18 de diciembre de 2013

Maestros, figuras y "simples" toreros

Mucho se está hablando de las Figuras de hoy día a raíz del comunicado realizado por cinco de ellas, negándose a torear en Sevilla mientras esté su plaza regentada por la actual empresa. Hay quien defiende que no todos los males son los toreros, las Figuras. Por supuesto que no, pero se ha llegado a un punto que una Figura del toreo, un artista y maestro (se supone), se ha comenzado a ver peligrosamente como uno más. Me explico.

Un artista con las condiciones que se les presupone a un maestro del toreo, debiera ser un elegido, poseedor de las más altas cualidades entre muchos otros que aunque lo intentan, no podrán pasar de la media tabla del escalafón. Éstos, llamémosles (sin menosprecio) "simples" toreros, imitarían su actividad. Pero el maestro en el Arte de Torear, aunque también es un torero por dedicarse a este arte, es capaz de añadir sobresalientes méritos en la ejecución del arte, de enfrentarse a cualquier tipo de toro independientemente del encaste de donde provenga, ya que será capaz de improvisar sin alterar su valor, es decir, una Figura del toreo es la que debería tener recursos más que suficientes para sentar cátedra.

La Figura del toreo de otras épocas tenía esa cualidad, la capacidad lidiadora y artística necesaria para resaltar entre los "simples" toreros. Lidia, valor, arte eran las condiciones que figuraban entre sus méritos para ser considerado Figura del Toreo.

Nadie quita el mérito de ser torero, de "ponerse delante" del toro, pero lo que necesitamos la afición de hoy día es que nos demuestren porqué están ahí arriba y no solo haciéndolo mediante un tipo de toro, queremos que una Figura del toreo nos agite de entusiasmo con su facultad natural, su valor, su arte y que sea capaz de improvisarlo frente a todos los toros, no solo aquellos que embistan maquinalmente, repetitivos, queremos que nos devuelvan la fantasía que antaño suponía ver de cerca a un verdadero Maestro en Tauromaquia.

Imagen:
Paco Camino al natural en su magistral faena a "Serranito" de Pablo Romero en 1971. El Juli, frente a un Garcigrande en Sevilla.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Los remates afarolados,o el gustó por el rococó de lo intrascendente

Hace tiempo que no me asomaba por aquí , cierto, asumo mi culpa. Pedido el debído perdón, hoy quisiera tratar el tema de los remates preciosistas y afalorados en el toreo de capote y como lo efímero se antepone al verdadero contenido, o como lo suelen llamar ahora, el toreo esencial.

El movimiento rococó está impreso en estos lances, ya que el preciosismo se antepone a lo dramático de la Fiesta. Por lo general el artista de la Tauromaquia, al terminar una tanda con el capote, y tras recetar una Media Verónica, opta por lo accesible, por la Revolera, o por un remate afalorado que quita algo de dramatismo y turbulencia que es, o debiera llevar impreso, la Tauromaquia y la convierte en un mundo sugerente, amable y preciosista que induce al espectador a presenciar un espectáculo, llamémoslo, feliz.

Como en el rococó, en los remates se deriva hacia lo virtuosista o alambicado. Si la Lidia esencial podría ser el expresionismo barroco, los lances accesorios se convierten en una intención íntima del artista por agradar con un ánimo claramente decorativo. Se adopta un gusto por la estética de lo intrascendente.

Resumiendo, los remates afalorados podríamos decir que al igual que el rococó, se conciben para la deleitación, la sugestión y con la intención de querer rebajar la tensión del público.

Imagen:
Remate a una mano de José Tomás en Nimes (Foto: AFP PHOTO/PASCAL GUYOT). Y el salón central del palacete de caza de Stupinigi, Filippo Juvara

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