viernes, 29 de noviembre de 2013

El cambio de mano en el Toreo: Curva y Contracurva en el Arte

En geometría la linea es la figura engendrada por un punto que se desplaza. Pero en la estética es el trazo continuo en longitud, ya sea por un lápiz, un pincel, o una muleta (o capote). La linea se caracteriza por su forma recta (toreo el linea), quebrada, (trinchera), o curva (toreo en redondo), y puede ser tanto horizontal como vertical (pase de pecho).

Dicho esto me apetece escribir sobre un recurso en la faena de muleta como es el cambio de mano creando un juego de lineas cuya relación entre ellas genera la curva y contracurva, como ya ocurrió en la arquitectura barroca. Recuerdo uno sobre los demás que fue el de El Juli ante "Cantapájaros" de Victoriano del Río en la feria de San Isidro de 2007.

Su parangón en las otras artes lo tenemos en el arquitecto italiano Francesco Borromini y sus muros ondulados. Al igual que en los edificios creados por Borromini donde se daba flexibilidad a la piedra, en el cambio de mano, se transforma el toreo esencial, pétreo, en material elástico. La curva que acompaña al pase por el lado derecho, se convierte en contracurva natural al pasarse la muleta por la espalda y fluyendo en una forma completamente flexible, que emociona bastante estéticamente.

Las obras del arquitecto italiano era de pequeñas dimensiones, como el espacio de tiempo que tiene el diestro para pensar y enganchar al toro por el pitón contrario transformando el pase por técnica y fantasía, pero nunca haciendo concesiones al azar del capricho al decidirse a ejecutarlo.

En definitiva podríamos decir que el toreo esencial se regiría por un orden canónico, alterado por el cambio de mano describiendo una contracurva como hizo Borromini por ejemplo en la iglesia de San Carlo alle Quattro Fontane de Roma, y como hizo El Juli frente a "Cantapájaros" en Madrid, porque no olvidemos que los dos son artistas.

Imagen:
Momento justo después en el que El Juli cambia de derecha a izquierda frente a Cantapájaros y San Carlo alle Quattro Fontane (Roma) de Francesco Borromini. Foto: Juan Pelegrín para www.las-ventas.com

miércoles, 27 de noviembre de 2013

La Exigencia en el Arte de Torear

Día tras día vemos como hay ganaderos que están bajando el nivel de exigencia en los tentaderos a la hora de elegir los reproductores. Se está llegando a un punto que raya con el peligro de la pérdida de emoción al buscar incesantemente, productos "colaboradores" para el diestro. Bien es verdad que un toro se tiene que poder torear, eso es innegable, pero la Tauromaquia, el Arte de torear, requiere de un nivel de exigencia impuesto por los valores necesarios que implica una actividad en la que está presente la muerte.

Y es que hoy día, el ganadero está sometido a otras exigencias digamos "anestésicas". Por poner un ejemplo el ganadero sería ese escultor a quien se encarga una figura con unas características y quien se la pide es el torero. O ese pintor al que un poder político totalitario exige un cierto estilo para su beneficio.

El ganadero debe ser un "escultor" libre, que cuando vaya "tallar" la bravura del toro o la vaca en el tentadero, sea la emoción y la casta lo que exija las maneras que orienten su obra y por tanto el resultado final en el ruedo.

Y el diestro habrá de tolerar esa forma de elección basada en la casta no en la colaboración, asumiendo lo que ha decidido ser: Torero. Porque en el arte nadie está forzado a escribir una tragedia griega por ejemplo, pero cuando se emprende esa tarea se asume una obligación de respetar sus leyes, por difíciles que estas sean.

Una obra de arte en el ruedo tiene exigencias, por tanto los elementos llamados toro y torero, han de estar en interrelación. No se puede tergiversar esos nombres, no se puede pedir a un ganadero que seleccione solo "en nobleza" y si no lo hace bajo esa exigencia, no torear más sus toros porque si se hace eso se está destruyendo uno de los elementos de la obra de arte taurina, el Toro.

Por último, señalar que al torero se ha de exigir realizar la obra. Una obra taurina requiere abnegación, afición y estar dispuesto a enfrentarse a cualquier tipo de toros. El torero no debe renunciar al peligro, a la casta, en pos de la nobleza, el sentimiento profundo que un artista de la Tauromaquia debería tener es que se tenga lo que se tenga enfrente la obra estéticamente debe realizarse. Se debe estar dispuesto a todo. El torero debe exigir el peligro para sentirse realizado en la profesión que ha elegido y, porqué no, para existir como tal.

Imagen:
César Rincón con "Bastonto" de Baltasar Ibán en Madrid

viernes, 15 de noviembre de 2013

Los mediáticos y el Arte de Torear Kitsch

En este blog tienen cabida todas las artes y artistas del toreo. Existe cierto arte de torear que, aunque no compartido por muchos (entre los que me incluyo), encuentra sus límites en el triunfalismo, en los que parece que basta con tener habilidad "mediana" para encarar al toro y resolver los problemas básicos delante del toro.

Para mí el arte de Torear es otra cosa, y aunque guste a las masas y, ¡ojo!, creo es necesario, este arte tiene como objeto llegar al público por la vía más fácil (si es que estar delante de un toro puede considerarse fácil). Son productos Kitsch, hoy llamados mediáticos, y gozan de amplio éxito entre públicos festeros y asiduos a los programas de corazón.

Entre estos artistas encontramos a El Fandi, Manuel Díaz El Cordobés, hasta hace poco Francisco Rivera Ordóñez, etc. El arte de torear Kitsch va dirigido a un público que desea gozar sin involucrarse demasiado. El espectador que le hace el juego a la obra taurina Kitsch es el cómplice ideal  de quien la realiza en el ruedo, ya que: el arte de torear está destinado a producir placer y hoy día nos hemos acostumbrado a que lo que mejor lo cumple es lo que menos esfuerzo asimilativo exige. Es decir, gusta este tipo de toreo como gusta los programas donde se requiere el mínimo esfuerzo psíquico para entenderlos. Estos toreros se han dado cuenta, que este arte de torear es el más eficaz para su triunfo.

Y digo que son necesarios, porque si bien el arte de torear Kitsch o mediático satisface a un público escasamente entendido y por tanto interesado en la Fiesta de los Toros, puede ser una puerta falsa por la que sin darnos cuenta, haya algún "Quijote" que se quiera introducir en esta novela de caballería que es La Tauromaquia.

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Manuel Díaz El Cordobés realizando el Salto de la Rana. Foto: EPA

jueves, 14 de noviembre de 2013

Polémicas artísticas: El cite de ayer, de hoy y del ¿Futuro?

En estos días ha vuelto a suscitar un polémico debate la manera de citar y la forma correcta de torear. Vaya por delante que yo siempre he defendido el arte de torear cargando la suerte, aunque el muletazo no tenga gran largura, pero que con la cintura y el alargamiento del brazo se de la profundidad necesaria para emocionar con cada lance, que al final es de lo que se trata.

Desde el punto de vista y el sentido de este blog, el arte, cuando se trata de artistas que han sido importantes para la historia del Toreo, las comparaciones, aunque odiosas, se vuelven inevitables. En esta nueva oleada de polémica se ha usado una imagen del Maestro Antonio Chenel "Antoñete". En ella se puede contemplar como cita al toro y como la pierna que cargará está apunto de cruzarse. La diferencia con otra usada frecuentemente por el "otro bando" en la que se muestra a Julián López "El Juli" es la distancia. En la del torero de Velilla se ve claramente como está apunto de comenzar el embroque, en la otra no.

Pero lejos de polémicas lo que a mí, (equivocado o no), me gustaría es que para los nuevos valores del arte de torear, el sentido de los cites que transmitían toreros como Antoñete, fueran el fermento artístico para mostrar el vigor y audacia necesarios que superaran a los maestros de siempre.

Hoy día a muchos nos ha tocado presenciar obras cuya excesiva reproducción en el ruedo ha agotado el deslumbramiento para el que fue creado el Arte de Torear. Hoy día, casi todos los toreros torean en linea, queriendo alargar tanto el trazo que es necesario que no se cargue la suerte, ahí el error. No por torear más largo se consigue mayor profundidad. Hoy ver las faenas se ha convertido en ver los "Girasoles" de Van Gogh, quizá el cuadro más reproducido de la Historia del Arte.

Por eso, cuando vemos algún torero, o novillero (en vivo o instantánea), que torea buscando la verdad al presentar la femoral al toro y enroscáresele a la cintura, éstos crean un impacto emocional que, aunque es el toreo que se ha hecho cinco décadas atrás, renueva el sentido del toreo. Ese es el misterio que deberían buscar los artistas del toreo, que su arte trascendiera más allá del contexto taurino que les ha tocado vivir. Porque de esa inagotable vitalidad, de ese misterio que debiera renovarse continuamente, es precisamente de lo que se trata El Arte de Torear.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Una mirada al artista en Lucha. Rafaelillo, entre muchos

Hoy quería acordarme de esos artistas valientes que se enfrentan al Toro que hoy día puede presentar más complicaciones para la Lidia, mal llamada, "moderna" y donde se necesita un animal, noble y colaborador, sin apenas emoción ni complicaciones. Al artista que defiende su vida por y para la Tauromaquia. El Artista en lucha.

Son muchos, pero querría centrarme en la figura del murciano Rafael Rubio Luján "Rafaelillo". En sus actuaciones hemos visto como a base de exposición, de tesón, busca una obra de arte de vibraciones. Para ello se ha de tener una mente privilegiada, dura y en sintonía con las intenciones fieras del toro. A veces, la intención artística de estos toreros no está acorde con la realización de la obra pero su afición, no les permite jamás rendirse.

Rafael, como tantos otros, se identifica con los demás artistas, lo que les interesa es el acto creativo, pero la seriedad del toro al que se enfrentan, tanto física como de comportamiento, hace que su arte se base en la lucha. Una lucha por realizar el toreo que requiere esfuerzos, dolores, satisfacciones, decisión...a veces incluso inconscientes.

Sería por tanto injusto quedarse únicamente con el plano estético de esta lucha que están llevando estos toreros. Es un toreo que requiere una concentración emocional y una mirada interior a la persona del artista, una transformación y un dominio radical de sus sentimientos y sus miedos, que para más de uno, al enfrentarse a este tipo de toros, sería insoportable.

Imagen:
Rafaelillo en la Maestranza. Foto: ABC Sevilla

lunes, 4 de noviembre de 2013

La Tauromaquia y los cuatro periodos del arte griego de Winckelmann

Analizando los hechos que últimamente están acaeciendo en la Tauromaquia, con el colmo de la vergüenza en las presentaciones en las primeras ferias mexicanas, me ha venido a la cabeza una clasificación que estudié en Teoría del Arte realizada por Winckelmann sobre el arte griego. El arqueólogo e historiador del arte alemán describió cuatro periodos en dicho arte: el antiguo, el sublime, el bello y el decadente, y se me antojan muchas semejanzas con los periodos de la Tauromaquia. Vamos a tratar de explicarlo.

-El periodo antiguo. Para Winckelmann llegaría hasta Fidias, y para nosotros hasta Joselito y Belmonte. Si para la antigüedad griega era el arte de las figuras con actitudes y movimientos forzados, en la Tauromaquia no lo era menos. Hasta ese momento los artistas buscaban zafarse de la embestida del toro. Trataban de, sobre las piernas, preparar al animal para la muerte haciéndolo algunos con más o menos gracia, pero siembre, como en Grecia lo hacían los escultores, daban por acabadas las obras antes de alcanzar la belleza.

-El periodo sublime. En Grecia el siglo de Pericles. Estamos hablando de artistas como Fidias, Policleto, Mirón, Scopas, Alcámenes...Joselito y Belmonte. Estos periodos merecieron el nombre de grandiosos porque el principal objeto de estos artistas, tanto en la Grecia clásica como en la Edad de oro del Toreo, fue combinar la belleza con la grandeza. Con estos dos genios se aplicó el alcanzar la Belleza en el toreo a través de la combinación de todo el cuerpo. Torear se convertía de manera progresiva en una estructura en sí misma reproducida por medio del cuerpo humano, con sus miembros, proporcionalmente, con su movimiento...todo esto ante todavía un toro no seleccionado para el toreo moderno, esa es la grandeza de esos dos sabios.

-El periodo bello. En Grecia la época de Praxíteles, Lisipo y Apeles. En la Tauromaquia, una vez sentadas las bases por José y Juan, sería el periodo más largo llegando casi a nuestros días. A partir de pararse, templar y mandar la gracia, como en el arte griego, reside en el gesto y en las actitudes manifestándose en las acciones y movimientos del cuerpo. Así maestros como Manolete, Dominguín, Ordoñez, El Viti, Camino, Ojeda, Curro Romero, Ponce, Joselito, José Tomás, Morante de la Puebla...presentan el arte de Torear como un aspecto orgánico, vivo. Cada uno con su maestría, muestran el crecimiento de la Tauromaquia según los estilos y las épocas. Estos artistas han hecho evidente la evolución del toreo mediante obras de arte que han subsistido hasta nuestros días. Pero de los años 70 para acá con una merma, la diversidad...llegando a la monotonía. Algo que hace llegar al último periodo de la clasificación.

-El periodo decadente. En Grecia se agotaron los temas. En la Tauromaquia también. Estamos asistiendo a una corriente única de crianza del toro bravo, del toreo y de pensamiento. Se agotan las formas. Hoy día los artistas, (salvo geniales excepciones), se dedican a imitar a los compañeros, tanto en toreo, como en ganaderías a las que se enfrentan. Todos quieren llegar a la perfección. Con el toro de hoy día se hace virtuosismo del detalle, pero monotonía en el trazo: largura y sin estrecheces. Ya no se busca la grandeza, se busca el toreo más cómodo y rápido para llegar al triunfo. Se han olvidado de la Belleza buscando enfrentarse a toros insignificantes como los del pasado domingo en La México. Con todas estas cosas, se está llegando a un concepto mezquino de belleza, un estilo rígido de pensamiento y opinión y vertical en cuanto a afición, convertida cada vez más en fanática y condescendiente con todo lo que haga "su" torero.
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