jueves, 24 de octubre de 2013

Un alma sutil e injustamente olvidada del toreo: Juan Mora

En estos momentos me apetece escribir sobre la injusticia que creo se está haciendo con el diestro Juan Mora y su arte. Un arte, el del extremeño, que me recuerda al estilo del pintor francés Camile Corot al impregnar al toreo de ambiente, de atmósfera...de traducir en el ruedo las sensaciones estéticas como punto de apoyo.

Juan buscó la forma como algo orgánico, mostrar que torear es un hecho dotado de vida y sentido. Su toreo es, por eso, la negación de la mediocridad. En su larga carrera siempre se ha presentado como un diestro repleto de energía pero al mismo tiempo de un buen gusto que no se sabe si es innato o adquirido con el paso del tiempo.

Busca la solided de la obra frente al toro pero con una galanura sutil y pulcra que se unen entre sí en cada muletazo. Juan Mora utiliza el desmayo como tono general de su arte, un sentido de lo bello y sutil que hace que la obra de arte adquiera vida. El desdén que imprime insinúa que ha abierto y entregado su alma al toro haciéndolo así estrecho colaborador y contagiando con su pausa la fiereza inicial de éste. Esa casta que una vez convertida en "forma", permite que la faena y que la obra de arte cobre vida, pero una vida de contagiosa tranquilidad como la que transmite Juan en su persona y que hoy, es injustamente olvidada.

Imagen:
Camile Corot "Lectura interrumpida" (1865-70) y pase del desdén de Juan Mora (no encuentro el autor)

miércoles, 16 de octubre de 2013

Llegando a la frontera de la discriminación. Peligro

Volvemos a padecer un infame acto de censura de algo relacionado con el Arte de Torear por parte del Ayuntamiento de Barcelona. Esta vez se trata de la prohibición de exhibir carteles de la exposición de los premios de fotografía World Press Photo al incluir la foto de un torero, de Juan José Padilla.

La censura se está convirtiendo en un peligro importante para la Tauromaquia y todas las expresiones artísticas que la rodean.

Sería de tontos no pensar que la censura existe y que es parte de nuestra cultura. La discriminación que se hace del Arte de Torear desde distintos ámbitos de poder afecta a nuestra vida real como aficionados a los toros y no por ello personas "de segunda", como ciertos políticos fascistoide-animalistas quieren hacer ver al resto de la sociedad. Se está llegando a una peligrosa frontera auspiciada con actos de discriminación como los puestos en práctica en la región catalana. Se está llegando al extremo de que los aficionados al Arte de Torear se empiezan a considerar como grupos homogéneos pero diferenciados.

Desde las asociaciones, profesionales y no profesionales, deberían establecer un ámbito de reuniones con los diferentes órganos competentes, para desarrollar un diálogo y que se llegue a reconocer la diversidad de la cultura, y dentro de ella la del Arte de Torear.

Y es que nosotros los aficionados y amantes de la Tauromaquia, actuamos dentro de la legalidad, dentro de la cultura colectiva pero vivimos nuestras vidas de acuerdo con valores, ideas y creencias que vemos reflejados en el Toro, en el Torero y en las sensaciones que crean al unirse en el ruedo. Entendemos que esta especial sensibilidad, no puede ser comprendida por la cerrazón política que solo busca intereses supra-taurinos, pero lo que no debemos consentir es la discriminación, ya que, aunque con un punto más de sensibilidad, somos personas.

jueves, 10 de octubre de 2013

El trincherazo de Antonio Bienvenida y El Descendimiento de Roger Van der Weyden


Mirando la foto del trincherazo ejecutado por el Maestro (con mayúsculas) Antonio Bienvenida, me aflora la emoción comparada a la que brota cuando estás delante de "El Descendimiento" de Van der Weyden en el Museo del Prado. Este cuadro atesora toda la pintura flamenca, color, composición...como en el trincherazo del Maestro convergen todos los lances que requieren de una sensibilidad superior, de una capacidad solo alcanzable por los Grandes Maestros de la Historia del Arte de Torear.

En el Descendimiento los colores son puros, la imagen no puede ser más expresiva, algo que el trincherazo, cuando se ejecuta con maestría y "duende", llega al extremo de que el fondo del paisaje, la arena, se desenfoca y crea en sí un equilibro entre lo real y lo imaginado.

El Toro, como la Virgen en el cuadro, se acerca y desfallece, ella es asistida por Juan, en el lance será la muleta quien le recoge sutilmente, dulcemente. En el trincherazo, el torero entrega con su muleta el amor al toro a través de un giro sutil de la muñeca y un suave giro de cintura, como Cristo en el cuadro entrega el amor de su madre a Juan.

Por último hablar de a composición. El toreo, casi siempre se realiza en un cuadrado (imaginario), es decir, la figura del torero y el toro en el momento del embroque crean un cuadrado. Pues en el trincherazo (como en El Descendimiento de Van der Weyden), la diagonal lo transforma en un rectángulo. La contorsión del torero, oblicua, hace que el centro del pase, el embroque, determine el "ancho" del lance, es decir, donde termina. La curva que crean los dos cuerpos flexibles, toro y torero, como la Virgen y Cristo en el retablo, hace del Trincherazo un equilibrio perfecto, una oscilación cuyas diagonales dotan de vigor y sentido escultórico a una composición que sin esto, sería caótica y falta de emoción artística.

Imagen:
"El Descendimiento" de Roger van der Weyden. Óleo sobre tabla, hacia 1436. Trincherazo de Antonio Bienvenida. Foto: Cano

jueves, 3 de octubre de 2013

La preparación del Lienzo, el Albero y los Areneros

Vamos a tratar en este nuevo post de hacer otro parangón entre la Tauromaquia y las demás artes. Aunque parezca un tema sin apenas importancia, de la preparación del lienzo y la función de los areneros en una plaza de toros depende mucho la calidad final de la obra.

Y es que en ambos casos la preparación de la capa donde se representará la obra de arte tiene dos funciones: Una Física ya que el albero, al igual que la capa de preparación en la pintura, actúa como soporte artístico de la faena. Por tanto se ha de procurar que el ruedo esté preparado, obteniendo una superficie refinada y lisa. Los areneros deberán aplanar y unificar irregularidades para proporcionar estabilidad y consistencia, tanto al torero, como al toro.

La otra función será la estética, ya que una buena preparación, tanto del albero como del lienzo de la pintura, será clave en el resultado final.

El albero ha de estar en un punto firme pero suave a la vez. El arenero "tensará" la arena para impedir que la obra de Arte más suprema que existe se resquebraje por un  tropezón que haga que el toro se separe del torero, o viceversa.

Podrían usarse otros soportes pero, en una plaza de toros, no hay nada capaz de igualar la sensibilidad que da la arena y llega a los tendidos. Sensibilidad que llega tanto porque un hombre que crea arte burlando a la muerte y un dios de la Naturaleza, el Toro, están en contacto con uno de los cuatro elementos, La tierra.
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