lunes, 20 de mayo de 2013

Pepe Luis Vázquez, la grandiosa humildad del Arte



Se nos ha ido un Torero, se nos ha ido Pepe Luis Vázquez, esencia sevillana que mostró su arte en la plaza y huyó de las soberbias fuera de ella. A su arte, que supo amoldarse a las diferentes épocas sin salirse de su naturaleza, no le quedó otra salida que la grandiosa humildad.

A Pepe Luis, esa humildad fue la que mejor le vino para ser un artista responsable. Aceptó los cambios en las experiencias artísticas de la Tauromaquia durante las décadas en las que estuvo activo, y fueron muchas. El torero sevillano siempre tuvo presente que un creador no puede hacer nada delante del toro dando la espalda a la vida. Que la misión del torero, de su arte, es ser intermediario entre el toro, la muerte y el hombre. La emoción.

Tuvo el honrado afán de la expresión en el ruedo a través de la pureza, y punto. Con su muleta "pintó desnudos", entendiendo que la forma ha de fluir frente al toro moviendo con gracia las telas. Su toreo parecía que nos contaba algo poco interesante, pero, sin darnos cuenta, nos ponía en contacto con aquello para lo que se inventó: la emoción.

Pepe Luis Vázquez, un torero humilde fuera de la plaza pero grandiosamente responsable dentro de ella, aceptando que Torear es un suceso universal que frente al toro, un hecho que adquiere tintes representativos solo comparables con los grandes genios de la pintura, del Arte, como él lo fue.

jueves, 16 de mayo de 2013

Joselito El Gallo, el artista que al morir, venció a la muerte


Hoy se cumplen 93 años de que "Bailaor", de la Viuda de Ortega, se llevara por delante la vida de uno de los toreros más importantes del siglo XX y de la Historia del toreo: Joselito El Gallo.

Según lo escrito sobre él por quienes le conocieron, fue un artista que se fundió con su obra. Torero en esencia, de talento y un ser "luminoso" con tan solo oír su nombre. Un hombre con luz propia con todos los elementos esenciales que el mundo interno de un Torero debe tener.

Joselito se dejó la vida en Talavera, pero ese momento se convirtió en infinito porque al morir...venció a la muerte, entregando su vida, su alma y su recuerdo a la Historia de la Tauromaquia. Es un hito dotado de símbolos, de una forma de torear única y que junto a la de Juan Belmonte cambió el toreo dotándolo de expresión, dotándolo de vida. Joselito sigue vivo en la memoria. Ese es el código de cualquier artista, una vida infinita condensada en belleza, última palabra dada en el envite de "Bailaor", Belleza.

Vaya desde aquí mi homenaje a Joselito, el artista que retó a la muerte con un intenso deseo de inmortalizarse en el toreo y lo logró, y no imaginariamente, sino con su obra.

Foto: ABC, Joselito el Gallo, en Madrid

lunes, 13 de mayo de 2013

El brindis.Prolongación de un sentimiento interior


El torero brinda para ofrecer la faena y muerte del toro señalando al cielo, pero mirándose a su interior a la vez que libera sus miedos o demonios.

Los expulsa y los materializa en el animal e intenta hacer de la corrida un punto de reunión donde los “invitados” (público) sean la prolongación de un sentimiento interior.

Y es que el torero sabe que si hay algo por lo que merece la pena vivir es por realizar la obra bella delante del toro y poder ofrecerla a sus “invitados”. Se siente persuadido de que el éxito se puede alcanzar al encontrarse dos mundos, el de las cosas materiales y el de las ideas.

Es consciente que lo que ve el público es tangible, visible y corpóreo por lo tanto sensible y que lo que realice en el ruedo está sujeto a la impresión que cause en ellos por medio de los sentidos. Sabe que su realidad es otra, pertenece al mundo de sus ideales, una realidad pura que ha vivido siempre interiormente desde el mismo momento en que decidió hacerse matador de toros.

Sus ideas interiores existían pues antes de la "creación" al salir el toro, siendo su Demiurgo particular la afición a los toros que le ha acompañado siempre, ese supremo arquitecto que se ha servido de ellas con el fin de que la obra que está a punto de emprender resulte bella y perfecta.

Imagen:

Fernando Robleño brindando al cielo en Madrid. Foto: Juan Pelegrín para http://www.las-ventas.com 

miércoles, 8 de mayo de 2013

La Lidia a través de grandes obras de la Historia del Arte.

IX.- La Muerte del Toro y los Fusilamientos del tres de mayo, Goya (1813-1814).



Tras la ensoñación llega la realidad, el cuadro más realista realizado durante la lidia.

El torero sin rostro busca la gloria, un símbolo que condujo el caos al orden y que sin embargo tiene que consumar la obra con la muerte del verdadero Dios de la Tauromaquia, el Toro.

Primero la búsqueda de un lugar, un sitio donde el toro vaya perdiendo precisión de lo que va a ocurrir, aunque está dispuesto a ello con tal de seguir luchando: Grandeza. Lo demás alrededor se convierte en un fondo abstracto, donde apenas hay indicios de vida, se aguanta la respiración. Del animal que ha dado su vida por un Arte, en pocos segundos se pasará a la ausencia más desoladora; de la realidad a la nada; del ser al no-ser…El torero no acepta su acto como asesino, en su esfuerzo está su agonía, pero no una angustia por la muerte del toro, sino como artista que es, por plasmar el tránsito del ser a la divinidad.

La muerte del toro quema como una llamarada, pero a la vez concentra la experiencia del rito de la Tauromaquia. Del drama a la catarsis. Más allá de la vida recuperará la serenidad del campo y el sentido espiritual que supone El Toro Bravo.

Aquí da por terminada esta serie, donde se ha intentado dar una idea de porqué la Tauromaquia, es un Arte más. Fin.

domingo, 5 de mayo de 2013

La Lidia a través de grandes obras de la Historia del Arte.

VIII.- La Faena de muleta y el Hombre de Vitruvio, de Leonardo Da Vinci (1487).



La faena de muleta recupera las proporciones del ser humano, del torero, como “perfección”, correspondiéndose con la visión antropocéntrica que el espectador tiene del hombre como centro del Universo en ese momento. Desarrollándose el esquema del círculo, (el ruedo), y el cuadrado, (la composición artística creada con el toro), se realiza un estudio anatómico espontáneo buscando la proporcionalidad del cuerpo humano, el canon clásico y , junto con el toro, el ideal de belleza.

El muletazo, es una pincelada, no es una simple línea dibujada con la tela acompañando la embestida del toro.

Su trazo, puede ser grueso o fino, es decir, llevando al toro más tapado o menos, depende del nivel de brusquedad que muestre el animal al tomar las telas. Un muletazo, por el vació que encierra al dejar en el centro al torero mientras se enrosca al toro a la cintura, representa forma y volumen.

Por el ataque y empuje del toro la 'pincelada roja' expresará ritmo y movimiento que, cuanto más docto sea el artista, más plástico será. Por otro lado, el juego 'gracioso' de las telas en los remates o en la forma de moverla sugerirá sombra y luz.

Ese muletazo busca discernir la línea interna del toreo, al mismo tiempo que se carga de las pulsiones (impulsos) irresistibles del hombre. El pase trasciende así el conflicto entre hombre y animal, entre la representación del volumen compuesta por el toro y la del movimiento descrita por el artista, y por su sencillez aparente, encarna la ley de la transformación.

Para un artista ajeno a la Tauromaquia es difícil entender la importancia atribuida por los toreros y aficionados al trazo, a la muleta y al recorrido, puesto que para ellos ha prevalecido otras nociones como espacio y luz, y no se ha considerado ni el trazo de un muletazo ni una pincelada, como el elemento de mayor expresividad.

El torero dibuja formas de la realidad, pero al mismo tiempo procura recrear líneas invisibles y rítmicas que las enlazan y las animan. Cuando lo consigue, da rienda suelta a los influjos que impulsan su propio ser.

viernes, 3 de mayo de 2013

La Lidia a través de grandes obras de la Historia del Arte.

VII.- El Tercio de Banderillas y la Estrella, de Degas (1876-77).


Se ha dicho siempre que el tercio de banderillas se realiza para avivar, para desperezar al toro tras la lucha titánica con el caballo. Dicho tercio es un momento de máximo riesgo pero donde no puede faltar la alegría, ya que donde falte la alegría el arte estará ausente.

La vistosidad del banderillero es su ballet armonioso y ceremonioso danzando sobre el albero donde al final le espera una fuerza imprevista con dos puñales armados. Dicho baile nos regala la belleza de un momento fugaz, efímero pero eterno a la vez, al encontrarse lo mortal con lo mitológico. El toro cobra vida manteniéndose en lucha y preparándose para dar todo por defenderla.

En la suerte de banderillas, el cuerpo del banderillero, permite acceder a lo hermoso y alegre, (a veces a lo grotesco), pero siempre como expresión artística al unirse dos fuerzas en un mismo conjunto "pictórico". 

Imagen:
La Estrella, de Degas (1876-1877) y Javier Ambel. Foto: Gallardo
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