lunes, 29 de abril de 2013

La Lidia a través de grandes obras de la Historia del Arte.

VI.- Suerte de Varas, El picador y el Retrato de Carlos V de Tiziano (1548).


En el arte y en la leyenda, el caballo ha desempeñado un papel muy importante, también en la tauromaquia. La suerte de Varas podríamos decir que es el relato más épico, mitológico y heroico en la lucha contra el animal. El caballo de picar es el compañero de uno de los últimos héroes ecuestres de nuestro tiempo: el picador.

El hombre, el caballo y el toro, una composición cuasi-pictórica que recurre a la bravura de este último para equilibrar el conjunto. Un enfrentamiento entre dos esquemas, el caballo, valiente e inmóvil, en contradicción la tensión dirigida hacia él por parte del toro para favorecer la acción donde el picador, al "echar" la vara, es capaz de detenerla.

Se crean entonces unas líneas imaginarias en el conjunto artístico para proporcionar una forzada estabilidad. La vara y el brazo del picador forman una diagonal detenida por el cuerpo sudoroso y musculado al empujar con todas sus fuerzas del animal. Esta tensión es el eje de la emoción del arte de picar: El jinete, el caballo, el toro y la humareda asfixiante del retrato "heroico" donde se elimina radicalmente cualquier énfasis celebrativo.

En la Suerte de Varas, queda subrayada la alta nobleza intrínseca no solo del caballero o del caballo, sino incluso del toro, capaces los tres de estremecer imperios.

viernes, 26 de abril de 2013

La Lidia a través de grandes obras de la Historia del Arte.

V.- Creación. Saludo de Capote y el tríptico "El jardín de las delicias" de El Bosco (1480-1490).


El volumen del Toro se convertirá en expresión del arte de torear. Al igual que cuando se abre el tríptico el color del capote contribuye a acentuar la expresión, fundamental. Es la función del saludo, dar vida a ideas en formas específicas: Verónicas, chicuelinas, gaoneras, delantales,navarras, etc..., crean símbolos para los sentimientos en el tendido. El toro va adquiriendo conciencia a través de las formas creadas por el torero al ordenar el caos inicial.

El torero con su capote comienza a moldear la creación de un mundo cuya vida no alcanza los 20 minutos.

Es una creación que dada la fiereza inicial del toro nos sitúa a medio camino entre lo posible y lo imposible, aunque al abrir el capote siempre entra en juego la posibilidad. Esa creación primaria a la que se enfrenta el torero abre un camino entre la naturaleza primaria del toro bravo y la secundaria de la psique interior del hombre. El cuerpo se revela por medio del juego de brazos, de piernas, pone en juego su ser creativo en el ruedo a través de los lances a la verónica, dibuja pinceladas con el percal y el toro, así pretende hacer comprender al público el porqué y para qué está en el mundo.

Cuando el torero sofoca el ímpetu primario del animal revela la inmensa potencialidad del ser. Desaparecen los miedos, las tensiones y restaura al individuo una vez enfrentado a lo inescrutable y comenzar así a crear arte.

La calidad estética del saludo capotero no depende de leyes estrictas e inmutables, sino de alcanzar con éxito la fusión entre materia (toro) y espíritu (torero).

Imagen:

La Creación en el Tríptico de "EL Jardín de las delicias" de El Bosco, y Morante de la puebla (Foto: Juan Pelegrín, para http://www.las-ventas.com/)

jueves, 25 de abril de 2013

La Lidia a través de grandes obras de la Historia del Arte.

IV.- La salida del toro y el tríptico "El jardín de las delicias" cerrado de El Bosco (1480-1490).


Una vez entregadas las llaves, despejada la plaza, llega uno de los momentos más emocionantes: La Salida del Toro. Arrogante, fiero...caos.

La salida del toro es el Caos mismo, lo salvaje. El torero cree en la capacidad del hombre para ordenar ese caos y le presenta el capote, para "ordenarlo". En ese momento el toro se convierte en materia sometida y animada por la intención creadora del artista.

Igual que la Tierra está dentro de una esfera transparente, símbolo, según Tolnay, de la fragilidad del universo, el Toro se pierde en un “Sfumato” poderoso (nube de polvo) que el mismo levanta con su sola presencia.

Solo hay forma animal sin persona. Recrea una pintura de tonos grises, blanco y negro. El toro sale de un mundo sin Sol, sin Luna y su salida se convierte en un dramático contraste con el colorido exterior, entre un mundo antes de su encuentro con el hombre y otro libre poblado por infinidad de seres hermanos.

miércoles, 24 de abril de 2013

La Lidia a través de grandes obras de la Historia del Arte.

III.- La entrega de llaves del Alguacilillo y La Rendición de Breda, de Velázquez.


Una vez se ha pisado el ruedo comienza la liturgia y un hecho que apenas llama la atención es "la entrega de las llaves", como plasmó Velázquez en La rendición de Breda. El momento es cuando Ambrosio Spínola, general genovés al mando de los tercios de Flandes, recibe del gobernador holandés, Justino de Nassau, las llaves de la ciudad de Breda, rendida tras un largo asedio el 5 de junio de 1625.

En la Tauromaquia el Alguacilillo entrega las llaves al torilero. Un acto que se abstrae de todo el dramatismo que implica el rito. Es un presente que conlleva la emoción que se vivirá instantes después y la del pasado que se actualiza por medio de este simbolismo.

El torilero se transforma en el tutor de una "patria" por conquistar mientras se olvidan necesariamente los miedos interiores. A su alrededor la vorágine de preparativos: subalternos moviendo las telas al viento simulando lidias imaginarias, mozos de espadas y ayudas para que todo esté en su sitio, el sitio del matador, "Las Lanzas" de picadores disimulando su posterior misterio...

Con el momento de la entrega de las llaves, por anecdótico que parezca, se da rienda suelta a una Cultura que aspira a la eternidad. Ya no hay paso atrás, esa llave abrirá un oscuro túnel por el que aparecerá el material salvaje para una obra que se elevará por encima de vicios cotidianos y que al mismo tiempo, intentará cautivar a la humanidad entera.

Imagen:
Alguacilillo en Madrid entregando las llaves al Torilero. Foto: Blog Larga Cambiada (http://largacambiada.blogspot.com.es/) y La rendición de Breda, de Diego Velázquez (1635)

lunes, 22 de abril de 2013

La Lidia a través de grandes obras de la Historia del Arte.

II.- El torero antes del paseíllo y el "Viajero frente a un mar de niebla". de David Gaspar Fiedrich.


Si en la anterior entrega discerníamos sobre la soledad del torero en el hotel, en esta segunda lo hacemos sobre como en el patio de cuadrillas, el hombre se enfrenta a la quietud del albero, como el "Viajero frente a un mar de niebla" de David Gaspar Fiedrich.

El torero, como el viajero, contempla el enorme vacío a manera de un mar de nubes cuyo albero puede convertirse en algo etéreo y movedizo. Las montañas a lo lejos se convierten en público inmóvil y oscuro al que tiene que despertar de su letargo.

El diestro en ese momento previo al paseíllo es un viajero que emprendió viaje y ha escalado esta nueva montaña. Tras el "esfuerzo psíquico" que es el vestirse de luces llega el "nervioso descanso" sintiéndose pequeño ante la inmensidad del ruedo, dilucidando que lo que puede ocurrir ahí puede ser hermoso y bello. 

Su posición es un trance, siente el riesgo porque la belleza ideal que tiene en mente se presenta de momento tan inexistente como irrenunciable por estar ya al borde. El viaje que ha hecho hasta aquí nutre su creatividad y al mismo tiempo, se convierte en el abismo en el que se condena intencionadamente cada tarde.

Es un viaje interior: llegar a la puerta del patio de cuadrillas para entrar dentro de sí mismo, asomándose al precipicio del ruedo, como el óvalo excéntrico en el que ronda la muerte. 

Imagen:
Novillero en el túnel de cuadrillas antes de hacer el paseíllo, de Ignacio Tena (http://negrozahino.blogspot.com.es/) y "Viajero frente a un mar de niebla" de David Gaspar Fiedrich (1808)

sábado, 20 de abril de 2013

La Lidia a través de grandes obras de la Historia del Arte.

I.-  La Soledad del Torero en el Hotel y San Jerónimo,de Caravaggio


Hace tiempo me viene rondando la idea de intentar describir La Lidia por medio de grandes obras de la Historia del Arte. Hoy saco a la luz la primera de estas entregas, ( y que en los próximos días tendrá continuación), con los momentos previos a la corrida: La Soledad del Torero. Un retiro casi místico como el del San Jerónimo de Caravaggio en su celda. Espero que les guste y ayude a aproximar a que el Arte de Torear sea considerado una más dentro de las demás Artes.

La soledad del torero en el hotel preparándose para una liturgia. Estos momentos no son solo la preparación del rito, sino que es el mejor marco para el ejercicio interior, pues vivir la liturgia no implica tanto el materialismo de vestirse de torero,el hecho más visible, más espectacular si cabe, dentro del rito.

El torero por ello, pone especial cuidado, como el monje jerónimo, en "guardar su celda" y así poder ocuparse de sus temores interiores, como una contemplación. Incluso San Jerónimo recomendaba al monje "Ten tu celda por un paraíso...".

En este ambiente de soledad, el torero evita la ociosidad, aprovecha sus pensamientos hacia el toro que es el que al final se convierte en energía espiritual. Es la búsqueda de la faena soñada. Por imperativo, la vocación al torero le hace retirarse en soledad para buscar "al toro".

Por último el silencio consuma esa obra de la soledad pues el torero puede llegar a vivir como en un desierto en medio de la Tierra en esos momentos. El silencio es su capote protector contra la vulgaridad que presentan los incómodos aduladores que le visitan. Por ello el silencio es más que la ausencia del ruido, es la actitud del alma que desea realizar la faena "divina".

Imagen:

Jose María Manzanares en la serie "Peajes" de Josephine Douet y "San Jerónimo" de Caravaggio (1608)

miércoles, 3 de abril de 2013

Juan Mora, 30 años impregnando de elegancia la Tauromaquia



Hoy se cumplen 30 años de alternativa de un torero, desde el punto de vista del Arte, sobretodo elegante: Juan Mora.

Un torero que siempre buscó el clasicismo, la cadencia, lo sublime que en el arte de torear consiste en emocionar. Tuvo claro siempre que una faena no basta que sea "bella". Supo, (sabe), que los lances además tienen que remover corazones y que esa cadencia ha de ser capaz de hacer nacer en ellos los sentimientos que el arte de torear pretende sacar.

El arte de torear no puede hacer aflorar los sentimientos si no tiene más mérito que la regularidad de la técnica. Una obra de Juan Mora, con la elegancia de su ejecución, no es una obra fría. Juan, si logra la inspiración, conmueve por su elegancia, su verdad, su cadencia y sirven para dar vida a la emoción intrínseca de la Tauromaquia.

Pero además, sus obras están tocadas de Gracia, es decir, que la Elegancia se une con la variedad. Es elegante porque huye de torear con estridencias y hacerlo desde el equilibrio al mover las telas. Juan consiguió unir el cite preciso con el remate cadencioso con tal proporción, que su toreo siempre ha sido la suma de Elegancia y Ligereza. Vaya por tanto desde este blog, un homenaje al toreo, al torero, Juan Mora quien siempre ha intentado huir de técnicas frías y no del buen gusto, elegancia, el carácter y la variedad que solo pueden impregnar con las telas "ciertos elegidos". Enhorabuena por los 30 años de alternativa.

Imagen: Juan Mora en Madrid, el 5 de octubre de 2010. Foto: Javier Arroyo (deblancoyazabache.blogspot.com.)
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