miércoles, 27 de noviembre de 2013

La Exigencia en el Arte de Torear

Día tras día vemos como hay ganaderos que están bajando el nivel de exigencia en los tentaderos a la hora de elegir los reproductores. Se está llegando a un punto que raya con el peligro de la pérdida de emoción al buscar incesantemente, productos "colaboradores" para el diestro. Bien es verdad que un toro se tiene que poder torear, eso es innegable, pero la Tauromaquia, el Arte de torear, requiere de un nivel de exigencia impuesto por los valores necesarios que implica una actividad en la que está presente la muerte.

Y es que hoy día, el ganadero está sometido a otras exigencias digamos "anestésicas". Por poner un ejemplo el ganadero sería ese escultor a quien se encarga una figura con unas características y quien se la pide es el torero. O ese pintor al que un poder político totalitario exige un cierto estilo para su beneficio.

El ganadero debe ser un "escultor" libre, que cuando vaya "tallar" la bravura del toro o la vaca en el tentadero, sea la emoción y la casta lo que exija las maneras que orienten su obra y por tanto el resultado final en el ruedo.

Y el diestro habrá de tolerar esa forma de elección basada en la casta no en la colaboración, asumiendo lo que ha decidido ser: Torero. Porque en el arte nadie está forzado a escribir una tragedia griega por ejemplo, pero cuando se emprende esa tarea se asume una obligación de respetar sus leyes, por difíciles que estas sean.

Una obra de arte en el ruedo tiene exigencias, por tanto los elementos llamados toro y torero, han de estar en interrelación. No se puede tergiversar esos nombres, no se puede pedir a un ganadero que seleccione solo "en nobleza" y si no lo hace bajo esa exigencia, no torear más sus toros porque si se hace eso se está destruyendo uno de los elementos de la obra de arte taurina, el Toro.

Por último, señalar que al torero se ha de exigir realizar la obra. Una obra taurina requiere abnegación, afición y estar dispuesto a enfrentarse a cualquier tipo de toros. El torero no debe renunciar al peligro, a la casta, en pos de la nobleza, el sentimiento profundo que un artista de la Tauromaquia debería tener es que se tenga lo que se tenga enfrente la obra estéticamente debe realizarse. Se debe estar dispuesto a todo. El torero debe exigir el peligro para sentirse realizado en la profesión que ha elegido y, porqué no, para existir como tal.

Imagen:
César Rincón con "Bastonto" de Baltasar Ibán en Madrid

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