lunes, 13 de mayo de 2013

El brindis.Prolongación de un sentimiento interior


El torero brinda para ofrecer la faena y muerte del toro señalando al cielo, pero mirándose a su interior a la vez que libera sus miedos o demonios.

Los expulsa y los materializa en el animal e intenta hacer de la corrida un punto de reunión donde los “invitados” (público) sean la prolongación de un sentimiento interior.

Y es que el torero sabe que si hay algo por lo que merece la pena vivir es por realizar la obra bella delante del toro y poder ofrecerla a sus “invitados”. Se siente persuadido de que el éxito se puede alcanzar al encontrarse dos mundos, el de las cosas materiales y el de las ideas.

Es consciente que lo que ve el público es tangible, visible y corpóreo por lo tanto sensible y que lo que realice en el ruedo está sujeto a la impresión que cause en ellos por medio de los sentidos. Sabe que su realidad es otra, pertenece al mundo de sus ideales, una realidad pura que ha vivido siempre interiormente desde el mismo momento en que decidió hacerse matador de toros.

Sus ideas interiores existían pues antes de la "creación" al salir el toro, siendo su Demiurgo particular la afición a los toros que le ha acompañado siempre, ese supremo arquitecto que se ha servido de ellas con el fin de que la obra que está a punto de emprender resulte bella y perfecta.

Imagen:

Fernando Robleño brindando al cielo en Madrid. Foto: Juan Pelegrín para http://www.las-ventas.com 

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