jueves, 20 de septiembre de 2012

El Arte de Torear como 'aventura'



La creación artística en la Tauromaquia es un proceso incierto e imprevisible por tratarse de un arte que depende del comportamiento de un animal y que varía dependiendo de su encaste. Voy a tratar de explicarme.

El artista taurino, empieza su actividad práctica a partir de un proyecto inicial escrito en las distintas Tauromaquias y que aspira a realizar; pero ese modelo interior sólo se podrá determinar y precisar en el momento mismo de su realización, sujeto a los distintos comportamiento del Toro dependiendo de su encaste. Por ello, el resultado en todas las lidias se debería presentarse incierto e imprevisible.

Tan sólo al final del proceso creador, cuando el toro haya caido, podrá desaparecer esta imprevisión e incertidumbre, quedando muy lejos quizá ese proyecto inicial que el torero tenía en mente.

Por ello, la actividad de torear tiene algo de aventura. La obra de arte taurina no existe como posibilidad, se domina al toro y se crea arte (si la condición del toro lo permite) adaptándose a su encaste, o no. De ahí la aventura, el peligro, el riesgo, el escepticismo que agarrota al torero en los momentos previos al paseillo en el túnel de cuadrillas. Por ejemplo, la posibilidad estética que realiza Velázquez en el La Rendición de Breda sólo la comprobamos como producto, es decir, ya realizada

Para terminar, en el terreno del Arte de la Tauromaquia al estar sujeto al comportamiento del toro, nadie puede determinar con antelación lo que sucederá en el ruedo, ello sería como crear toreo conforme a una ley estricta de creación con un toro previsible. Si así fuera, perdería sentido y el torero caminaría con paso seguro y sin la incertidumbre en que se mueve al enfrentarse a un animal, aparentemente, semi salvaje.

Imagen:

El Fundi y Domingo López Chaves, concentrados en el túnel de cuadrillas antes de enfrentarse a una corrida de Baltasar Ibán en San Isidro 2008. Foto: Paloma Aguilar

lunes, 17 de septiembre de 2012

José Tomás, 'lejos del mundanal ruido'



José Tomás volvió a demostrar en Nimes que está por encima del bien y del mal. Un antes y un después, como se ha comentado en todos los círculos taurinos, en la Tauromaquia. Lo que me ha llamado poderosamente la atención es la tranquilidad intrínseca que plasma en su toreo.

Quietud, silencio, un breve "eh" apenas perceptible, la tranquilidad...todo lo contrario de las estridencias frente al toro, de los cites ensordecedores y de diluvios de aspavientos vulgares de otros artistas. El toreo de José Tomás es el resultado de una seguridad que hace desembocar la obra taurina en un mar de tranquilidad personal. Y es que en el artista de Galapagar todas esas cualidades vinculadas entre sí contribuyen a hacer de su Arte un camino artístico modélico.

En ese Arte, asimetría, sobriedad, naturalidad...y la misma quietud, sugieren una relación directa con el arte de torear. En cada lance, en cada natural se plasmaba la sencillez, la sobriedad, y el silencio en el embroque. Son momentos de una cuasi relajación mental, que a pesar de la exigencia que supone estar delante de un toro, llevan a saborear momentos de paz y tranquilidad.

Todo esto nos hace pensar que la mentalidad de José Tomás hay que tenerla en cuenta a la hora de contemplar su toreo. Habría que interpretarla como soledad, o como un "estar ausente de la sociedad en que vive", no participar de riquezas, poder y fama y en cierto modo aspirar a los valores superiores de la Tauromaquia que están por encima de los bienes mundanos.

Por último, recordando de nuevo las imágenes de los eternos naturales, parece como que esa perfección no es algo que se consiga sólo con la técnica y el conocimiento, la Tauromaquia de José Tomás hay que juzgarla entendiendo que el torero pone a un lado esas cosas y acaba olvidándose de sí mismo frente al toro.

Imagen:
Derechazo sin ayuda de José Tomás en la encerrona de Nimes. Foto: Rolland Costeodat para http://www.mundotoro.com/

miércoles, 12 de septiembre de 2012

La Tertulia Taurina despereza el Arte



Ahora que la temporada va llegando a su fin surge un fenómeno que hace que el mundo del toro en España no muera en la estación invernal: La Tertulia Taurina.

Nos hacemos una pregunta ¿La obra de arte taurina estaría muerta en el momento en que el artista acaba con la vida del animal?,¿o bien sigue viva y las tertulias taurinas la hacen despertar del 'sueño'?.

La obra de arte taurómaca, si de verdad ha sido tal en el ruedo, estará viva para la Historia de la Tauromaquia, pero acabada. Ahora bien, es cierto que tiene una "segunda vida" más completa si cabe y en estado latente en la mente del aficionado, que solo alcanzará en posteriores interpretaciones que se pueden dar en las Tertulias Taurinas.

La faena, la lidia, están para ser interpretadas por el torero y las cuadrillas, los artistas en definitiva. Pero después son analizadas, estudiadas, e incluso criticadas por comentaristas casuales y/o expertos quien como si fueran 'príncipes de bellas durmientes', las hacen despertar de su letargo en dichos coloquios, charlas etc., por lo tanto las obras de arte taurinas están vivas, aunque dormidas.

En las tertulias taurinas, si las faenas ya tenían vida, adquieren toda su plenitud en detalles comentados y apenas reconocibles, comportamientos del toro, ventajas del torero, temples, toques, y un sin fín de pinceladas momentaneas acaecidas durante la lidia....La obra de arte frente al toro será entonces una "bella durmiente", que se despereza cuando llega ese "príncipe azul" llamado Tertulia Taurina.

Imagen:
El Maestro César Rincón durante una tertulia del Club Taurino de L'Alcora presentada por el periodista Juan Miguel Núñez (EFE). Foto: Ignacio Tena http://negrozahino.blogspot.com/
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