martes, 27 de marzo de 2012

Teatro y Tauromaquia, escenografías contrapuestas


En el Día Mundial del Teatro vamos a intentar dar una visión de cómo la Tauromaquia tiene algo de puesta en escena, pero a su vez el trabajo escenográfico en Tauromaquia y Teatro no se puede comparar porque son dos medios muy diferentes.

La diferencia entre la escenografía del teatro y la taurómaca radica en el punto de vista del espectador. En una plaza de toros el público tiene presente que cada detalle se hace con el riesgo y ,porqué no, la muerte presente. La grandeza de la Fiesta de los toros frente al teatro es que siendo una expresión de lo más realista, el torero es capaz de realizar suertes estilizadas, poéticas y de gran imaginación, como en el teatro. En la Tauromaquia se puede ser creativo, sin dejar de ser realista.

La escenografía es un elemento muy importante en la Tauromaquia porque representa el ambiente de la obra de arte frente al toro y refleja el espíritu del autor. Una escenografía apropiada ayuda a que la lidia consiga crear en el espectador el efecto que el torero quiere. No solo se conseguirá con el mero hecho de pegar pases, con los terrenos elegidos..., sino también con la gestualidad, la elección de vestido, etc.

La Tauromaquia es al final un rito donde cada cual tiene su lugar estipulado y apasionadamente ejercido. Una asociación de artistas (primarios y secundarios) que se complementan y conjugan sus habilidades frente al toro, con fe en el Arte de Torear.

Pero esa escenografía ha de ser seria, no hay arte cómico (de ahí mi repulsa al 'toreo cómico') ya que se ha de tener respeto máximo al Toro, al animal. El toreo, al existir la muerte del Toro, debe ser serio, debe ser grave...porque como dijo el filósofo alemán Martin Heidegger "lo grave da que pensar y lo grave es que el hombre no piensa todavía".

Imagen:
El Juli arrebatado en Alicante, Hogueras 2010 Foto: Verónica SorianoEscena de El caso Danton,en el Teatro Español de Madrid. Foto http://www.teatroespanol.es

jueves, 15 de marzo de 2012

Para crear una Obra de Arte hay que conocer al Toro


Ya estamos inmersos en la temporada y hay algo que ya ha llamado poderosamente mi atención. Es el hecho de que los jóvenes artistas no sepan interpretar la faena que requiere cada toro. Tienen en mente una obra y la quieren plantear frente a cualquier tipo de animal, sea cual sea su condición. Y eso es erroneo.

Los casos más sensibles han sido los de el francés Thomás Duffau y el mexicano Diego Silveti en la cortrida de Fallas. Tuvieron oportunidades frente a toros de Valdefresno pero por lo que parece nadie, ni ellos mismos, se han interesado en saber las virtudes y defectos del encaste Lisardo. De ahí que no afrontaran sus obras con provecho.

Para el artista debe ser de suma importancia comprender el fondo de los encastes. Será importante examinar su comportamiento, miradas, arrancadas y recorrido, que deberá utilizar para expresar su arte. El valor artístico de una obra está en la manera en que el autor ha interpretado las condiciones de su oponente, querencias, movimientos, forma de embestir, espacios, etc.

El secreto de un artista de la Tauromaquia está en saber cómo transformar, si es que es de provecho, la conducta del toro con paciencia y conocimientos. Las formas de las obras de arte que puedan llegar a conseguirse en el ruedo son diversas y ricas en matices, por tanto, el público y el aficionado, podrán formarse un gusto abierto a las diferencias que sea capaz de apreciar la variedad y calidad estética de las obras de arte que cree el torero.

Como conclusión creo que cada torero debiera de aprovechar las experiencias de los maestros predecesores frente a todo tipo de encastes y a la vez dejar a las generaciones venideras una herencia de conocimientos. Pero visto lo visto, esta hipótesis no es segura.

Imagen:
Diego Silveti con Lisonjero de Valdefresno, un toro de dos orejas humillando y 'haciendo surco' con el morro en la arena. Foto : Rullot para http://www.aplausos.es/

lunes, 12 de marzo de 2012

El Arte vulgar gana la batalla al Arte popular en Valencia


Ha empezado la temporada y llegan los primeros triunfos de toreros que hacen de su Arte un ejemplo de 'vulgaridad'. Abunda la confusión entre Arte de la Tauromaquia Popular (arte de un pueblo que no hace falta ser culto para entenderlo), y Arte Vulgar, en el que se afianza el 'todo vale' de las formas poco ortodoxas de hacer la Tauromaquia.

La Tauromaquia popular es aquella que no renuncia a las formas claras de realizar el toreo, de trazo conciso, algo espontánea, en cambio la Tauromaquia vulgar, facilmente cae en la redudancia del cite fuera de cacho, de perfil, de los remates hacia afuera...El público que acude a este tipo de corridas demanda un torero de formas sencillas, con pases elementales y sin demasiada canonicidad, pero al final recogen la vulgaridad ofrecida por el artista acostumbrado a esas formas inconexas, tomando como ingenuo al público.

El arte popular se ha refugiado en este tipo de corridas denominadas 'mediáticas' pero hasta ahí lo ha perseguido y acosado el arte vulgar, especialmente en las plazas de tercera y portátiles. Ya no es obra del torero sencillo, sino que entra a medias en la Tauromaquia, que olfatea los cánones del toreo y mezcla, según los casos del torero de quien se trate, residuos de toreo con ambientes festeros del público.

El arte vulgar se extiende por la Tauromaquia de toreros en boga en las revistas y programas del corazón. Pero este arte vulgar tiene sus aciertos cuando se acerca a las Tauromaquia de masas. En la Tauromaquia los aciertos son mas frecuentes que en otras artes, porque las distintas formas de torear se insinúan facilmente en los gustos del público popular y el torero lo sabe y los lleva en su repertorio.

Pero el gran pecado del arte de la Tauromaquia vulgar no es que pueda errar en la ejecución: yerra también el arte de torear culto; yerra el popular, aunque no lo crean los defensores de la pureza del toreo, el gran pecado lo tiene en la fuerza de destrucción del verdadero toreo, que lo empuja a cegar las fuentes primarias de la Tauromaquia.

Por eso, es una lamentable visión de futuro en que la Tauromaquia 'para el público' han perecido bajo las formas vulgares esclavizadas para servir de instrumento a la Tauromaquia mediocre y presuntuosa de este tipo de, ¿artistas?.

Imagen:

Derechazo de perfil y a media altura de Rivera Ordóñez en Fallas 2012. Foto: Rullot para http://www.aplausos.es/

miércoles, 7 de marzo de 2012

Juan José Padilla, valores en los que reflejarse


Han pasado unos días de la reaparición de Juan José Padilla a los ruedos tras el gravísimo percance de Zaragoza. Una de las frases más repetidas en estos días es que el diestro jerezano representa los valores que se ha de tener en la vida, y añado, en el arte, y que hoy en día son cada día más escasos. Vamos a ir uno por uno diseccionando esos valores que llevan a un hombre a sentirse torero y artista, a sentirse vivo.

Deseo. Juan José, como el resto de los toreros, tienen  que activar un poderoso deseo de superación personal para desarrollar la profesión que han elegido. El artista frente al toro tiene la gran responsabilidad de activar la inteligencia para llegar al talento. Se ha de tener un ardiente deseo de superación personal que impulse a la búsqueda de la perfección delante del toro bravo.

Coraje. Se ha de tener una enérgica determinación y definitiva resolución para dedicarse a la profesión de torero. El coraje es la valentía que ha demostrado Padilla al definir desde los primeros momentos después de la cornada un objetivo claro, volver a torear. Ese coraje es lucha continua y esfuerzo permanente. Coraje es  transformar la debilidad en fortaleza.

Ambición. Elaborar un proyecto en el mundo del toro tan grande como sea posible alcanzar. Juan José lo demostró con la ambición positiva de no volver la cara al toro, y rechazar la ambición egoista y mezquina que manipula a muchos toreros como es el dinero.

Esfuerzo. Ha demostrado que la fuerza de voluntad ha estado específicamente orientada a alcanzar su vuelta a los ruedos. Este esfuerzo significa el máximo aprovechamiento de todos los recursos físicos para vover a vestirse de torero. Esfuerzo es la dedicación, perseverancia, tenacidad y continuidad para no desistir jamás hasta ver los resultados deseados delante de la cara del toro.

Sacrificio. Entrega total a su profesión. Implica dejar a un lado la comodidad con el propósito de volver a sentir al toro cerca. Sobreponerse a la adversidad es una cualidad humana ligada a la grandeza, y ¿qué acto es más grande en la vida que crear Arte frente a un aninal fiero en el ruedo?.

Convicción. La profunda creencia en sí mismo de Juan José y en su propio potencial. Ha demostrado una total confianza en que él podía volver a torear. Un completo compromiso consigo mismo para la realización de sus objetivos.

Fortaleza. Como solided mental cuando se tiene un objetico claro en la vida. Es una resolución inquebrantable de una persona que ha decidido hacer del toro, de su profesión, un proyecto de vida digno y de vivirlo con orgullo.

Carácter. La seguridad interna que Padilla ha tenido para expresar sus pensamientos y sentimientos a todo el mundo desde el primer momento, pero sobretodo la confianza en sí mismo para hacerlo.

Vocación. El jerezano ha dedicado su vida a hacer lo que a él realmente le gusta, le complace y le satisface. Esa vocación torera consiste en encontrarse con uno mismo, descubrir el camino del toro, sentir total congruencia de lo desea con lo que hace.

Espíritu. La facultad mental que le ha dado a Juan José Padilla vitalidad y potencialidad. El espíritu de un torero es una poderosa corriente de energía mental que moviliza sus vidas para ponerse delante de un toro. Solamente tiene que saltar al ruedo para activar ese potencial de acción que existe en su interior.

Imagen:
Padilla a hombros en su vuelta de Olivenza. Foto: Gallardo para http://www.badajoztaurina.com/

viernes, 2 de marzo de 2012

La problemática artística en la Tauromaquia de la desaparición de encastes


De un tiempo hacia aquí se han ido incorporando al arte de la Tauromaquia unos ideales en los que la importancia para el artista es mirar por su propia comodidad. Esta circustancia ha ido cambiando gradualmente la fisonomía de una 'nueva Tauromaquia' en la búsqueda de un sólo tipo de toro y el rechazo y olvido, hasta llegar a su desaparición, de determinados encastes.

El nuevo tipo de toro demandado por el taurinismo podríamos compararlo con los nuevos materiales en la arquitectura al ser más transformados que los antiguos, con un tipo de textura o comportamieto más uniforme, pero que en sí mismos aporta una estética más pobre en cuanto a soluciones artísticas que tienen que plantear los artistas frente a ellos en el ruedo.

Es decir, el toro, como una placa de metal o de plástico en arquitectura, completamente uniforme en comportamiento, ofrece pocas posiblidades a nuevas formas de arte, a poder contemplar los recursos artísticos y técnicos del torero frente a las diferentes posiblidades que ofrece el comportamiento de encastes distintos.

En cambio, en los encastes que mantienen algo de 'privitivismo' podrémos encontrar en su lidia una variedad de sensaciones por su 'irregularidad' de comportamiento, entendiendo ésta como algo no negativo, sino como algo que aporta riqueza a la diversidad que siempre ha caracterizado a la Tauromaquia.

Existen muchos aficionados que nos lamentamos de la pérdida de valores estéticos que está sufriendo la Tauromaquia con el abandono por parte de los toreros de encastes minoritarios pero de gran riqueza dentro de la Fiesta. Por ello deberían darse cuenta de que el aficionado a la Fiesta de los Toros necesita contemplar la riqueza de formas y espontaneidad que posee el Toro Bravo, no se deberían conformar con el comportamiento unitario, al final los toreros se convierten en cómplices de la uniformidad de la Fiesta que puede llevar a su rechazo.

Imagen:
Vaca de Patas Blancas de Francisco Galache dentro del reportaje de Rubén Arévalo para http://www.cope.es/toros y http://rubenarevalo.blogspot.com/

jueves, 1 de marzo de 2012

Manzanares. El artista se desmarca del compromiso


Saltaba el pasado martes 28 de febrero la noticia de que Jose María Manzanares se autodescartaba para San Fermín en elmundo.es como ya ocurriera la temporada pasada. Para el arte, esto supone un rechazo al reto, y más cuando se trata de una de las máximas figuras del escalafón por lo que debería reclamar su maestría con todo tipo de toros y en toda clase de circustancias.

Y es que el torero debería tomar conciencia de que la actividad artística que a elegido conlleva mucho más retos de los que probablemente ninguna otra se ha enfrentado debido a una serie de factores de diversa índole.

En primer lugar hablaríamos de la desmitificación y derrumbe de valores y certezas sobre el torero que en nuestra cultura ya es evidente. Tres siglos después del nacimiento de un Arte como la Tauromaquia, se ha perdido el 'asombro', el optimismo que alentaba a la sociedad cuando tenía el convencimiento de que un hombre se enfrentaba a un animal que portaba la muerte, y era capaz de crear arte una vez domeñado el primer instinto de 'caza'.

Pero los problemas que han ido aquejando a la Fiesta, como la paulatina conversión de bravura a nobleza hasta llegar al casi domesticamiento, la banalidad con que se anda y se habla delante del toro y el deterioro de los valores de la Tauromaquia por parte de la sociedad, han llevado a un gradual pero implacable derrumbe de la figura del torero que es capaz de rehuir el compromiso anteponiendo su 'comodidad' al reto y magnificación de su figura.

La figura del toreo, con su rechazo a valores como el compromiso, el esfuerzo, la fe y la determinación frente a determinado tipo de toros y encastes está dando lugar a una cultura taurina desapasionada que se caracteriza por su escepciticismo y desilusión. Nos encontramos en un sistema en el que el artista ha manipulado a la afición con el objeto de conformar y preservar sus intereses.

La experiencia interior del torero, la sutil vivencia de la propia subjetividad, requisitos indispensables de la condición creadora son ahogados en medio de una cultura de conformismo alienante. Alienación o enajenación se entienden como la distancia que separa al artista del toreo de su esencia, de enfrentarse a toros de todo tipo de condición y en todos los entornos posibles. Eso le hace perder su verdadera identidad.

Todo esto lleva a una paulatina degradación del verdadero Arte de la Tauromaquia, pues donde no hay armonía entre riesgo y arte, donde no hay un verdadero contacto con el toro más 'real' posible y la realidad interna, equilibrio y reto personbal no puede haber autenticidad artística.

Imagen:
Toro de Pamplona. Imágen de Jose María Manzanares por Joserra Lozano. (http://www.josemariamanzanares.com)
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