martes, 28 de febrero de 2012

La emoción de las imágenes en el cine y en los toros


Estamos en época de Oscars, y este año le ha tocado la 'suerte' a la película 'The Artist'. Su gran característica principal tiene es que se trata de una evocación al pasado, al cine sin sonido, del cine 'mudo'. A penas nos damos cuenta, pero el arte de la Tauromaquia también tiene cierto aire de 'cine mudo'.

La mirada emocionada, deseosa o soprendida, se ha tratado de eternizar en la memoria colectiva desde tiempo inmemorial. Por ejemplo la pintura persiguió, entre otras cosas, eternizar momentos, rostros y sentíres.

El recuerdo visual y la emoción de las imágenes nos impresionan no solo por su poder evocador sino, por su capacidad de crear nuevas sensaciones en nuestro interior. Estas imágenes quedarán ligadas a toda nuestra historia personal pero, de modo particular, están ligadas a nuestro presente más íntimo e inmediato.

El cine es un arte visual, como lo es en esencia el arte de la taurtomaquia. Visto como en los inicios, el toreo parece salirse del 'cuadro' para deleitarnos, sorprendernos y emocionarnos con una cascada de movimentos y gesticulaciones. Si el cine mudo era capaz de hacer 'magia' sobre una sábana blanca el toreo lo hace en un ruedo de albero donde no hay más actores que toro y torero inmersos en un enorme diálogo en silencio.

El torero, al igual el actor del cine mudo, se siente influído por la estética y en ellos se muestra una permanente preocupación por la belleza; por una idea de belleza en la que cabe la muerte, junto a los otros arquetipos o modos de la belleza convencional que supone el arte.

Todos estos planteamientos se articulan en el Arte de Torear en una dramaturgia ceremonial, en la que los gestos, los ademanes y casi la danza frente al toro ocupan un papel de primer orden.

La Tauromaquia, como el cine, es un espacio privilegiado de transmisión de la experiencia, pero bajo un sistema narrativo que habla del rito, de burlar a la muerte creando arte.

Imagen:
Montaje con el cartel de The Artist y Morante de la Puebla en San Isidro 2009. Foto: CABRERA

miércoles, 22 de febrero de 2012

Transformaciones de una pincelada única, el muletazo

El muletazo, como pincelada, no es una simple linea dibujada con la tela acompañando la embestida del toro.

Su trazo, puede ser grueso o fino, es decir, llevando al toro más tapado o menos, depende del nivel de brusquedad que muestre al tomar las telas. Un muletazo, por el vació que encierra al dejar en el centro al torero mientras se enrosca al toro a la cintura, representa forma y volumen.

Por el ataque y empuje del toro la 'pincelada roja' expresará ritmo y movimiento que, cuanto más ducto sea el artista, más plástico será. Por otro lado, el juego 'gracioso' de las telas en los remates o en la forma de moverla sugerirá sombra y luz.

Ese muletazo busca discernir la linea interna del toreo, al mismo tiempo que se carga de las pulsiones irresistibles del hombre. El pase trasciende así el conflicto entre hombre y animal, entre la representación del volumen compuesta por el toro y la del movimiento descrita por el artista, y por su sencillez aparente, encarna la ley de la transformación.

El torero dibuja formas de la realidad, pero al mismo tiempo procura recrear lineas invisibles y rítmicas que las enlazan y las animan. Cuando lo consigue, da rienda suelta a los influjos que impulsan su propio ser.

Imagen:
Gran muletazo de Morenito de Aranda en la Feria de Otoño de 2010. Foto: Juan Pelegrín para las-ventas.com

lunes, 20 de febrero de 2012

Cayetano, el artista 'entre algodones'


Dentro del escalafón se está dando un caso que al comienzo de su carrera podría pasar desapercibido para el público, no para el aficionado y el profesional, y que con el tiempo se está acentuando aún más si cabe. Hablamos de la figura de Cayetano como un artista mimado en demasía.

Porque si hubiera que buscar un 'niño mimado' en la forma de llevar su carrera en el Arte de la Tauromaquia ese es el torero madrileño. La forma de presentar el ganado en sus actuaciones y la prógramación de los cosos donde hace el paseíllo, hace ver que quien maneja los hilos de su carrera presuponga que todo espectador está encerrado en un embotamiento absoluto, producto de la anosmia taurina que estamos viviendo en estos momentos.

Parece que para Curro Vázquez, mentor y 'mecenas' del torero, el espectador es incapaz de percibir las sensaciones de peligro que supone un toro con trapío, acudiendo a los cosos atrofiado por completo en un universo festero y en el que prima el '¡Ole!' a cualquier precio.

Su toreo, su arte, frente a toros muy pobremente presentados plantean la dificultad de estimular los sentidos del verdadero aficionado. El peligro está que el seguidor y usuario del arte de Cayetano se puede llegar a convertir en una especie de conductista exclusivamente guiado por su instinto de presenciar una obra simple de percepción y estimulación.

El aficionado que aiste a una corrida en la que se anuncia el artista madrileño es invocado a penetrar en un túnel en el que la exigencia se estrecha tanto que apenas puede sortear el abatimiento sin quedar apresado en la desidia y apatía hacia su Arte.

Peligroso tema, ya que el arte tiene que generar emoción, no sólo con las formas, si no con los retos de realizarlas frente a toros con importancia, lo demás...declive.

Imagen:

Cayetano en Brihega frente a un toro póbremente presentado

jueves, 16 de febrero de 2012

El Art Nouveau de Iván Fandiño y David Mora


La irrupción el año pasado de Iván Fandiño y David Mora supuso un movimiento muy importante dentro del Arte de la Tauromaquia, como lo fue el Art Nouveau a principios del siglo XX.

El parangón viene dado porque su nacimiento, su eclosión, no ha sido tan espontanea como generalmente se cree. En la Fiesta, el público estaba cansado ( y está), de formas y métodos repetitivos realizados frente al mismo tipo de toros, con el mismo tipo de encaste. Estos dos jóvenes toreros reivindicaron el Arte de torear de su tiempo como algo suyo, algo que había que renovar.

Existe una necesidad, como en el Arte Nouveau, de volver a crear el Arte de la Tauromaquia. Pero esto no quiere decir que este Arte no había existido ni creado placer. Lo que sucede es que hasta este momento, pocos artistas se han ocupado de pocas cosas que fueran más allá de lo funcional y funcionario. El Toro, su importancia, el respeto que se ha de tener delante de él al jugarte la vida se ha hecho superfluo.

David Mora e Iván Fandiño han hecho retornar el sentimiento torero unido al gusto estético. La Afición, como ocurrió en la Francia de finales de siglo, gracias a ellos dos ha comenzado a exigir a todos los artistas que muestren creatividad y algo de fantasía, algo novedoso o auténtico delante del toro en respuesta a las necesidades de una afición, por lo menos aletargada y aburrida.

Lo importante de esta nueva forma de Tauromaquia es la creación de una nueva estética del toreo a través de un retorno a la creación de Arte frente a todo tipo de toros y que después de la aparición de estos dos toreros repletos de ambición se marque tendencia e inspire a los nuevos artistas a partir de ahora.

Imagen:
Iván Fandiño y David Mora en el mano a mano de la pasada Feria de Otoño de Madrid. Foto: Juan Pelegrín para las-ventas.com

miércoles, 15 de febrero de 2012

El Juli, el artista frente a la enajenación


Se viven momentos convulsos dentro del Arte de la Tauromaquia. Tanto que Julian López 'El Juli' ha llegado incluso a plantearse el retiro, algo que sería totalmente contraproducente para la Fiesta.

El artista madrileño se ha visto arrastrado hacia un torbellino de enajenación, hasta tal punto que uno de los toreros 'pilares' de esta época se ha quedado fuera de Ferias importantes en el inicio de Temporada, y lo que queda...

Pero Julián, como artista de la Tauromaquia, no debiera alejarse de sus ideales y propósitos dentro de la Fiesta, ya que sin ellos sería dificil dar sentido a su actividad.

Su experiencia interior, la vivencia de la propia subjetividad, requisitos indispensables de la función creadora frente al toro, no pueden ser ahogados, ni enajenados. Ya que todo esto llevaría a una paulatina degradación del arte de torear de El Juli, pues donde no hay armonía,equilibrio y fuerza personales no puede haber autenticidad artística en el ruedo.

Parafraseando a Herbert Read (crítico de literatura y arte inglés) diríamos que las fuerzas externas que han destruído el momento creativo del madrileño, son también las que destruyen sin saberlo el sentido de la belleza de su toreo.

Y en estos momentos en que la sociedad se ha 'destaurinizado', en que el arte de torear tiende a perder su esencia, muchos no saben el flaco favor que hacen al anteponer la economía al arte. Los artistas de la Tauromaquia se han visto embaucados dentro de valores que rigen El Sistema.

Por eso, Julián López 'El Juli', un artista no debe dejarse ajitar por la ajitación exterior, aunque en este ambiente sea dificil lograrlo, es preciso estar alerta ante un mundo, el del Arte de la Tauromaquia, con una fuerte tendencia hacia lo polémico que hace todo por desviarnos de nosotros mismos.

Imagen:
El Juli en Las Ventas, 2010. Foto: Iván de Andrés

miércoles, 8 de febrero de 2012

El Arte de la Tauromaquia, instrumento del corazón

El toreo alcanza su máxima expresión con la hondura de un pase. Al igual que en el Cante Jondo, la hondura viene de la rebeldía, (en algunos casos del dolor), ya que el artista de la Tauromaquia tiene que poner su mayor empeño en hacer pasar al toro por donde éste no lo hace por naturaleza, con el único propósito de crear Arte.

Esa hondura es el lugar donde nacen las emociones, del alma, del corazón, que cuando afloran, el arte del torero tiene que saber dominar con su muleta. El torero es un artista vivo, que está en continuo conflicto con el toro, con la muerte. Y será el corazón, no la razón, el instrumento con el que deberá renovar perpetuamente la sensación de vida frente al toro.

La vida del artista de la Tauromaquia debe ser un misterio desde el punto de vista de la razón, pero no del corazón, o podríamos decir que el corazón aceptará el carácter misterioso de sus sentimientos frente al toro en el centro del ruedo.

El Arte de la Tauromaquia, como instrumento del corazón, antes que de la razón, intenta transmitir el sentimiento al espectador, hacer viva la lucha entre toro y torero. Pensar que uno puede superar la muerte, realizando una faena con exactitud, analítica y técnica no es otra cosa que confirmar su falta de corazón, carencia de sentimientos, indiferencia hacia el Arte de torear.

El instante donde se funden espontaneamente los sentimientos del torero con el toro en el ruedo es cuando se crea la obra de arte, el instante de profundidad en que el toro se embroca con el drama de los sentimientos más extremos del torero hacia de la muerte, es el momento de la violenta armonía, del horror sagrado hecho Arte.

Imagen:
Trincherazo sentido de Finito de Córdoba en Sevilla. Foto: MATITO (http://www.sevillataurina.com/)
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