viernes, 24 de agosto de 2012

La importancia de la representación en el Arte de Torear




En la Tauromaquia no cabe ver el Arte ni lo hay si no hay representación. Me explico, una cosa o suceso que ocurra en el ruedo (pegar pases sin sentido, por ejemplo), es eso sin más, un suceso en todo el sentido de la palabra. Así, ninguna de esas 'cosas' que sucedan en el ruedo estará acabada hasta que la termine con cierta estética el individuo, el torero, que entra en su espacio.

No habrá obra de arte hasta que no se cumpla esa incorporación y el diestro asuma su terminación, es decir, no habrá nada, por más que el Toro por sí solo genere espectáculo, hasta que la lidia sea asumida por el individuo, por el torero.

Ahora bien, el diestro, habrá de hacer un esfuerzo por entender cada lidia, cada condición del toro para plasmar frente al animal alguna sugerencia de figuración emotiva, si no lo que veríamos (por desgracia vemos a menudo), es un "lienzo vacío", nada de arte, pases planos y sin sentido. Un ejemplo es Morante de la Puebla, uno de los diestros que se afanan en casi todas sus actuaciones por dar sentido a la representación.

Así, una obra de arte taurómaca, deberá tener al menos: 1) el esfuerzo y afán del torero, 2) ese efuerzo debe ser consciente de las condiciones del toro y así plasmar el verdadero sentido del Arte de la Tauromaquia que es la emoción, 3) por último, el efecto de todo este 'trabajo del artista' en el albero si se hace con sentimiento, será reconocido por quien disfruta de la obra.

Imagen

Detalle de Morante de la Puebla en la Feria de Abril de 2011 a partir de una foto de Alejandro Ruesga, para el pais.com

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