martes, 28 de agosto de 2012

El realismo y naturalismo de una corrida de toros


El realismo y  el naturalismo de una corrida de toros, interpretado como la lucha de un hombre frente a un animal fiero, parecen evocar en estos tiempos cosas 'solidificadas'. El domingo pasado en Bilbao volvió a darse la 'cruda' realidad del toreo gracias a toros que, con más genio, con más casta, unos mejores para el torero, otros peores.. vendieron cara su vida, frente a tres Hombres (con mayúsculas) que antepusieron el arte realista al arte decorativista que otro tipo de toros permiten.

La amable, agradable, sociable, e incluso 'bondadosa' Tauromaquia de nuestros días (más o menos moldeada por el marketing de defensores acérrimos de varios toreros), llevará a encerrarlo todo en un babilónico reinado del torero, sin importar el toro, y a que nos preguntemos, parafraseando al poeta en Machu Pichu :"Y ..., el Toro, ¿donde estuvo?".

La Tauromaquia siempre se ha movido por un conjunto de valores auténticos de lucha que al torero le autorizaba a ser un individuo reconocido en todas las facetas de la vida fuera de ámbitos taurinos (política, cultura, filosofía, religión). Ese reconocimiento hizo que poetas se inspiraran en ellos, filósofos buscaran el verdadero sentido que llevaba a un hombre a enfrentarse a la misma muerte para crear arte, etc...

Antes, la estética de la Tauromaquia aspiraba a fusionarse con el realismo que conlleva enfrentarse a un toro bravo y encastado con una ética fundada en la relación entre valor y superación a las dificultades que supone un animal que vende cara su vida. Pero en estos tiempos parece se está debilitando este hilo, con la merma que supone para el 'halo superior' del que siempre han gozado los toreros.

No defiendo que actualmente la Tauromaquia sea como en tiempos del 'gran realismo' del siglo XIX y principios del XX, donde la misma fiereza sobrepasaba a cualquier atisbo de arte. Lo que sí defiendo es que haya toreros como Diego Urdiales, Javier Castaño, Alberto Aguilar, Rafaelillo, Luis Bolívar, entre otros, que crean en la Tauromaquia en libertad, como factor de realidad y una distinta consideración social del goce de un público que reconoce sus méritos.

Estos diestros, aunque la realidad del Toro ha cambiado mucho, demuestran el deseo, el profundo deseo, de recrearla y buscar algún sentido al rito. Por eso, gracias a ellos sigue latiendo la "aventura" del gran realismo del Toro Bravo.

Imagen:

Diego Urdiales doblándose de capote frente a un Victorino en Bilbao. Foto: http://www.choperatoros.com/es/inicio.html

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