jueves, 1 de marzo de 2012

Manzanares. El artista se desmarca del compromiso


Saltaba el pasado martes 28 de febrero la noticia de que Jose María Manzanares se autodescartaba para San Fermín en elmundo.es como ya ocurriera la temporada pasada. Para el arte, esto supone un rechazo al reto, y más cuando se trata de una de las máximas figuras del escalafón por lo que debería reclamar su maestría con todo tipo de toros y en toda clase de circustancias.

Y es que el torero debería tomar conciencia de que la actividad artística que a elegido conlleva mucho más retos de los que probablemente ninguna otra se ha enfrentado debido a una serie de factores de diversa índole.

En primer lugar hablaríamos de la desmitificación y derrumbe de valores y certezas sobre el torero que en nuestra cultura ya es evidente. Tres siglos después del nacimiento de un Arte como la Tauromaquia, se ha perdido el 'asombro', el optimismo que alentaba a la sociedad cuando tenía el convencimiento de que un hombre se enfrentaba a un animal que portaba la muerte, y era capaz de crear arte una vez domeñado el primer instinto de 'caza'.

Pero los problemas que han ido aquejando a la Fiesta, como la paulatina conversión de bravura a nobleza hasta llegar al casi domesticamiento, la banalidad con que se anda y se habla delante del toro y el deterioro de los valores de la Tauromaquia por parte de la sociedad, han llevado a un gradual pero implacable derrumbe de la figura del torero que es capaz de rehuir el compromiso anteponiendo su 'comodidad' al reto y magnificación de su figura.

La figura del toreo, con su rechazo a valores como el compromiso, el esfuerzo, la fe y la determinación frente a determinado tipo de toros y encastes está dando lugar a una cultura taurina desapasionada que se caracteriza por su escepciticismo y desilusión. Nos encontramos en un sistema en el que el artista ha manipulado a la afición con el objeto de conformar y preservar sus intereses.

La experiencia interior del torero, la sutil vivencia de la propia subjetividad, requisitos indispensables de la condición creadora son ahogados en medio de una cultura de conformismo alienante. Alienación o enajenación se entienden como la distancia que separa al artista del toreo de su esencia, de enfrentarse a toros de todo tipo de condición y en todos los entornos posibles. Eso le hace perder su verdadera identidad.

Todo esto lleva a una paulatina degradación del verdadero Arte de la Tauromaquia, pues donde no hay armonía entre riesgo y arte, donde no hay un verdadero contacto con el toro más 'real' posible y la realidad interna, equilibrio y reto personbal no puede haber autenticidad artística.

Imagen:
Toro de Pamplona. Imágen de Jose María Manzanares por Joserra Lozano. (http://www.josemariamanzanares.com)

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