miércoles, 22 de febrero de 2012

Transformaciones de una pincelada única, el muletazo

El muletazo, como pincelada, no es una simple linea dibujada con la tela acompañando la embestida del toro.

Su trazo, puede ser grueso o fino, es decir, llevando al toro más tapado o menos, depende del nivel de brusquedad que muestre al tomar las telas. Un muletazo, por el vació que encierra al dejar en el centro al torero mientras se enrosca al toro a la cintura, representa forma y volumen.

Por el ataque y empuje del toro la 'pincelada roja' expresará ritmo y movimiento que, cuanto más ducto sea el artista, más plástico será. Por otro lado, el juego 'gracioso' de las telas en los remates o en la forma de moverla sugerirá sombra y luz.

Ese muletazo busca discernir la linea interna del toreo, al mismo tiempo que se carga de las pulsiones irresistibles del hombre. El pase trasciende así el conflicto entre hombre y animal, entre la representación del volumen compuesta por el toro y la del movimiento descrita por el artista, y por su sencillez aparente, encarna la ley de la transformación.

El torero dibuja formas de la realidad, pero al mismo tiempo procura recrear lineas invisibles y rítmicas que las enlazan y las animan. Cuando lo consigue, da rienda suelta a los influjos que impulsan su propio ser.

Imagen:
Gran muletazo de Morenito de Aranda en la Feria de Otoño de 2010. Foto: Juan Pelegrín para las-ventas.com

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