El muletazo, como pincelada, no es una simple linea dibujada con la tela acompañando la embestida del toro.
Su trazo, puede ser grueso o fino, es decir, llevándo al toro más tapado o menos, depende del nivel de brusquedad que muestre al tomar las telas. Un muletazo, por el vació que encierra al dejar en el centro al torero mientras se enrosca al toro a la cintura, representa forma y volúmen.
Por el ataque y empuje del toro la 'pincelada roja' expersará ritmo y movimiento que, cuanto más ducto sea el artista, más plástico será. Por otro lado, el juego 'gracioso' de las telas en los remates o en la forma de moverla sugerirá sombra y luz.
Ese muletazo busca discernir la linea interna del toreo, al mismo tiempo que se carga de las pulsiones irresistibles del hombre. El pase trasciende así el conflicto entre hombre y animal, entre la representación del volúmen compuesta por el toro y la del movimiento descrita por el artista, y por su sencillez aparente, encarna la ley de la transformación.
El torero dibuja formas de la realidad, pero al mismo tiempo procura recrear lineas invisibles y rítmicas que las enlazan y las animan. Cuando lo consigue, da rienda suelta a los influjos que implusan su propio ser.
Imagen:
Gran muletazo de Morenito de Aranda en la Feria de Otoño de 2010. Foto: Juan Pelegrín para las-ventas.com

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