miércoles, 8 de febrero de 2012

El Arte de la Tauromaquia, instrumento del corazón

El toreo alcanza su máxima expresión con la hondura de un pase. Al igual que en el Cante Jondo, la hondura viene de la rebeldía, (en algunos casos del dolor), ya que el artista de la Tauromaquia tiene que poner su mayor empeño en hacer pasar al toro por donde éste no lo hace por naturaleza, con el único propósito de crear Arte.

Esa hondura es el lugar donde nacen las emociones, del alma, del corazón, que cuando afloran, el arte del torero tiene que saber dominar con su muleta. El torero es un artista vivo, que está en continuo conflicto con el toro, con la muerte. Y será el corazón, no la razón, el instrumento con el que deberá renovar perpetuamente la sensación de vida frente al toro.

La vida del artista de la Tauromaquia debe ser un misterio desde el punto de vista de la razón, pero no del corazón, o podríamos decir que el corazón aceptará el carácter misterioso de sus sentimientos frente al toro en el centro del ruedo.

El Arte de la Tauromaquia, como instrumento del corazón, antes que de la razón, intenta transmitir el sentimiento al espectador, hacer viva la lucha entre toro y torero. Pensar que uno puede superar la muerte, realizando una faena con exactitud, analítica y técnica no es otra cosa que confirmar su falta de corazón, carencia de sentimientos, indiferencia hacia el Arte de torear.

El instante donde se funden espontaneamente los sentimientos del torero con el toro en el ruedo es cuando se crea la obra de arte, el instante de profundidad en que el toro se embroca con el drama de los sentimientos más extremos del torero hacia de la muerte, es el momento de la violenta armonía, del horror sagrado hecho Arte.

Imagen:
Trincherazo sentido de Finito de Córdoba en Sevilla. Foto: MATITO (http://www.sevillataurina.com/)

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