jueves, 26 de enero de 2012

Sergio Aguilar, pureza en las formas del Arte


En el Arte de la Tauromaquia se ha de conseguir un equilibrio entre lo objetivo (El toro y el torero), y lo subjetivo (la emoción que el toreo y sus formas pueden llegar a producir). Para que exista una obra de arte en el ruedo, (como en otro ámbitos), ha de ser producida, construída. Es preciso crear objetivamente una representación de formas con la ayuda de las telas, y relaciones con el toro. Tal obra nunca puede estar vacía, ya que la oposición entre sus elementos produce emoción.

Hay quienes se han basado en unas formas, un arte del toreo figurativo, pero otros artistas, como Sergio Aguiar, han buscado en su arte la autonomía de las formas, en definitiva la pureza del arte.

Esa pureza de trazo, de colocación, sin artificios ni adornos frente al toro, parece tener claro Sergio Aguilar que puede llegar a lo sublime. Esa magnitud de la Tauromaquia entendida por el madrileño, no tiene forma, no se puede 'medir', no puede obedecer a las leyes de la proporción canónica del Toreo y por supuesto no se puede apoyar en imitiaciones de formas de otros artistas del toreo.

Plantea Sergio, por tanto otra altertaniva a las teorías de la belleza de la Tauromauia clásica que se fundamentan en la correspondencia de las partes del pase con el todo, la claridad de los trazos al volar las telas, y por supuesto la perfección y la pureza de las formas.

Por eso para llegar a lo excelso en el ruedo, Sergio Aguilar basa su toreo no sólo en una belleza basada en las reglas de la Tauromaquia, que produce agrado eso sí, en una belleza basada en la libertad de formas, que producirá una fuerte emoción.

Imagen:
Gran derechazo de Sergio Aguilar en la goyesca del 2 de mayo madrileña de 2010. Foto: Iván de Andrés

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