miércoles, 28 de septiembre de 2011

Expolio del patrimonio taurino-español en la región catalana


El día 25 de septiembre de 2011 se llevó a cabo el expolio de una parte Patrimonio Español en Cataluña, la abolición de las Corridas de Toros, comparable al que ocurrió durante la invasión napoleónica a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX.

Desde un punto de vista cultural, los dos saqueos han sido, cada uno en su época, de una importancia suprema. Tanto el realizado por las tropas francesas, como el llevado a cabo por  las 'ordas nacionalistas' catalanas, coincidieron con una falta de regulación jurídica y con la escasa conciencia ciudadana de su valor artístico.

Al igual que el modelo empleado por Napoleón, la política catalana ha llevado a cabo su proyecto con dos objetivos principales: reclamar la independencia de un territorio (Napoleón directamente lo conquistaba), y el expolio sistemático de los bienes culturales de todo lo que no sea identitariamente catalán.

En Cataluña, ni Libertad, ni Igualdad ni Fraternidad, la admirada divisa masónica, han servido, y se ha llevado a cabo una sentencia nada solidaria, nada fraternal y, desde luego, nada respuetuosa hacia el bien artístico de un pueblo, como es la Tauromaquia. Bajo la aparente imagen de personas educadas y cuidadosas con la historia y el arte del pasado, la política catalana se ha contradicho con su comportamiento.

Para la vuelta de la Tauromaquia a Cataluña, los políticos de nuestra época deberían fijarse en una decisión tomada por Fernando VII, quien a su vuelta a España en 1814,y después de los saqueos que se llevaron a cabo por parte de los franceses, ordenó la devolución de las obras de arte, (incluída la Tauromaquia, permitiendo incluso abrir una Escuela de Tauromaquia en Sevilla), que estuvieran en España o en el extranjero, a sus lugares de procedencia, lo que impidió que un número significativo de ellas se perdieran definitivamente. Pues bien, en nuestros días habríamos de luchar por la creación de un organimo a nivel estatal para que se encargara de la defensa de la Tauromaquia y que, mediante acuerdos, hicieran que Cataluña se viera obligada a acoger las obras de arte taurómacas que habían sido explusadas por la política nacionalista catalanas.

Sea como sea, la Tauromaquia, custodiada en la Plaza Monumental de Barcelona genera una gran admiración y sus obras tienen sumo interes en una parte de la ciudadanía de esa región española, así como en ciertos países eurpeos cercanos.

Por ello, este expolió traicionero del Arte de la Tauromaquia debería servir para que la ciudadanía española despertara de la modorra taurino-cultural y comenzara a valorar su Patrimonio Histórico. Deberíamos plantearnos, los amantes del toro, hacer todo lo imposible porque surgiera un nuevo espíritu que anime a emprender un camino cargado de ilusión y futuro. Así se aprenden las lecciones de historia de un pueblo y así se comienza a admirar, conservar y proteger el Patrimonio Cultural y Taurino, que es de todo el mundo y que todas las personas aficionadas estamos llamadas a guardar y difundir como el más preciado tesoro, del que hemos de ser fieles depositarias y diligentes divulgadoras.

Imagen:
Serafín Marín a hombros en la última corrida de Barcelona. Foto: EFELas puertas cerradas de La Monumental tras la corrida. Foto: lavanguardia.com

martes, 20 de septiembre de 2011

La destrucción del Arte en Cataluña


No es solamente ignorancia, la enorme ignorancia de la cultura de su región de, por más que les pese, de su país, la que ha hecho que los catalanes destruyan el arte de la Tauromaquia de su pasado y aún de su presente, sino el egoísmo, la ira y la falta de protección legal hacia esas obras de arte efímero que se plasman en el ruedo, que son nuestro máximo patrimonio de cultura.

Da lástima ver lo poco que hacen las instituciones por conserver el Arte de la Tauromaquia, salvo goterones aislados, no existen leyes protectoras de estos "monumentos" vivientes.

Para comprender lo que va a ocurrir en Cataluña el próximo domingo, la angustiosa destrucción y abandono que ha sufrido el Arte de Torear en esa región española habría que partir de tres bases: La ignorancia, el egoísmo y la falta de protección jurídica.

Parece obvio y sorprendente tras los sucesos abolicionistas que cualquier ciudadano puede destruir una parte de nuestra historia, sin ver las consecuencias económómicas que va a traer la desaparición de los toros en Cataluña. Pongamos un ejemplo con otros artes. Se destruye un edificio de gran valor arquitetónico en una ciudad, no hay sanciones. Un buen día una firma comercial, o un particular lo compra, dinamita lo poco que queda para sacarle jugo economico y enriquecerse, pero la historia ¿qué importa?.

Por otra parte, mientras que no se enseñe a los abolicionistas y políticos catalanes que el Arte de la Tauromaquia, es valioso; mientras no se haga una verdadera defensa para declarar la Fiesta como intocable, y se conciencien en otras regiones del pais, todo se irá extendiendo y será inútil.

Vayamos al egoísmo. Muchas personas y autoridades catalanas saben que la Tauromaquia es una obra de Arte valiosa, insustituible, única, que es la honra y la atracción de un pais, que es uno de nuestros legados más estimables y sin embargo se han hecho los olvidadizos ante la perspectiva de un puñado de votos nacionalistas y ante la seguridad de que nadie en la Comunidad Autónoma de Cataluña,y lo que es peor, desde el Gobierno central, les dirá nada.

Así es como se ha cambiado un pase de pecho por una senyera, una trinchera por una barretina,etc., Y el mal ejemplo cunde más que el bueno. Después de que Madrid y Francia declararan los Toros como Bien de Interés Cultural, se creyó que este ejemplo serviría en forma rotunda. Pero de momento no ha sido así, la Tauromaquia corre  peligro, y el acecho más importante es el del olvido.

Debemos pues, los aficionados a los toros, dar la voz de alarma ante los desmanes y el fanatismo de la "Inquisición" nacionalista y que no seamos testigos de los saqueos y la destrucción de una de las más valiosas formas de Arte, La Tauromaquia.

lunes, 19 de septiembre de 2011

El peligro de la imagen liviana del Torero


Uno de los peligros apenas perceptible que acechan al Arte de la Tauromaquia es la pérdida de identidad como ser 'supremo' del Torero. La inclusión en su vida privada, en sus sentimientos, etc., puede llevarnos al error de mirarlo con cotidianidad, cuando la figura del Artista de la Tauromaquia siempre ha revelado misterio y grandeza con su sola presencia.

En este nuevo artículo intentaremos desglosar la figura del Torero como individuo diferente por el simple hecho de crear un arte superior a los demás ya que para ello deberá sortear a la muerte.
Torero es una persona que cultiva el arte de torear, en el que la habilidad de sus manos va a servir de intérprete al ingenio y al talento para plasmar la pura virtud de la Tauromaquia tanto en la invención como en la ejecución. Emplea sus manos para expresar los sentimientos de su alma.

Hubo un tiempo, menos ilustrado, donde la calidad de torero no pasaba de una simple profesión, la de matador de toros, mejor dicho, era un oficio, que ya de por sí levantaba admiraciones ya que se le miraba como una de las figuras más nobles y poética de las sociedades cultas e ilustradas.

El verdadero artista de la Tauromaquia tiene ideas, necesidades, placeres y un género de vida propios y peculiares, que debieran hacer de él un ser diferente de la generalidad de los demás hombres. Su existencia es toda meditación y comtemplativa; su vocación se descubre desde los primeros años de edad cuando se pone delante de la primera becerra, y sería en vano contrariarla, porque ya viene al mundo predestinada por la naturaleza, hasta que la casualidad la descubre.

Por eso, la vida del verdadero torero, del artista del toreo, ha de ser totalmente diferente de la vida real y común de los mortales. Ha de tener una mirada peculiar hacia su arte; el objeto continuo de sus estudios, meditaciones y de su admiración ha de ser el Toro; de modo que, si ese animal en otro hombre pasa sin descubrir nada que le parezca digno de atención, el torero descubre en él ideas nuevas y preciosas,así como un aliado ,y a la par enemigo, seguro con el que se enfrentará a muerte y al que si logra dominarlo será una fuente inagotable de inspiraciones grandiosas, que solo fluyen de ese ser distinto que debiera ser El Torero.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Analogía de las corrientes artísticas taurinas con las de El Renacimiento


En pleno Renacimiento hubo en el Arte dos corrientes diferenciadas estéticamente. Son las escuelas florentino-romana y la veneciana. Las dos propugnaban un arte, un estilo propio y diferenciado no por eso menos válido. Una, la florentina, tomaba el gusto por El Natural, por las lineas clásicas y el dibujo, y la veneciana lo hacía más hacia el color.

En la Tauromaquia se da el hecho de que existe, (podríamos llamarlo así), un parangón con esta diferenciación, además de geográficamente (centro-norte y sur), de una estética y forma de entender el toreo propia,hablamos de la escuela castellana y la escuela andaluza. Sin menospreciar otras como la levantina, la catalana, etc. donde se han forjado maestros fabulosos a las que salpican en su forma de entender el toreo características de cada una de las escuelas principales.

Empecemos de la primera de las dos escuelas mencionadas, la castellana, cuyo caracterer es la solidez de las masas a la hora de ejecutar el toreo. En esta escuela prevalece el toreo clásico, formando a sus artistas en el estudio de la Tauromaquia antigua, pues en ella hallan la ciencia del toreo y la exactitud de la expresión austera hasta el punto que no perjudica a la belleza. En la composición buscan la simetría y el equilibrio correspondiendo a un sentido estático de la misma, donde predominan las normas de la Tauromaquia sobre la libertad personal.

El resultado que produce esta Tauromaquia puede llevar a engaño al parecer una obra fría pero bien estructurada, con un acentuamiento de los movimientos nada forzados y opuestos al efecto de sentimiento arrebatado que se da en la escuela sureña.

La otra escuela,la andaluza, al igual que sus referentes venecianos en el Renacimiento, se distingue más por la vivacidad y verdad de su 'colorido' (que dan sus formas de mover las telas, de ejecutar el toreo 'churrigueresto'). Se trata de intersesarse sólo por el momento, como un estado transitorio de la naturaleza misma, para evocar el sentimiento interno del aficionado en un momento fugaz, buscando la corporeidad de un pase, en un ámbito, podríamos llamarlo, luminoso. Cuando se consigue pasa a considerarse sus faenas como "poemas visuales", al estar destinadas a la contemplación y a la consecuente ensoñación que puede provocar una obra taurómaca con 'duende'.

Esta Tauromaquia, por lo tanto, puede considerarse más por su caracter sensual y no por una tendencia intelectual tan importante en la Tauromaquia castellana.

Imagen:
José Tomás, exponente del estilo clásico castellano.
Morante de la Puebla, dejando su impronta del sentimiento andaluz. Foto: MATITO

martes, 6 de septiembre de 2011

Simetría, ritmo y color en el Arte de la Tauromaquia


En la Tauromaquia, como en la pintura, la música o la arquitectura, los elementos de la obra se relacionan unos con otros (en este caso el toro y el torero) para lograr una armonía consciente que cada artista expresa de forma personal.

La simetría en una obra de arte taurómaca es un elemento muy importante que nos da una sensación cuando se unen en el momento del embroque de armonía y belleza suprema.
Los artistas que realizan la Tauromaquia, como los de las demás artes y los científicos, han observado la continua repetición de ciertos patrones naturales, así como las relaciones que se encuentran en el Universo. Al revés de la observación, muchos toreros desarrollan una intuición que les permite expresarse de acuerdo con ciertas reglas de la simetría que, cuando se unen con la acometida del toro, son agradables al ojo humano.

La armonía visual de la obra de arte en el ruedo también se logra por la jerarquización de los elementos que la componen, buscando ritmos que pueden lograrse a través del temple y, porqué no, de sus armonías de color y lineas trazadas con las telas.

En la Tauromaquia el color es un elemento muy importante en el lenguaje de la obra. Con él se pueden recrear experiencias, transmitir sensaciones y comunicar la manera de ver el mundo desde el mundo de Los Toros. Es frecuente que asociemos recuerdos y vivencias con ciertos colores, no sólo porque hayan estado presentes, sino porque los colores tienen en sí mismos la capacidad de provocar y evocar ciertos estados de ánimo. Por ejemplo, el amarillo y el rojo (el vestido de torear y la muleta), se consideran colores cálidos que nos producen mayor exitación, mientras azules y violetas, frios, nos transmiten serenidad. Y por excelencia el color negro en forma de Toro bravo, que si bien es el símbolo de la muerte, de lo maligno, del misterio...también nos transmite elegancia y nobleza.

Parafraseando a Matila Ghyka, la estética en el mundo de los toros es "la ciencia de las relaciones armoniosas". La armonía entre toro y torero es el elemento integrante de la característica circustancia emotiva y psicológica que llamamos la belleza del Arte de Torear.

Imagen:
Juan Mora en la Feria de Otoño 2010 de Madrid. Foto: Iván de Andrés
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