lunes, 18 de julio de 2011

La vuelta de José Tomás, un hecho de relevancia cultural


La vuelta a los ruedos de José Tomás el próximo 23 de julio en la plaza de Valencia supondrá, además de un hito social, un hecho artístico de relevancia. Dado que toda expresión artística, en general, es una expresión cultural y puesto que la Tauromaquia, en particular, es parte integral del Arte, resulta que la reaparición en los ruedos del diestro de Galapagar, supondrá un proceso de comunicación estética y a su vez un hecho cultural de grandes dimensiones.

Además, es obvio destacar, que será un evento que se califica como artístico-social, por lo que se podría caracterizar por dos aspectos distintivos y únicos:

En primer lugar será especial porque es producto del trabajo humano después de una 'visita' al abismo de la muerte, y por tal razón poseerá un altísimo valor, en consecuencia podrá ubicársele dentro del proceso del desarrollo económico de la sociedad. (como ya apuntara el Profesor Juan Medina en su gran trabajo).

Constituirá, como obra de arte, una expresión codificada que puede ser comunicada, esto es, se ofrecerá como pauta de orden, vehiculadora de una determinada expresión espiritual, y evidencia de un acto de creación histórica dentro de la Tauromaquia.

En general, la vuelta de la Tauromaquia de un artista único como es José Tomás, constituye el medio por el que manifestar un carácter estético. Así como en la actividad social el torero madrileño suele apartar de su intelecto el orden existente, para elaborar faenas desdeña el plano convencional de los cánones taurómacos, y así entender otra opción de toreo que se inspira en la creatividad más verdadera.

El sentido que supone la vuelta de José Tomás no es solamente la ética exterior de su obra, es decir, la ética personal del torero, si no el discurso ético que generará desde el interior de su filosofía de torear. El asistente al hecho artístico buscará, no ya al personaje, sino la expresión de una actitud, de una determinada manera de estar (en el ruedo), un personaje que, después de codearse con la muerte, deberá posicionarse con el mundo exterior, con el mundo del Toro. Esto implica que el sábado se busque una comunicación que funciona en una relación de emociones, una relación de la verdad de su toreo que pasa por lo inmediato, la confrontación y el cara a cara con el público.

Imagen:
José Tomás en una imagen de archivo. Foto: Cabrera

miércoles, 6 de julio de 2011

El porqué del público de una plaza de toros


Gracias al gran trabajo de Raul en el blog los toros en el siglo XXI se ha vuelto a poner en boga el debate sobre la gestión y explotación de las plazas de toros como recintos donde un público acude a presenciar un espectáculo cuyo fin es la obra de arte. Desde la visión y sentido de este blog vamos a ahondar sobre el problema equiparando, por la similitud en su sentido y como hemos hecho hasta ahora, la plaza de toros con el museo. Lo haremos estudiando el público y sus necesidades en varios capítulos.

Y es que el desarrollo de la audiencia es, o debería ser, un objetivo primordial tanto de los museos como de la plaza de toros en la actualidad. La plaza de toros va a la zaga de los museos ya que éstos colocan a los visitantes en el centro de sus actuvidades:establecimiento de relaciones con sus comunidades,inversión en recursos para atraer a públicos más numerosos y diversos y aplicación de nuevos conceptos y métodos para contribuir a que las ofertas de los museos sean satisfactorias y educativas para los visitantes. Aspectos que las empresas que gestionan y explotan la plaza de toros, parecen obviar.

El museo y la plaza tienen algo en común, y es que el mismo día pueden acudir una variedad casi infinita de personas: familias con niños pequeños, adultos de edad avanzada que acuden solos o con su pareja,grupos familiares ámplios, expertos y eruditos...pero hay otros en los que el museo gana la partida al recinto taurino, como son los grupos de escolares, estudiantes universitarios, etc. y esa es una rama por la que el gestor de la plaza debería no dejar de intersesarse por su riqueza intelectual y curiosidad educativa, ya que es obvio que la plaza de toros debe responder a una población extremadamente hetereogenea y configurar sus programa de actos culturales en consecuencia.

Las personas tienen diferentes actitudes frente a la plaza de toros. Algunas no han entrado nunca, por desconocimiento o por 'intimidación'. Otras van a los toros ocasionalmente, pero piensan que es un espectáculo aburrido y algo elitista. A unas terceras les gusta ir varias veces al año con caracter festivo. También hay quien se siente atraído por el Arte de la Tauromaquia y acude siempre que puede. Pero al igual que los museos intentan comprender mejor a sus públicos y adaptar sus programas y servicios en consonancia, las plazas de toros deberían aprender más sobre los procesos a través de los cuales las personas eligen las actividades de tiempo libre e indentificar los elementos de una visita al coso que contribuyen a hacer de ella una experiencia positiva y satisfactoria, una experiencia similar, quizás, a la de esa persona que va a visitar por primera vez un museo.

En los próximos capítulos intentaremos examinar las características y similitudes de los públicos que acuden a una plaza de toros y un museo. A continuación el proceso de decisión que conduce a un consumidor a visitar una plaza de toros, y la valoración de la influencia de factores (etnia,clase social, estilo de vida,etc.), que pueden motivar la visita a una plaza de toros.

Imagen:
Público en los tendidos de sombra de la Plaza de Las Ventas la pasada feria de San Isidro.Foto:Iván de Andrés
Visitantes a un museo contemplan una obra

sábado, 2 de julio de 2011

Polémica entre arte 'figurativo' y arte 'dominador'


En estos momentos pocos artistas de la tauromaquia deciden tejer la historia del toreo partiendo desde cero, desde su propia personalidad. Tan sólo algunos como Morante de la Puebla, José Tomás, Manzanares, Talavante, El Juli, Sergio Aguilar, Fandiño...(por contar unos pocos), tienen la virtud de no negarse a explorar cualquier camino frente al toro, por innovador que sea.

Pero existe una polémica, o más bien disparidad de gustos, en nuestro tiempo en torno a las diferentes tauromaquias, y es la tensión entre la forma de torear 'figurativa', o artista, y la no figurativa, o dominadora.
Es facil comprobar que dentro de la cultura taurómaca y en la mayoría de las etapas históricas del toreo, la conciencia del aficionado ha preferido siempre la forma 'figurativa' de torear al arte dominador y heróico.

Las grandes masas se sienten atraídas por el figurativismo de algunas figuras porque creen entender que es el verdadero toreo el que tienen delante de sus ojos. Pero en realidad lo que entienden de la obra creada en el ruedo son los cánones de cómo se han realizar las suertes, unido a la anécdota de un pase accesorio, es decir, lo que la tauromaquia tiene en sus bases.

Torear es dominar, organizar una fuerza bruta de la naturaleza, otorgando así un orden racional o emocional a la obra de arte.

El público, en general, está acostumbrado a una tauromaquia canónica y considera que el merito del torero radica en que esa composición de la faena lo sea, en que los pases 'ordinarios' representen la apariencia de la auténtica forma de torear, incluso llegando a creer que lo importante no es el dominio del toro, sino la composición del torero.

Y no se plantean la base de que la naturaleza nos ofrece un caos cuando sale el toro por chiqueros de formas, de embestidas, de colores sin organización ninguna, nuestros ojos y también nuestra mente intentan incoscientemente ordenar ese caos en forma de toro bravo pero solo el artista lo consigue. La misión del torero será ordenar ese salvajismo, esas embestidas y transformar e interpretar la naturaleza primitiva en la tauromaquia que lleva dentro, nunca copiarla.

Por eso cuando alguien dice no gustar la tauromaquia doninadora, está diciendo que tampoco entiende la tauromaquia 'figurativa' porque lo único que debería diferenciarlas es la forma con que el torero construye su obra. El torero figurativo dispondrá en el albero la tauromaquia de manera que pueda ser reconocida. El torero de concepto dominador y heróico partirá de las bases de la tauromaquia pero suprimirá todo aquello que no sirve al propósito de dominar la fuerza bruta del toro. Este proceder es no solo lícito sino racional y ninguna de las dos formas de torear, por tanto, presupondrá un mayor dominio de la técnica y del arte de la tauromaquia respecto a la otra.

Imagen:
Toreo dominador de El Juli en la feria de Bayona de 2010. Foto: Roger Martín
Figurativismo de José María Manzanares en Vistalegre (Madrid). Foto: Iván de Andrés
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