lunes, 27 de junio de 2011

La importancia de conocer los diferentes encastes, y sus posibilidades expresivas


Desde hace algún tiempo estamos asistiendo a una situación que no lleva consigo nada bueno para el arte de toear, y no es otra que la proliferación en los festejos de un encaste único, denostando así una de las riquezas de la Tauromaquia, como es el ver al artista capacitado para resolver los diferentes comportamientos que existen en el rico amalgama de castas del toro de lidia. Por ello, vivimos una época en que no existe el artista completo, considerando a éste el que domina todo tipo de material y se adecúa a él con noción y ejecución de diferentes técnicas.

El conocimiento riguroso  de los diferentes 'materiales-encastes' por parte del artista de la Tauromaquia, y en consecuencia, la ejecución cuidada y diferente de las obras en el ruedo son aspectos de suma importancia.
En tiempos recientes la exaltación de la inspiración y de la personalidad artística ha contribuído a desencadenar una peligrosa despreocupación por conocer las dificultades que conlleva el crear una obra con diferentes encastes y la técnica para poder realizar con decoro el oficio; estas actitudes con frecuencia van relacionadas con la enseñanza academicista y ciñéndose al monoencaste dominante en las escuelas de Tauromaquia.

Es cierto que los comportamientos de las diferentes castas con el paso del tiempo han cambiado a una mayor toreabilidad y menor salvajismo respecto a su apariencia y comportamiento original. Pero no podemos obviar que muchas obras de los grandes maestros que podemos observar hoy por medio de documentales, videos, fotografías, etc., están lejos de lo que hoy podemos presenciar en una plaza de toros ya que se hicieron frente a toros de diferentes sangres y comportamientos.

El conocimiento y la maestría técnica para crear una obra taurómaca frente a diferentes 'materiales' no solo garantizan su pervivencia sino que contribuyen sustancialmente a considerar al artista como un torero pleno.

Por último, el torero - y consecuentemente también el estudioso, conocedor de la obra de arte taurómaca y el periodista taurino - debe conocer y valorar las posibilidades expresivas y los condicionamientos de la lidia a cada encaste, ya que los resultados serán diferentes dependiendo del 'material' que se tenga enfrente, ya que cada casta requiere una técnica con limitaciones y condicionamiento peculiares por su comportamiento, y exige a cada artista determinadas dotes para expresarse a través de ella. Si no se tienen, jamás se llegará a ser el artista completo.

lunes, 20 de junio de 2011

El Artista valiente y comprometido


Hubo una frase que se extendió por los que poco o nada saben del arte de la Tauromaquia cuando el año pasado José Tomás estuvo a punto de perder la vida en Aguascalientes: “Está buscando que le mate un toro en el ruedo”.  En primer lugar es infinitamente impensable que una persona se quiera quitar la vida cuando lo que busca es el efecto contrario: llegar a ser leyenda. Y en segundo, para conseguir ese hito hay que ser valiente y frecuentar terrenos en los que si se logra la ‘pincelada’ su trazo será el más sublime de cuantos haya. Para realizar ese 'estilo' taurómaco habrá de ser un artista valiente. Sobre esta conjetura vamos a tratar en las próximas líneas.

El arte de la Tauromaquia es superior a los demás por muchos motivos, pero sobre todo es porque el artista no crea con la ayuda de elementos inertes que están sujetos a la intención del intelecto (pinceles, cincel, lienzo…), el torero ha de ser capaz de crear teniendo en cuenta que su material es un ser vivo, con lo que ello conlleva.

Tomando unas reflexiones del poeta francés Rimbaud el artista de la tauromaquia ha de ser vidente ‘Ello consiste en alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos’. Al igual que todos los creadores de arte, el torero habrá de ser vidente y ver más allá de los simples sentidos del toro y manejar los terrenos, las distancias y las telas para llegar a realizar la obra. Se trata de ir mucho más allá de lo que a simple vista se ve.

Al ver algunas faenas de José Tomás, nos damos cuenta de que se trata de vivir en un mundo que más que sensibilidad, requiere compromiso. Consigo mismo para empezar: nadie va a construir  nada sin estar comprometido con la verdad, con su verdad, aunque parezca locura al expresarla en la arena.

El artista de cualquier disciplina tendrá algo que decir porque el arte hueco y vacío nace muerto. Puedes adornar la faena con filigranas, pero siempre será la negación del arte puro de la Tauromaquia.
Estar comprometido y tener algo que decir. Eso requiere grandes dosis de valentía. Un artista de la tauromaquia nunca puede ser cobarde, que no quiere decir que no pueda sentir miedos. Sentir temor no empequeñece a alguien, al contrario, lo hace humano y cercano. El artista valiente es aquel que abre camino al toro donde solo hay carne y franela. Y con las telas abre estelas y crea escuela.

Estos artistas únicos como José Tomás tienen algo que decir cuando saltan al ruedo y lo dicen sin atisbos de cobardía. El destino hace que estos toreros existan en un momento y época determinados, no están sujetos al vaivén de las modas. Nunca pierden su razón de ser, porque la verdad del torero siempre estará vigente y viva.

Imagen:
Natural ceñido de José tomás a 'Idílico' en Barcelona. Foto: Faricle
San Jerónimo, 1637 de José de Ribera

jueves, 16 de junio de 2011

La sobriedad barroca de José Miguel Arroyo 'Joselito'


Hablar de sobriedad barroca madrileña en la Tauromaquia es hacerlo de José Miguel Arroyo ‘Joselito’, un maestro que revolucionó el arte de últimos de siglo por medio de su toreo, con el que, estilísticamente, encontraba en su capote el desahogo en la apoteosis de la espectacularidad y la fantasía de sus remates.

El barroquismo del arte de Joselito no aporta ninguna ruptura ni olvido respecto a tauromaquias castellanas anteriores y repletas de sobriedad como es el caso de El Viti (de quien nos ocuparemos más adelante), Curro Vázquez, Antoñete…, pero hay en su toreo una nueva intención, tensa, que da lugar a ciertas novedades de estilo – como la inspiración en los remates, tanto de capa como de muleta-, algo que puede hacer que parezca una tauromaquia más suave y decorativa que las otras, pero repleta de audacia para dar volumen a cada lance.

Técnicamente hablando, el toreo barroco de Joselito será pues una degeneración del estilo clásico, pero esa degeneración lleva en su espíritu un germen de complicación de una tauromaquia basada en formas decorativas. Por ello llegó un momento en que la esencia clásica, es decir, los cánones del toreo, desaparecen bajo una fantasía cada vez más despierta. El anhelo de libertad le impulsó a modificar los cánones, y permitió alterar no sólo las formas, sino la misma composición de relajo tan característica en él, como si un afán de travesura o de rebeldía surgiese en su pensamiento delante del toro.

En realidad debe admitirse que la monotonía de la tauromaquia del último tercio del siglo XX tenía que ser atacada, sobre todo en ese momento de tránsito y de cambio de siglo, hubo que buscar una tauromaquia más vital, y ese ataque había de terminar en las creaciones más complicadas que, si bien faltaban a la tradición, derecho tenían a renovar el arte de torear, algo que, entre otros, se debió al barroco castizo de Jose Miguel Arroyo ‘Joselito’.

Imagen:
Joselito saludando con el capote en Las Ventas
Plaza de la Villa de Madrid

lunes, 13 de junio de 2011

Velazquez y José Tomás, dos genios de época en paralelo (III)


Volvemos en un nuevo capítulo a retomar la equiparación de los dos genios del arte, Velázquez y José Tomas. Esta vez nos llevará a la parte creadora interior de ambos.

El impulso artístico creador brota, para Velázquez y José Tomás, no de la aspiración a formas perfectas imaginadas con nostalgia ante la imperfección del mundo, sino de la emoción de la realidad misma, de la radical poesía del existir.

El profundo e impresionante lirismo de la pintura del sevillano y de la tauromaquia del madrileño, está empapado de ese sentido reverencial de la existencia misma, ese será al verdadero secreto de ambos genios.
Uno, el pintor, frente a los idealismos platonizantes del arte del Renacimiento humanístico, y el otro, el torero, ante tauromaquias barrocas que se pierden en artificios y evaden la verdad, sorprenden con la radical belleza de la vida misma cuando se la ama y se la respeta y, si uno la salva en sus lienzos con una estética nueva, el otro la ampara en su toreo con suprema distinción, limpia de anécdota.

El arte para Velázquez y José Tomás (utilizando palabras de Lafuente Ferrari), estriba en transmitirnos la honda y única poesía de lo que es,  la que deriva del fluir de la misma existencia. En la tauromaquia, tras este misterio está el toro, gracias al cual el de Galapagar puede ofrecernos tan soberano espectáculo, un espectáculo que está contemplado por el artista no con la gozosa sensualidad del torero sin demasiada responsabilidad, sino con la grave serenidad del que quiere identificarse con su profundo sentido de lo que es para el la Tauromaquia.

Velazquez y José Tomás, dos genios de época en paralelo (II)
Velazquez y José Tomás, dos genios de época en paralelo (I)

Imagen:
Trincherazo de José Tomás
Detalle de la Fragua de Vulcano, de Diego de Velázquez

viernes, 10 de junio de 2011

La crítica de arte taurino, sus buenos y malos usos


Estos días se está sucediendo un fenómeno contrario a determinados periodistas-críticos taurinos en las redes sociales debido a su animadversión a la figura de José Tomás y su particular e independiente forma de entender la vida como artista. Estos hechos hacen recapacitar sobre la crítica de arte en la Tauromaquia.

El historiador de arte italiano Lionello Venturi reelaboró los conceptos de “gusto” y “poética” y los consideró elementos imprescindibles en el análisis de las obras. En la crítica de arte de la tauromaquia tomaremos la referencia también del gran bibliógrafo alemán Andy Warburg ya que la imagen que crea un toro y un torero en el momento del embroque, son sueños colectivos, y esas imágenes deben considerarse indicadores de primera magnitud.

La crítica taurina, como género efímero, es un indicador del canon artístico, de la relación entre el arte de la tauromaquia y la sociedad con sus diferentes epígrafes: política, mercado, público, toreros. A todo ello ha de añadirse la condición, primordial, de construir un género literario que se empeñe en traducir las obras de arte que se suceden en el albero. Puede que la mayor riqueza de la crítica taurina, radique en el carácter polisémico que le proporciona el ser, antes que nada, literatura artística.

Se ha de partir de la existencia de una base común entre Historia de la Tauromaquia y Crítica de Arte (Taurino). La crítica habrá que entenderla como un síntoma, como un discurso que, dentro del sistema artístico-taurino, aporta unas lecturas a unas obras de arte efímeras creadas entre toro y torero, y que tienen un papel en el desarrollo de la historia de la Fiesta: cuando se piensa en cómo se ha ideado el arte de cualquier torero, nos referimos tanto a la práctica de ese toreo que eclosiona en arte como a las reflexiones de la crítica, que se convierte así en una fuente historiográfica de máximo interés.

Por tanto la labor de la crítica taurina deberá ser el intentar reconstruir las formas, lances, toreo y los motivos por los que un artista produce un objeto estético a través de su dominio del toro bravo por medio de las telas, los terrenos y su intelecto.

Esta labor, tan complicada como bella, se verá postergada a la marginación cuando las mentiras, falacias y rumores sin contrastar se apoderen del ejercicio del mal llamado ‘crítico taurino’.

Imagen: Montaje con foto de Rubén Arévalo (http://rubenarevalo.blogspot.com/)

miércoles, 8 de junio de 2011

¿Cómo se valora una obra de arte dentro de la tauromaquia?


Gracias al gran estudio del profesor Juan Medina y del periodista de Expansión Juanma Lamet publicado hace unos días: 'Barcelona: más toros que baloncesto', y donde hemos podido comprobar los beneficios que genera José Tomás cada vez que actúa en una feria, desde el punto de vista del Arte y con una envidia sana por el buen trabajo, no he podido resistir la tentación y, además de esos beneficios externos que aporta, me he hecho una pregunta:  Interiormente, ¿cómo se valora una obra de arte dentro de la tauromaquia?.

Antes de entrar en materia hemos de considerar un fenómeno previo a la valoración de una forma de crear arte en la tauromaquia y es el de su estima: el toreo corriente, el que es al uso, por esa misma circunstancia no se estima, y consecuentemente, no se valora igual que un toreo extraordinario. Por, el contrario, el toreo ‘no corriente’, por ejemplo el de José Tomás, esa forma de torear inusual, sí que se estima por el público y por ello se valora. El conocimiento de la historia de la Tauromaquia nos atestigua que lo no corriente, lo inusual, y por su puesto lo bello se ha guardado en los anales, se ha estimado, y por ello se ha valorado.

Lo que se considera una obra de arte en por su propia naturaleza en la tauromaquia está sujeta a apreciaciones y causas muy diversas, tanto por factores objetivos como por otros subjetivos, como la faena realizada en un lugar y tiempo concretos, la duración, si fue larga o corta, la calidad de las embestidas del toro, si se realizó un toreo a ‘la moda’ o en desuso, y también el conocimiento, la crítica taurina, pueden modificar y de hecho modifican, las valoraciones que se puedan tener y en un momento determinado, el artista que ha triunfado, alcanzar cotizaciones no previstas.

Esta valoración del arte de la tauromaquia no solo incluye al artista que crea una obra de arte singular, sino también aquellos que realizan un toreo repetitivo, pero digno, y que alguno es buscado por aficionados. Éstos, motivados más por la espectacularidad a veces, y otras el carácter festivo de estas tauromaquias, consiguen así introducir a determinados toreros en un circuito comercial que se demanda. Incluso, es el caso de determinados espadas que independientemente de su falta de belleza, pueden alcanzar cotizaciones astronómicas en las ferias por considerarse toreros necesarios para asegurarse el lleno.

También en la tauromaquia, como en cualquier clase de comercio, se produce la llamada ley de la oferta y la demanda: si hay muchas tauromaquias de menor calidad se produce una bajada de precios, y si se demandan tauromaquias únicas (José Tomás, Morante, Manzanares…), existe un alza en los mismos.

Haciendo referencia a José Tomás, y al estudio del profesor Medina y Juanma Lamet, su tauromaquia está dotada además de un elemento principal, que es la representatividad. Al margen de su belleza, de la destreza con que la realiza –circunstancias que en otros artistas son esenciales- la obra del madrileño se valora por el grado de representatividad que tiene: Representatividad histórica, representatividad social, representatividad artística. El bien artístico de la tauromaquia de Tomás, pues, tiene un valor importante, porque es un testimonio fidedigno del aspecto sustancial de la historia del toreo. De ahí su cotización.
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