lunes, 23 de mayo de 2011

La fantasía de Borromini y el toreo de Manzanares en Madrid


Como ya señalábamos en el post anterior, el otro hecho descatable respecto al Arte realizado, por ahora, en la Feria de San Isidro 2011, es el sistema de las artes empleado por José María Manzanares en sus dos compareciencias.

Y es que, sin ser dos obras perfectas, se ha visto en el alicantino una tesis que recuerda al antiracionalismo en la estética del genial y 'loco' arquitecto barroco Francesco Borromini. En Manzanares esa tesis se ve en la observación de la realidad y en el ejercicio de la imaginación en el momento del embroque, y corrobora la necesidad de ambos aspectos para el arte del diestro, solamente el equilibrio conseguido entre ellos pueden dar lugar al resultado perfecto.

Las dos faenas de Manzanares aspiraron, al igual que las arquitecturas de Borromini, al derrumbamiento de los fundamentos mismos de la forma y sus métodos clásicos de representación. El arte que nos deja un muletazo del alicantino nos traslada a una incondicionada libertad fantástica, algo que en el seicento fue criticado en la arquitectura borrominilesca y calificada incluso como bizarra.

El arte que genera José María Manzanares en el momento de su unión con el toro no procede jamás bajo la pauta de lo verdadero, sí de lo verosímil, y por tal motivo tiende a expresarse en formas naturales y aún estéticamente imposibles, pero realizables por el vigor de un extraordinario virtuosismo técnico.

Por último, en el parangón con el torero (artista) ideal, para el que las diferentes suertes de la Tauromaquia no son más que las diversas técnicas en que se realiza la eterna idea de lo bello, Manzanares es el puro artista: su dominio no es el toreo universal sino una técnica particular que al momento de embrocar genera arte por sí sola. Para él, el toreo es el producto de una técnica febril, de un furor inspirado.

Si para Borromini la arquitectura era una escultura en sí, para José María Manzanares el toreo es el soporte donde talla una escultura efímera y de formas eternas.

Imagen:
Remate de Jose María Manzanares el pasado 18 de mayo en Madrid.Foto:las-ventas.com
Linterna helicoidal de Sant'Ivo alla Sapienza, Roma, Francesco Borromini

domingo, 22 de mayo de 2011

El trazo de las ‘pinceladas’ de Alejandro Talavante en Madrid


Después de casi dos semanas de San Isidro 2011, dos hechos son los que  más han llamado la atención al Arte sobre otros, no por secundarios con menor importancia (Recuperación de Fandiño, Casta de Flor de Jara, orejas ‘amables’ algunas, etc…). Hablamos del ‘Borrominismo (por Francesco Borromini)’ de José María Manzanares y la importancia del trazo en el Arte por naturales de Alejandro Talavante.

En unos días nos ocuparemos de desentramar el sistema de las artes del alicantino pero en primer lugar analizaremos el trazo en las formas del extremeño por medio del cual surgieron esos eternos naturales en sus dos tardes isidriles.

Para ello nos basaremos en la importancia que tiene el trazo tanto en la pintura china como en la Tauromaquia donde existe una regla de suprema exigencia y es que ninguna ‘linea’ puede ser corregida o repasada una vez ejecutada. Esto confiere al trazo y a los muletazos, un valor gestual perceptible a primera vista en el que se basa mucha de la buena o mala consideración que se tiene a un torero o a un pintor.

El trazo fue el primer elemento constitutivo del valor de las faenas de Alejandro Talavante. El trazo de cada muletazo era una reflexión filosófica puesto que, al igual que para los chinos una pincelada, para aficionado a los toros un natural como los que recetó Talavante en Madrid, puede dar origen a todo un mundo.

Para un artista ajeno a la Tauromaquia es difícil entender la importancia atribuida por los toreros y aficionados, al trazo, a la muleta y al recorrido, puesto que para ellos ha prevalecido otras nociones como espacio y luz, y no se ha considerado ni el trazo de un muletazo ni una pincelada, como el elemento de mayor expresividad.

Volviendo a lo realizado por Alejandro Talavante, y para terminar, señalar la importancia que tuvo la correcta postura cuerpo para poseer la serenidad y relajación necesarias y realizar así un movimiento tan espontaneo y libre como es un natural. El hecho de que en la Tauromaquia la ‘pincelada’, y el arte que ella crea en cada pase, sea instantáneo y rítmico, reclama un compromiso del cuerpo (de allí la asociación mental con la danza), pero también una especial concentración. Talavante dejó brotar su espíritu y consiguió un estado de serenidad- de vacío- que permitió a su forma de torear plasmarse fluidamente.  Un toreo que me recordó las palabras del calígrafo y pintor chino Shi-Tao (1642 – 1707) y que sin quererlo cuando las pronunció estaba describiendo la abstracción que conlleva el toreo al natural:

La muñeca vacía no significa de ninguna manera una mano sin fuerza cuando el pintor sostiene el pincel. Por el contrario, es el resultado de una gran concentración, de lo Pleno llevado a su extremo. El pintor no debe comenzar a pintar hasta que lo Pleno de su mano llegue a su punto culminante y ceda de repente su lugar al Vacío”.

Imagen:
Natural profundísimo de Alejando Talavante el 17 de mayo de 2011 en las Ventas. Foto:las-ventas.com
Pintura y caligrafía china del siglo XVII de Shi-Tao

martes, 17 de mayo de 2011

Velázquez y José Tomás, dos genios de época en paralelo (II)


En las siguientes entregas de la equiparación de los dos genios del arte, Velázquez y José Tomas, nos centraremos en la posición estética y el prodigio de la sencillez milagrosos de su capacidad de representación.

El arte de Velázquez y José Tomás supera con suprema sencillez y son énfasis alguno, todo lo que las artes, pintura y tauromaquia, habían conseguido. Solo hoy comienzan artistas e historiadores a darse cuenta del valor excepcional y singular de Velázquez y Tomás, y del alcance y trascendencia de las novedades que aportó, el sevillano, y aporta, el madrileño, al arte mundial.

Son dos artistas artistas, de los que sienten la materia cósmica como espectáculo máximo, como tema para las elaboraciones de pincel y franela, que será capaz de crear un arte supremo con la materia, tanto cromática como taurómaca, el toro. En cuanto a los temperamentos de ambos artistas son, al parecer, impasibles, observadores serenos de la realidad, atentos a lo tangible y poco amigos de fantasías e idealismos, Velázquez y José Tomás son, quizá, la pupila más penetrante que ha contemplado las cosas de su arte con mayor intención artística.

Tanto la pintura como el toreo de los dos genios representan, en España, la culminación de la ruptura con el arte de su tiempo, en su deseo de formas de una perfección imposible de hallar en un mundo cotidiano y en la búsqueda de ideales arquetípicos. Y ellos, cuyas creaciones son todo reposo y serenidad, vienen a ser los que más profundamente representan el espíritu del nuevo arte, en su apetencia de sinceridad representativa, en su afán de pintar las cosas y de hacer la Tauromaquia y no buscar simplemente los conceptos de los dos artes.

Velazquez y José Tomás, dos genios de época en paralelo (I)

sábado, 14 de mayo de 2011

La mala ejecución de las artes en el comienzo de San Isidro


Ha comenzado la Feria de San Isidro, uno de los ciclos más importantes del panorama taurino, sino el más, comparándose a las Exposiciones Universales del siglo XIX  donde los artistas del exponían sus mejores obras y salían relanzados hacia la búsqueda de la maestría, y a la comercialización de su arte. Algo que va intrínsecamente unido también en el Arte de la Tauromaquia.

Aparte de estos conceptos de los que daremos cuenta en otros escritos posteriores a lo largo del ciclo, de los primeros compases llama poderosamente la atención y llena de preocupación, la falta de expresividad y condición estética de la que han hecho gala artistas secundarios como Matías Tejela, Juan Bautista, Rubén Pinar, Miguel Abellán…, y más cuando han gozado de la ayuda de estimable material para realizar la obra.

Han ‘expuesto’ su producción plástica con una evidente mala ejecución. Esa inexpresión estética se ha podido deber a la incapacidad del artista de hacer exteriormente visible un estado psíquico interior. Y es que el artista de la Tauromaquia si crea una obra de arte frívola, carente de sentido, el crítico se lo puede echar a la cara porque su obra no haya sido correcta y haya hecho una mala ejecución de la belleza. Así, al torero no le bastará el cumplir con las directrices que se dictan en la Tauromaquia de dar pases al Toro, será preciso que su obra tenga como fin el causar emoción. Es necesario que no se haga arte por el arte, es necesario que el artista sienta, y no solo piense.

Si estos artistas hubieran buscado la belleza sensible se encontrarían directamente con la obra de arte, la que se puede palpar directamente con los sentidos, en especial con la vista. Ya que toda obra de arte taurina encierra en sí esta belleza reconocible a primera vista, es esta belleza plástica de toro y torero la que nos atrapa y da pie para contemplarla en un primer momento, para después tratar de profundizar y llegar a una completa comprensión de una obra específica. Pero estos artistas secundarios, buscaron las simples pautas objetivas de realización y por eso han carecido la belleza necesaria para emocionar.

Como anécdota recordar un fragmento de Las Obras publicadas e inéditas de D. Gaspar de Jovellanos, Volumen 2, Sobre el libre ejercicio de las artes en el artículo III, al hablar sobre las denuncias, señala que: “Si algún artista trabajare de forma defectuosa o mal ejecutada, podrá la parte perjudicada denunciarla ante el síndico, el cual a su requerimiento la examinará, resolverá lo que le pareciere justo, y lo pondrá en ejecución si las partes se conformaren…”. Da que pensar…

Imagen:
Pintura academicista, ‘Retrato de Christine Boyer’ de Jean Gros, 1800. Museo del Louvre
Pase plano de Juan Bautista el pasado 12 de mayo de 2011 en Las Ventas. Foto: las-ventas.com

lunes, 9 de mayo de 2011

Ecos de Sevilla. El sobrado naturalismo de El Juli, y sus peligros


Una vez terminada la Feria de Abril 2011, es de recibo destacar algunos hechos relativos a la teoría del Arte acaecidos en el ruedo sevillano. En el anterior post ya dejamos claro la emoción que supuso el Arte de José María Manzanares y el hecho más relevante de la Feria con su gran tarde del pasado 30 de abril. Otro acontecimiento que requiere una valoración y estudio desde la perspectiva del Arte es la superioridad del Arte de Julián López ‘El Juli’ frente a los toros, un sobrado naturalismo que puede llegar a ser excesivo con la pérdida de emoción estética que ello supone, sin minusvalorar ni un ápice la grandiosidad de este torero.

Ya en el siglo XVII, el crítico de arte italiano Giovanni Pietro Bellori, escribió sobre otro portento del ‘natural’ como es Caravaggio, demostrando que el exceso de naturalismo puede llegar a ser incluso ofensivo. Comparando a las dos geniales figuras, basta decir que el nacimiento de los dos supuso  un beneficio para el Arte. Los dos  aparecieron en un momento en el que en vez de buscar la naturalidad, los demás pintores y toreros, seguían el estilo de otros artistas y se buscaba antes la belleza superficial que la verdad. Fue entonces cuando Caravaggio despojó al color de todo artificio y vanidad, devolviendo lo que es el verdadero color de la sangre y la carne, y El Juli buscó el toreo clásico de poder y mando, quitando la demasía de artificios en su repertorio y dando fuerza a la ejecución.

Un ejemplo es, como señala el otro teórico Vicente Carducho, la falsa naturaleza a la que llega Caravaggio en el Santo Entierro de Cristo donde el gran naturalismo de las expresiones y las figuras hace que el mismo Cristo tenga tensión venosa, algo que sería imposible porque está muerto.

La aparente facilidad del Arte, tanto de Caravaggio como de Julián López ‘El Juli’, puede llegar a parecer abusiva. El exceso de poder y de naturalismo frente al toro de este último, corre el peligro de que a la hora de apoyar y debatir sus elecciones estilísticas, se caiga  en el pozo del simplismo.

Al igual que la figura de Caravaggio se amoldó a una forma de pintar, la apariencia física de El Juli: fuerte de piernas, rudeza, incluso tosquedad, es acorde con su estilo, y naturalmente así es su forma de torear, un estilo puro, pero de gran naturalismo y superioridad a la hora de ejecutar las suertes, algo muy destacable pero de lo que no se puede abusar para no llegar al escuetismo y la falta de emoción estética.

No siempre sentirse sobradamente superior y dejarlo claro delante del toro, de la obra, es consecuente. Si a Caravaggio le descolgaron muchas obras de los altares en el siglo XVII por la excesiva realidad, El Juli en el XX, puede caer en la monotonía por dar primacía a  la ejecución y dejar a un lado el sentimiento.

Imagen:
Santo Entierro. Caravaggio. 1602-04. Museos Vaticanos
El Juli el pasado 29 de abril de 2011 en Sevilla. Foto: http://www.plazadetorosdelamaestranza.com/

lunes, 2 de mayo de 2011

Manzanares o la emoción del arte en Sevilla


Es ardua tarea el poder explicar la emoción que se produjo frente a una obra de Arte como la acontecida el pasado sábado en la Feria de Abril y elaborada por el artista Jose María Manzanares ante el buen toro Arrojado de Núñez del Cuvillo. Para ello nos hemos adentrado en teorías estéticas para intentar plasmar la emoción que suscita un arte tan puro como la Tauromaquia.

Nos basamos en la idea ‘kandiskyana’ de que la creación artística es la forma de la obra de arte como expresión material del contenido abstracto. El sábado el toreo de Jose María Manzanares, su arte, fue capaz de crear belleza relacionando el contenido de la forma, es decir, entre la obra y la emoción que se origina dentro del artista, y que es capaz de engendrar en el espectador. Porque una obra así nace de la emoción, que el artista traduce en sentimiento. Y este sentimiento le impulsó a crear.

Una vez que iba creando la obra, según la emoción iba tomando forma, se fijaba en el soporte material de su muleta e iba provocando en el espectador un sentimiento que le permitía encontrar el contenido de la faena, una emoción puramente espiritual y que solo quien tenga sentimiento por este arte puede llegar a sentir.
La faena de Jose María Manzanares, como obra de arte, fue pues la forma material que posibilitó la comunicación del contenido inmaterial, el lenguaje de alma a alma que habla de emoción.

Asistimos pues, el sábado 30 de abril de 2010 en Sevilla, a una espiritualización de la estética. La Tauromaquia, en tanto que arte puro, debe servir a la comunicación de espíritu a espíritu: un arte puro es un arte en que el elemento espiritual se separa del elemento corporal y se desarrolla de manera independiente, algo que lograban los naturales parsimoniosos del diestro alicantino.

Por lo tanto, la tarde de Manzanares en Sevilla constituyó por sí misma una obra de arte con dos elementos: el elemento interior y el elemento exterior.
Tomado separadamente, el primero es la emoción del alma del artista, del torero. Esta emoción poseyó la capacidad de suscitar una emoción profundamente análoga en el alma del espectador. Debido al tiempo que el alma lleva unida al cuerpo, no pudo empezar a vibrar más que por mediación del sentimiento que emanaba de cada lance, de cada muletazo. Ese fue pues el puente  que condujo de lo material a lo inmaterial (el artista) y de lo material a lo inmaterial (el espectador).
Entonces, la obra de Jose María Manzanares el sábado 30 de abril de 2010, fue bella, pues conexionaron regularmente los dos elementos, el alma del artista y la emoción del espectador.

Imagen:
Jose María Manzanares y Arrojado en Sevilla 2010. Foto: www.plazadetorosdelamaestranza.com
Éxtasis de Santa Teresa. Gian Lorenzo Bernini, 1647-1652. Iglesia de Santa María de la Victoria (Capilla Cornaro). Roma.
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