sábado, 30 de abril de 2011

Velázquez y José Tomás, dos genios de época en paralelo (I)


Estudiando historia del siglo XVII en España, me viene a las manos una crónica del levantamiento separatista de Cataluña de 1640. En ella cuentan cómo Diego de Velázquez (también Calderón de la Barca, entre otros…) acudió con el séquito del Rey al frente catalán en 1644, cuando la jornada victoriosa de las armas de Felipe IV sobre la misma Lérida, y que conmemoraría con el maravilloso retrato del monarca en rojo y plata. Es nuestros días se ha producido otro levantamiento en Cataluña, esta vez con la excusa de la abolición de Fiesta de los Toros pero con tufo (que no tufillo), tanto o más separatista que el vivido en época del genial pintor sevillano. Para intentar paliarlo esta vez fue José Tomás quien con su maestría acudió a ese ‘reino’, esta vez no tuvo ayuda de ningún Rey, ni de ningún gobierno, pero dejó para los anales de la Historia, Obras maravillosas que nunca podrán olvidar los aficionados cautivos que quedaron allí en manos separatistas.

Creo sinceramente que el pueblo español se haya necesitado de estímulos culturales para combatir mejor la violencia separatista y los falsos paraísos que prosperan en la ignorancia. Los hombres del Toro, las instituciones, las empresas, los profesores y académicos que defienden la Fiesta, tendrían la alta misión de difundir, y popularizar los valores y la reflexión de nuestra historia taurina, su literatura y las artes. Pero eso es otro tema que algún día analizaremos.

Volviendo al tema que nos ocupa, la primera similitud, o incluso singularidad, que nos ofrecen los dos genios es la internacionalidad y el cosmopolitismo de los dos personajes. Viajaron y residieron fuera, Velázquez por Europa y José Tomás por América, más concretamente en México, siendo preceptivos de los influjos exteriores sin perjuicios de la vigorosa personalidad de uno y otro. A ello contribuyeron en ambos la época de aprendizaje y formación, Velázquez en Italia y José Tomás en México, vividos con apasionada curiosidad intelectual y en buen ambiente de culturas pictóricas y taurómacas.

Tampoco el cuadro familiar de uno y otro fue muy diferente en principio, familias medianas y hasta acomodadas, más la del sevillano con claras pretensiones nobiliarias.

El triunfo madrugador llegó a los dos jóvenes. Con dieciocho años Velázquez pinta su Vieja friendo huevos y retrata a Góngora, con veinte José Tomás abrió su primera Puerta Grande de Madrid de novillero.

Son Velázquez y José Tomás hombres cultos, de variadas curiosidades, un poco bastante autodidactas y anárquicos en su formación, siempre en busca de nuevos modelos y formas de hacer su trabajo, su arte. Ambiciosos, quieren ser alguien y lo son tanto que se han quedado solos en la cima de su oficio. Indiscutidos, sin rivales, maestros, como hay quien dice, dioses en la tierra. Son el pintor y el torero hombres de silencio y hasta de misterio.

España ha dado con Velázquez y José Tomás, dos figuras de talla colosal al mundo, algo que debería hacer reflexionar a muchos de los que ignoran el arte, tanto de la pintura como de la tauromaquia. Seguiremos...

Velazquez y José Tomás, dos genios de época en paralelo (II)

Imagen:
José Tomás en Guadalajara (Mex) en 2007
Diego Velázquez, “Autorretrato”. 45 x 38 cm. 1650. Museo de Bellas Artes de Valencia, España.

miércoles, 27 de abril de 2011

Estudio de la Tauromaquia como Patrimonio Cultural Inmaterial


Aunque con un pequeño retraso no podía faltar en este blog una referencia a la declaración de la Fiesta como Patrimonio Cultural Inmaterial por parte del gobierno francés. Es en siguiente post, y después de investigar durante varias jornadas en diferentes  bibliotecas de humanidades, trataremos de justificar el porqué de esta declaración y la razón por la que dicho reconocimiento de debería llevar a cabo en España como ‘madre’ de la Tauromaquia.

Para ello nos basamos en la definición que hace de Patrimonio Cultural Inmaterial la profesora María Ángeles Querol cuando dice que dicho Patrimonio está formado por la parte no física de las tradiciones de los pueblos: expresiones culturales como los idiomas, la música, ceremonias, ritos, fiestas, maneras de hacer, actitudes de socialización, tradiciones orales, y un largo etcétera.

Por lo tanto, y como ejemplo explicativo, decimos que no son los vestidos tradicionales, sino la forma de hacerlos y la manera de llevarlos; no son sólo las cerámicas populares, sino también el proceso técnico que da lugar a ellas; no son las campanas ni el campanario ni la iglesia, sino el sonido que emiten y lo que significa para el pueblo…Por lo tanto no será ni el toro, ni el torero, ni la plaza, sino que serán los procesos, el ritual, la expresión, los oficios, etc., que dan lugar a La Tauromaquia.

Se trata pues de una tradición no física que va ligada a la manera de vida de un pueblo, de un país. Además no hay nada que cambie más hoy en día que las maneras de vivir, sobre todo cuando son tradicionales, antiguas, como la Tauromaquia, y todavía no han sucumbido al capitalismo o desarrollismo que nos caracteriza hace décadas. Ya que estamos inmersos en una sociedad cada vez más interesada a experimentar nuevas sensaciones estéticas y culturales, la tarea de todos los estamentos taurinos, es hacer comprender a las nuevas generaciones que dichas tradiciones forman parte de la memoria histórica que ellas han heredado y que están llamadas a transmitir íntegramente.

Por ejemplo en otros países, como Japón, el reconocimiento oficial de la importancia de este tipo de bienes arrancó en 1950, cuando su gobierno nombró “Tesoros nacionales vivientes” a quienes poseían ciertos conocimientos, destrezas y técnicas, esenciales para la continuidad de las manifestaciones de la cultura tradicional del país. Nada más parecido a lo que ocurre con la Tauromaquia en nuestro país: Los toreros ponen al servicio de la tradición su maestría para salvaguardar una parte de nuestra historia cultural.

Después de intentar expresar lo que es Patrimonio Cultural Inmaterial, pasemos a aspectos más técnicos empezando por cómo la UNESCO, en 1989, aprobó la recomendación “Sobre la salvaguarda de la cultura tradicional y popular, definida como: Conjunto de creaciones que emanan de una comunidad cultural fundadas en la tradición, expresadas por un grupo o por individuos que reconocidamente responden a las expectativas de la comunidad en cuanto expresión de su identidad cultural y social…”, sin embargo, esta recomendación vio pasar varios años sin verdadero éxito.  A pesar de ello, se definió un Convenio para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial al que el gobierno español se adhirió oficialmente en el año 2006, en noviembre, y pocos meses después entró en vigor con el rango de ley. A partir de ahí, son las CCAA las que tienen que adaptar sus normas y procedimientos para incluir en ellos este tipo de Patrimonio, y su tutela. Según el artículo 2 del Convenio para la salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, vigente en España desde el 25 de enero de 2007:

Se entiende por Patrimonio Cultural Inmaterial los usos las representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su Patrimonio Cultural. Este Patrimonio Cultural Inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y creatividad humana…
Como podemos ver, nada que se acerque más a lo que es La Tauromaquia para el pueblo español: desde un capote o una montera, hasta el nacimiento de un toro bravo en plena naturaleza.

Otro aspecto es el de la Historia. Sabemos que la humanidad siempre a tratado de expresar sus sentimientos y aspiraciones a través de obras de arte, que con el tiempo, se han ido convirtiendo en un auténtico patrimonio cultural que había que proteger y conservar para salvaguardar la memoria colectiva de un pueblo. Pues bien, basándonos en las palabras de Leopoldo Alas, Clarín, “lo primero que hace falta para decir lo nuevo es conocer lo viejo”, pretendemos manifestar el valor que la Tauromaquia como Patrimonio posee en nuestros días,  y para ello los legisladores habrán de conocer mejor como se ha ido originando a lo largo de la historia para tomar una decisión.

Como reflexión diré que La Tauromaquia se ha convertido en un auténtico documento patrimonial que testimonia como se ha ido conservando nuestra memoria histórica, por ello invito a poner todo nuestro empeño en seguir conservándola. Habrá, pues, que evitar por todos los medios que dicho patrimonio cultural, tanto material como inmaterial, se pierda para siempre y, con él, gran parte de la memoria de las gentes que lo hicieron posible.

Imagen:
La distancia adecuada. Zapato de Oro 2009 (Arnedo - La Rioja). Foto: Rubén Arévalo (http://rubenarevalo.blogspot.com/)
La Taberna Flamenca. Jerez. Foto: Patxi Uriz (http://www.patxiuriz.com/)

miércoles, 20 de abril de 2011

La función de la imagen en la Tauromaquia. Imitación y devoción


En estos días las calles de llenan de imágenes que insuflan en el devoto una piedad que casi llega a los límites de lo sobrenatural. Nos plantearemos pues, la función de la imagen y su imitación por parte del espectador. La crónica de la Tauromaquia toma esa referencia en una de las frases más utilizadas y recurrentes cuando la corrida ha sido triunfal: “La gente salió toreando de la plaza”.

Esta imitación del Arte por parte del apasionado público ya fue analizada por Gabrielle Paleotti (1522-1597), cardenal y arzobispo de Bolonia, en su "Discorso intorno alle immagini sacre e profane”,  publicado en 1582, donde plantea no sólo un análisis superficial, sino que razona sobre cuáles son las funciones de las imágenes.

En lo que al Arte de la Tauromaquia respecta, nos basamos en la atención creadora del artista, con sus dos vertientes dinámicas: La parte activa: la parte creadora de la obra de arte. Y la parte activa en el receptor.
La atención está en la necesidad que tiene el artista en la Plaza de Toros en ser capaz de representar correctamente los affecti en la obra de arte. La obra como Faena, ha de ser capaz de activar elementos conscientes y subconscientes en el espectador. En esta relación dialéctica, lo que necesita definir Paleotti, es la presencia de los affecti en la Obra de Arte, (pictórica o taurómaca), tiene que mover al espectador hacia la emoción, y que esta mueva a la necesidad de repetir los movimientos del Artista en la obra, moverlos hacia la imitación.

La obra de arte es motivo de imitación para el devoto, para el aficionado. Plantea que el espectador tiene que alcanzar experiencias de imitación parecidas a la que se contempla en la obra de arte, Paleotti dice que esto es el papel fundamental de la pintura y nosotros lo llevamos al ámbito de la Tauromaquia. A propósito de esta imitación como papel fundamental de la pintura, dice que “…la parte principal en el desarrollo de la pintura,  tiene que mover las almas de aquellos que la miran, hecho que es de mayor laude cuanto más el efecto que produce es parecido al de los Santos, que es de por si nobilísimo y se convierte en muy eficaz de la misma manera que en el caso de los oradores tienen la capacidad en su discurso de transmitir los afectos que están oyendo”.

Aplica la retórica para ejemplificar que la pintura puede hacer lo mismo “…oír la narración del martirio de un santo, la pasión de Cristo son hechos que tocan por dentro de verdad, pero el tenerlos delante con colores vivos, poniendo de bajo de los ojos del espectador el Cristo clavado en la cruz, es capaz de aumentar la devoción y toca el interior más profundo hasta que se pierde de vista el hecho de que es de madera o de mármol”.

Por ello, el artista de la Tauromaquia ha de ser diestro con su capacidad creadora para remover en el interior del espectador emociones que le hagan imaginar su imitación. Cuanto más perfecta y realista (en el sentido de que el torero es capaz de, con trazos de telas y técnicas del arte de la Tauromaquia, evitar la muerte), más fervor y abandono místico-taurino provocará en el aficionado.

Imagen:
Detalle de subalterno. Foto: Paloma Aguilar
Detalle de las manos del Ecce Homo, 1673. Pedro de Mena

lunes, 18 de abril de 2011

El Toro, concepto y valor expresivo de la materia


…“El diálogo con la materia es indispensable en toda producción de arte…El Artista limitándose frente al obstáculo, encuentra su libertad, porque de la confusión de las aspiraciones vagas, pasa al problema concreto de las posibilidades del material con que se enfrenta”…
Luigi Pareyson. “Conversaciones de estética”

Vaya por delante mi más sincero pésame a la familia de Juan Pedro Domecq Solís por el trágico y repentino fallecimiento del ganadero en accidente de tráfico, y sirva de humilde homenaje esta aportación, por muy distanciada que estuviera su visión del Toro a la mía. Tomaremos el Toro como ‘Materia’ para producir Arte.

El Toro como materia se ha ido definiendo tradicionalmente en relación al concepto de Forma: la materia “pura”, el toro salvaje y fiero, es esencia, fundamento y posibilidad de comportamiento. El propio Toro intrínsecamente comporta un cierto destino o vocación de ser, tiene una consistencia, una casta básica y primitiva sin modelar, y por ello mismo limita, o desarrolla, la forma final de la obra de Arte en el ruedo.

Quizá, el malogrado Juan Pedro, buscó la materia (Toro), por sus valores expresivos, facilidad de manipulación, por la bondad de su uso…y no por su forma bruta que suscita, induce o sugiere otras maneras de Arte más primitivo, pero no por ello, menos válido. Cada una de las dos formas de la materia, la más ‘bondadosa’ y la  más ‘fiera’, se cree que se pueden sustituir unas por otras, pero no son intercambiables, si la primera gana la partida a la segunda, se alterará el carácter absoluto y constante de la materia, del Toro.

El Toro habrá de ser un material primario, como cualquiera de las materias que se necesitan para formar una obra. Pero este material se puede volver ‘secundario’ cuando se busca que el torero (artista) inquiera el recurso, el adorno, y las herramientas esenciales para crear una obra de arte, elegante, pero superficial.

A menudo se cae en el error de enfrentar los cánones clásicos de lo que es un Toro fiero a los ‘materiales’ modernos en los que existe una largura, una fijeza, una casta y una bravura que permite la realización de la Tauromaquia moderna; no se trata de sustituir unos ‘materiales’ por otros, si no de enriquecerlos conjuntamente, sin caer en el exceso de nobleza que al final desembarca en descastamiento y docilidad, (incluso bobería), algo impensable para la producción de la obra.

El Toro, como materia, se entiende no solo en su apariencia superficial, como una envoltura, sino también en su interior, como una forma autónoma y activa. Hay una especie de tensión entre el espacio interior (puro en sus cualidades), y el exterior (modificado por la evolución del Toreo, siendo un animal más ágil, más formado, con cuello para embestir, con más trapío…). Así, es necesario que el artista analice, no sólo la expresividad de las cualidades superficiales del toro, sino también y de manera especial, el funcionamiento de sus cualidades internas, para poder realizar la obra de arte final.

Epílogo:

Se va Juan Pedro Domecq Solís, un ganadero que, desde mi oposición a su búsqueda del toro ‘artista’, creo que no propuso sus ‘nuevos materiales’ en sustitución de los antiguos, sino que quiso tratar de incluirlos como otras posibilidades para enriquecer el mundo de la Tauromaquia y ampliar los recursos para poder elegir entre los más adecuados en el desarrollo de la poética personal de ciertos artistas.

Imagen:
Detalle de 'La noche estrellada' de Vincent van Gogh. 1889. MOMA, Nueva York.
Toro de Pereda en los Corrales de Madrid. Foto: Rubén Arévalo (http://rubenarevalo.blogspot.com/)

viernes, 15 de abril de 2011

La Plaza de Tientas: Un 'Taller' para el Artista


Si en el anterior escrito se ha pretendido dejar claro el parangón entre Plaza de Toros y Museo, las obras que se ‘expongan’ en ella habrán tenido que esbozarse en algún ‘Taller’. En la Tauromaquia, el Taller del Artista tendrá su equiparación en la Plaza de Tientas, donde además existirá una circunstancia que hará que de nuevo se supere a las demás Artes. Para ello habremos de tener presente, como siempre, la premisa de Torero=Artista.

Se considera que el conocimiento de un Torero a través de unas pocas suertes ejecutadas en una corrida concreta con todas sus circunstancias, no es lo suficientemente amplio para dar idea de su personalidad como artista. En cambio, la asistencia a una Plaza de Tientas resulta altamente significativa. En este ‘Taller del Artista’ las obras, las suertes que el recrea, aparecen en un ambiente relajado, campero, junto a el animal en su contexto. Allí crea esbozos, estudia nuevos lances, apuntes, y bocetos con las telas, formando un conjunto coherente que explica sobre el artista sus inquietudes y experiencias. Nuevos lances esbozados, dibujos de percal y franela en el aire, que son indicativos incluso de sus etapas de formación en la escuela y perfeccionamiento interior después. Junto a estos bocetos, resultan de inusitado interés sus estudios sobre la composición de la figura, la imitación de los Maestros, los estudios sobre el animal y la impresión suscitada de estar 'en la cara'; son temas, en definitiva que reflejan una espontaneidad y una sinceridad de la que suelen carecer las faenas construidas y acabadas en la Plaza de Toros.

Pero en el ‘Taller’ de la Plaza de Tientas se da un hecho que hace de nuevo que la Tauromaquia supere a las demás Artes. ¿Se imaginan ustedes al fabricante de lienzos, de pigmentos, o de cualquier otro elemento en el taller del artista tomando notas, estudiando comportamientos, aglutinantes, etc. para fabricar así el material perfecto y poder crear así la obra suprema?.

Pues en la Plaza de Tientas existe. Allí está el Ganadero, como productor del componente imprescindible para crear la Obra de Arte soberana en el mundo de la Tauromaquia. Toma notas, apuntes, pensamientos, estudios, deshecha el ‘material’ que no es válido para la creación, para el triunfo. Cada tienta supone un estudio hacia encontrar la bravura, la casta que permita dar emoción al espectador y ofrecer el mejor material para el Artista, en definitiva trabaja en la búsqueda del Toro Bravo.
Imagen:

James Rosenquist trabajando en en su taller. Foto: pinturayartistas.com
Tienta en El Ventorrillo, año 2005. Foto: Jose Vega.

miércoles, 13 de abril de 2011

La Plaza de Toros, categoría de Museo


Siguendo con el sentido del Blog en que se defiende La Tauromaquia como Arte, y en el segundo estudio sobre la Plaza de toros como objeto de Arte, trataré de por qué ha de tomar la categoría de Museo.

La LPHE (Ley de Patrimonio Histórico Español), recogiendo la definición manejada por el ICOM (Consejo Internacional de Museos, creado en 1946 por la UNESCO), se refiere a los museos como “instituciones de carácter permanente que adquieren, conservan, investigan, comunican y exiben para fines de estudio, educación y contemplación conjuntos y colecciones de valor histórico, artístico, científico y técnico o de cualquier otra naturaleza cultural.”

Pues bien, partiendo siempre de la base de que la Tauromaquia es parte de nuestro Patrimonio Cultural como “bien inmueble e inmaterial heredado del pasado y que merece la pena proteger como parte de nuestras señas de identidad”, (definición de Patrimonio Cultural de la profesora María Ángeles Querol), la Plaza de Toros tiene la misma categoría que pudiera tener cualquier Museo.

Quizá lo llamativo de la definición de Museo-Plaza de Toros, es la palabra permanente. Significa compromiso de mantenimiento por parte de quien o quienes se responsabilizan de la puesta en marcha de la misma Plaza. Si analizamos todas las instituciones que se denominan museos, centros de interpretación, parques culturales o arqueológicos, zoológicos, acuarios, etc., comprobaríamos, sin duda, que un alto porcentaje no cumple con algunos de los verbos ‘obligatorios’ de la definición: adquirir, conservar, investigar comunicar o exibir. La Plaza de Toros tampoco, pero cumple con muchos de ellos ya que en ella se adquieren obras de arte en el momento de contratar al torero (artista), se conserva una tradición milenaria, se investiga la evolución de la forma de torear,  de la bravura del toro…, comunica con el espectador lo que sucede en el ruedo,  y por supuesto se exiben colecciones de obras de arte, efímeras, pero obras de arte, cada tarde.

Existen dos tendencias dentro de la Museología. Una, la que podríamos llamar “conservadora”, que insiste que de todas las funciones la más importante es la de conservar;  y una segunda que pone su acento en el papel sociocultural que estos centros han de desempeñar, en su dinamismo y en su capacidad de diálogo con la gente.

Triunfa esta segunda y siguiendo esta teoría no habría ninguna duda en que  la Plaza de Toros se incorporaría sin demora a la lista de muesos, ya que según la profesora de la Universidad Complutense Francisca Hernández Hernández, hoy se estima de modo general que la función de un museo es comunicar directamente y comunicar bien con el público, y eso la Plaza de Toros y lo que en ella se exibe, la Obra de Arte viva creada por un hombre y un animal, lo hace a la perfección.

Imagen:
Museo del Prado
Plaza de Toros de Las Ventas

lunes, 11 de abril de 2011

La Catedral Gótica y la Plaza de Toros: Luz evocadora y mística


En los siguientes escritos se va a intentar demostrar por qué la Plaza de Toros es objeto de Arte.

En primer lugar, viajaremos hasta el mundo de la Baja Edad Media, hasta el Arte Gótico, para encontrar un paralelismo entre la Plaza de Toros y la Catedral Gótica , ya que los principios del Arte de la Tauromaquia y su interpretación constituyen la base de la diversidad dentro de la unidad, al igual que en el Gótico.

Como en la Catedral Gótica, en la construcción de una Plaza de Toros podemos tomar el Trivium, o el Quadrivium. Si tomamos el Trivium: La Gramática o palabras del lenguaje formal estará presente en todos los elemento del a construcción. La retórica, lo está en la ordenación de los elementos que contribuyen a dar belleza al edificio. La dialéctica, refleja el equilibrio basado en la contraposición de estos elementos. En cuanto al Quadrivium, podemos ver como la aritmética, o ciencia de los números, está presente como elemento de la estética de la construcción (en el número de filas, de tendidos…); la geometría afecta a la racionalidad de las medidas (círculo del ruedo, cuadrados los burladeros…) y la música que se manifiesta como armonía, (una plaza de toros estará inacabada hasta que no suene la música del pasodoble dentro de ella). Finalmente, la astronomía representa el concepto trascendente, el simbolismo astrológico que engloba el universo y que se percibe en la orientación y en la luz del sol que incide sobre el albero.

Tanto  la Catedral Gótica como la Plaza de Toros, se presentan  como un todo en el que cada uno de los elementos busca infundir en el hombre la conciencia de grandeza divina cuando hace su entrada, tanto en la nave principal de la iglesia como en el tendido. El templo y el coso, se convierten en símbolo de sociedad, surge el hermanamiento de todos, acogiendo tanto a campesinos como a nobles, a personas de a pie como a la más alta aristocracia.

La imagen celestial de las catedrales, tiene su parangón en la de las plazas de toros. El templo se convierte en símbolo de la iglesia espiritual, reflejando la Jerusalén Celestial. La Plaza de Toros es mística y litúrgicamente en ella se unen el Cielo y la Tierra en el albero.

Pero lo que de verdad trasciende y representa tanto a la Catedral Gótica como en la Plaza de Toros es la luz evocadora de un espacio simbólico y trascendente. La idea de la luz considerada, junto con la armonía, como fuente de toda belleza visual, arranca del Pseudo Dionisio Areopagita, en su De Coelesti Hierraquia. La luz, es la esencia, y la preocupación de ella se refleja en los objetos de culto que encontramos en la Catedral y en la Plaza de Toros: el rosa del capote, el oro y la plata de los vestidos de torear, el rojo de la muleta, el negro zaíno y brillante del Toro Bravo…, todos estos elementos acentúan más si cabe su carácter místico con el reflejo de la luz del Sol.

Así pues vemos que el espacio en la Catedral Gótica y en la Plaza de Toros se define no solo por la estructura y articulación plástica de los elementos, sino por la luz, símbolo de divinidad, evocadora de una realidad y un arte inmaterial y trascendente, como es una Faena a un Toro.

Imagen:
Interior de la Catedral de León
Callejón de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Foto: Nitillo (ojodigital.com)

viernes, 8 de abril de 2011

El escalafón de novilleros, un triste Academicismo puro


Me han hecho reflexionar los acontecimientos de los últimos días respecto a la presentación de los carteles de varias ferias y la conducta presentada por algunos novilleros, de exigencia y pegas. Cuando, como dice Sixto Naranjo en su Blog ‘A ras de albero’, deberían estar deseosos de entrar en los ciclos y más si se trata de la Feria de San Isidro, escaparate internacional de proyección, se quiera o no se quiera.

Partimos de la premisa de que en los últimos años existe una aparente indiferencia por lo que ocurre en las novilladas. Estos festejos, seamos claros, apenas interesan al aficionado y nada al espectador ocasional. Desde tiempos de Julián López ‘El Juli’ no ha habido un novillero que lleve a las plazas interés para el aficionado. Hoy los novilleros aprenden en las escuelas, se puede decir que dominan la técnica, pero el alma, la personalidad artística, hay muy pocos que la tengan. Son meros alumnos de “academias del arte”.

Decía Courbet (1819-1877), pintor francés, fundador y máximo representante del realismo, en una carta de 1861: “No puedo enseñar mi arte ni el arte de ninguna escuela, ya que niego que tal arte pueda enseñarse; el arte es completamente individual, y el talento de cada artista es el resultado de su propia inspiración”.

No consiste en realizar el toreo igual a otros, el artista se debe dejar llevar por su inspiración, por su entusiasmo. Esta inspiración la constituye la disposición primera e interior de artista que quiere crear belleza.  La producción de una obra de arte estética, tanto en la Tauromaquia como en las demás artes, requiere el concurso armónico de todas las fuerzas intelectuales y sensitivas.

El principio vital que ha de tenerse para llegar a ser Artista en la Tauromaquia, es la fantasía, poder crear el arte. El novillero ha de dejar a un lado el mecanicismo de la instrucción en la escuela y poner al servicio del arte la idealidad, la riqueza y el vigor de la facultad de creación y la fantasía, ahí es donde se revela el genio artístico, primer requisito para dejar la impronta de un arte propio e individual.

La actividad sensitiva del artista ha de dirigirse exclusivamente a crear belleza una vez dominada la bravura del toro, con noble y pura pasión y sereno movimiento, hasta dar con el fruto de su virtud creadora. Si no, se convertirá en un mero funcionario sin interés y sin 'licencia' para exigir nada.

Imagen:
Dos estilos academicistas:
“Ninfas y sátiro”  de William Adolphe Bouguereau, 1.873.
Muletazo 'tecnicista' y sin personalidad artística de Adrian de Torres en Madrid. Foto: Ivan de Andrés.

miércoles, 6 de abril de 2011

Primer éxodo y exilio del Arte en el siglo XXI, la historia se repite


 A lo largo de la historia el Arte ha estado siempre expuesto a peligros. En España, en una de las épocas más convulsas del siglo XX, ya sufrio un asedio pero gracias a la pericia y conciencia de unos cuantos hombres logró llegar a buen recaudo. Apenas comenzado este siglo XXI acaba de sufrir un nuevo golpe teniendo que exiliarse forzosamente de una región española  por la necedad de personas insensibles e incapaces de poder emocionarse ante un Arte único, La Tauromaquia.

A principios de febrero de 1939, en setenta y un camiones precipitadamente cargados por las fuerzas republicanas, salía de España por la frontera francesa lo más granado del patrimonio artístico español, después de un complicado éxodo que comienza tres años antes, en noviembre de 1936, fecha en la que miles de obras de Arte son evacuadas de Madrid a Valencia, más tarde a Barcelona y de allí al norte de Cataluña, escapando de los bombardeos.

Allí viajaban en apretada compañía los velazquez, los goyas y los grecos del Prado, las más importantes obras de la Real Academia de San Fernando, de El Escorial, del Palacio Real, del Palacio de Liria y de tantos otros museos, colecciones e iglesias.

Pues bien, la votación a favor de la ILP antitaurina el 28 de julio de 2010, en la que se prohibía y 'bombardeaba' el Arte de la Tauromaquia en Cataluña, hizo revivir al Arte Español una de las más graves y dramáticas situaciones de su historia, el exilio del arte en la Guerra Civil. En esos momentos el sentir patrio triunfó gracias al sentido común de un gobierno sensible a la importancia de lo que estaba en peligro. Incluso intervino el presidente Manuel Azaña señalando que el patrimonio artístico y cultural español era más importante que cualquier Monarquía o República.

En este nuevo siglo tras un largo asedio, ataques continuos, el riesgo dominical de los aficionados por ejercer un acto de libertad y la incertidumbre final, supusieron para el tesoro artístico de la Tauromaquia en Cataluña la más terrible de las circustancias, su prohibición.

En los últimos años poco a poco fue agonizando, sin embargo se fue manteniendo e incluso dejando hitos claves para la historia reciente del toreo. Si en 1937, en plena contienda, se restauró en el Prado el Jardín de las Delicias de El Bosco, los Grecos de Illescas, o los lienzos de Tristán, el retablo de Yepes...en Barcelona asistimos en pleno bombardeo 'fascista antitaurino' a la vuelta a los ruedos de José Tomás, ( una de las figuras claves de este Arte en los últimos tiempos), el indulto de 'Idílico', tras una faena histórica del madrileño, faenas memorables de El Juli, de Manzanares, el Arte de Morante, etc.

Pero esta vez ganaron las bombas en forma de votos incendiando y haciendo escombros uno de los bienes culturales y artísticos más afianzados en nuestro Patrimonio. Resulta paradójico y penoso a la vez, que haya sido en uno de los lugares que sirvieron de refugio a las miles de obras de arte 'exiliadas' durante la Guerra Civil, y que ahora en esa región española se dediquen a quemar públicamente una faceta artística en todos sus sentidos.

Quizá los mismos estamentos internos de la Fiesta, como ya hicieron las gentes con sensibilidad en los años de la contienda, deberían haber comenzado el exilio de la Tauromaquia en esa zona en peligro y volver a ella con más fuerza una vez retornara la coherencia democrática a Cataluña. Ya que de seguir en este lugar sitiado por ordas antitaurinas e insensibles a cualquier Arte, la Tauromaquia seguiría expuesta a peligros incalculables. Igual que en febrero de 1937 ocurrió con las obras los hechos mismos iban subrayando la necesidad, la oportunidad y la eficacia de la salida de La Fiesta y su Arte hacia territorios donde la honestidad democrática y la libertad sirvieran de asentamiento al Arte de la Tauromaquia. Con una excepción, en aquellos camiones de primeros del siglo XX viajaban miles de obras de arte, ahora viajarían apiñadas todas las ilusiones y esperanzas de personas con sensibilidad para reconocer la estética de una Verónica.

(Permítanme un recordatorio para la integridad moral y ejemplaridad de conducta de quienes lucharon por el Arte de la Tauromaquia en Cataluña con una labor generosa, abnegada e incluso arriesgada para, con su esfuerzo, lograr la definitiva salvación y reintegración en el pueblo catalán de una de las representaciones más ricas y significativas de nuestro patrimonio artístico, la Fiesta de los Toros).

Imagen:

Luminoso del Parlamento de Cataluña donde se ve el resultado de la votación, a favor de prohibir los toros.
Camiones cargando obras del Museo del Prado para salvaguardarlas de los bombardeos en 1936.
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